Su nombre artístico fue "Grant, Cary Grant". Y lo escribo así porque se pensó en él para ser el primer "Bond, James Bond". Pero su edad alejó las posibilidades.
Hace muchísimos años planeé escribir un pequeño libro centrado en los herederos y antecesores de famosos personajes de la historia. Me resultó sorprendente ver como algunos tenían grandes o pequeñas historias de interés, que tristemente fueron aplastadas por las sombras de los citados "monstruos de la Historia". Pensé titularlo "Sotosombras" (esas barbas, tipo Abraham Lincoln, usuales también entre los marinos, y que parecen haber sido desterradas de la cara para sobrevivir y resistir en un pedazo de cuello). Resulta evidente que ya nunca escribiré ese libro. Así que, en lo que pueda, aunque con menos datos, buscaré un hueco en este blog para esa proyecto.
Y dicho esto, empecemos...
Cleopatra Selene II
Monedas con las efigies de Cleopatra Selene II y Juba II
Allá por los años 80, el escritor Terenci Moix triunfó con una novela titulada "No digas que fue un sueño", centrada en la tormentosa relación vivida por el militar y político romano Marco Antonio y Cleopatra (Cleopatra VII, en realidad), ultima reina del Antiguo Egipto. Fue oyéndole en una entrevista cuando me enteré de la existencia de que una hija de la mujer con "la nariz más comentada de la historia"... ¡llegó a ser reina!
¡Me quedé de piedra! ¿Cómo era que con mi fascinación por la historia se me había pasado el destino de esta descendiente, mientras que conocía el de sus hermanos, destacando Cesarión? Me propuse averiguar más sobre esta y otras "sotosombras". Y empecé por Cleopatra Selene II.
Cleopatra Selene II, (o Cleopatra VIII), fue uno de los mellizos frutos de la unión del famoso militar romano y la Señora del Alto Y Bajo Egipto. Su hermano recibió el nombre de Alejandro Helios, y al igual que su hermana y su hermano Ptolomeo Filadelfo, fue llevado con cadenas de oro a Roma para goce del pueblo, volcado en el triunfador Augusto, que en dura lid superó a todos sus adversarios y se convirtió en el primer emperador de Roma y luego en dios, además de darle su nombre al mes preferido de los turistas: agosto. Ya allí, pasó a ser custodiada (junto a sus hermanos) por Octavia, hermana del nuevo César y viuda de su padre, Marco Antonio. Algo que tuvo que resultar muy incómodo, si tenemos en cuenta que esta fue abandonada por su padre al conocer a la famosa reina de Egipto. ¡Todo un panorama! Esto ha hecho creer que el olvido de Alejandro Helios en la historia se debe a una posible ejecución, pero lo más probable fue que muriese pronto por alguna enfermedad, o que incluso acompañase a la protagonista de esta entrada en parte de su cronología, pero sin dejar una sombra lo suficientemente fuerte como para ser recordada.
De hecho, es probable que no supiésemos tampoco nada de Cleopatra Selene II de no ser por su matrimonio con Juba II, de Numidia. Porque salvo lo contado anteriormente, el único otro dato no especulativo es que esta mujer y su hermano recibieron educación en Alejandría hasta que ella cumplió seis años. Dada la gran formación intelectual de su madre (Cleopatra, con sólo catorce años, podía expresarse en siete u ocho lenguas, y era docta en música, historia y ciencias políticas), es más que previsible que quisiera para sus descendientes una educación no inferior. Lo que apoyaría la hipótesis del fuerte papel que su hija desarrolló como reina. ¡Y es que Cleopatra Selene II llegó a ser reina! ¿Cómo? Aquí hemos de detenernos para hablar del citado Juba II.
El reino de Numidia se extendió en tierras de las actuales Argelia y parte de Túnez, y se puede decir que siempre fue un estado títere, dependiendo la suerte de sus reyes de los conflictos de su entorno. Así ocurrió con Juba I, que erró al posicionarse contra César durante la Segunda Guerra Civil de la República de Roma. Tras ser derrotado, se suicidó. Su hijo Juba II, al igual que su futura esposa, fue obligado a desfilar como preso por las calles de Roma. Pero luego recibiría una gran educación, que aprovechó con gusto, "romanizándose" tanto que con sólo 22 años escribió un estudio sobre arqueología romana. Surgía así un hombre cultísimo, creativo y emprendedor. Como veremos, para su desgracia.
Entre el 26 y el 20 a.C Augusto le hizo casarse con nuestra protagonista. Es fácil imaginar que, tras una vida tan "movida", ambos esperarían poco de aquella unión. Pero también es fácil suponer que el resultado pudo ser una grata sorpresa, ya que no sólo estaban unidos por el dominio de Roma, sino también por un amor inmenso a la cultura. Ahora iban a encarar juntos su destino como regentes en Numidia.
Desgraciadamente, el reto fue un trabajo imposible. Los nuevos reyes intentaron en vano realizar reformas en el reino, basadas en ideas excesivamente extrañas para el pueblo. Demasiadas gotas de cultura foránea agotaron las esperanzas que se pudieran haber depositado sobre el hijo del antiguo rey. El pueblo se sublevó y los monarcas tuvieron que huir a Mauritania. El antiguo reino se acabó convirtiendo en una nueva provincia romana, tras ser sofocada la sublevación.
La vida en Mauritania, en cambio, fue totalmente distinta, y tan beneficiosa para ellos como para el pueblo. Cleopatra II Y Juba II fortalecieron la economía del país a través del comercio con todo el Mediterráneo, destacando especialmente los tratos con Hispania e Italia. Gran parte de su éxito se debió al restablecimiento de antiguos productos fenicios (viaje a las "Islas Púrpuras") a la exploraciones de tierras en ese momento apenas exploradas (Montañas del Atlas, Madeira y Canarias) y a la utilización de Tingis (Tánger) como gran centro comercial. Gratamente sorprendido, Augusto nombró a Juba II Duovir honorario (magistrado colonial) de Gades (Cádiz) y Carthago Nova (Cartagena). Una posición que no hubiese logrado de no ser por el apoyo y los conocimientos de su esposa, versada en diversas materias políticas y culturales, que le respaldó igualmente en el desarrollo de investigaciones científicas y naturales, sin olvidar la pasión de ambos por las artes escénicas.
Cleopatra Selene II murió en el año 6 d.C. De su relación con Juba II nacieron tres hijos: Cleopatra Selene (fallecida en el V a.C), Ptolomeo de Mauritania (1 a.C- 40 d.C) y Drusila de Mauritania, nacida en el año 5 d.C. Su mausoleo (erigido para ella y su marido), mezcla de estilos, aún se yergue reflejando la personalidad fuerte, decidida y culta de esta mujer prácticamente desconocida.
-Aquí Gaviota, aquí Gaviota. Veo en el horizonte una raya azul: es la
Tierra. ¡Qué hermosa! Todo marcha espléndidamente.
"Posiblemente
ustedes no pueden imaginar lo hermoso que es. Cualquiera que vea la Tierra
desde el espacio exterior, no puede dejar de ser asaltado por una sensación de
reverencia y amor por este planeta que es nuestro hogar".
Las palabras anteriores fueron pronunciadas
por Valentina Vladimírovna Tereshkova. Valentina nació en un pueblo de la URSS.
llamado Maslennikovo, en el seno de una familia modesta. Perdió a su padre en
la II Guerra Mundial, lo que la obligó a ponerse a trabajar en por lo cual no pisaría la escuela
hasta los 8 años. Aun así, su voluntad por labrarse un futuro mejor la llevó a
estudiar Ingeniería Técnica Industrial y a recibir curso de paracaidismo.
Además, su devoción por el comunismo la hizo meterse en política, llegando a
ser Secretaría local de la Liga de Juventudes Comunistas (Komsomol). Era 1961.
Ese mismo año, ingresa en el Centro de
Entrenamiento para Astronautas. Sus conocimientos paracaidísticos dieron su
fruto: una futura astronauta debía dominar esta materia, ya que las naves
espaciales no disponían de sistema de aterrizaje. Es decir, que debía saber
“caer con estilo”. Y llegó 1962.
Ese año crucial en su vida, fue una de las
cinco seleccionadas entre 400 candidatas. Pero a partir de aquí no lo iba a
tener tan fácil. En realidad, Tereshkova era la menos preparada. Aunque su condición física era impecable, era
una mala estudiante de teoría de cohetes y de ingeniería aeroespacial. Y además
no sabía pilotar. ¿Qué llevo entonces a su elección? Pues que para ese momento
ya era miembro oficial del Partido Comunista. ¡Y uno muy ferviente,
prácticamente fanático! La U.R.S.S. quería una “mujer comunista ideal” allá
arriba, y esa era ella. Al fin y al cabo, para ir en una capsula, no iban a
necesitar a una aviadora experta. Sólo una fiel comunista que manejase a la
perfección un paracaídas.
El 16 de junio de 1963, con sólo 26 años, la
que iba ser la primera mujer en el espacio se metió en la Vostok 6 y fue
lanzada al espacio con el nombre en clave de Chaika (Чайка), que significa “Gaviota”.
Tereshkova dio 48 vueltas al planeta en casi 71 horas. Y ahora sabemos que
fue una tortura. Ya desde antes de partir su elección fue cuestionada, entre
ellos Serguéi Koriolov (uno de los grandes nombres de la astronaútica) que decidió
que nuestra protagonista no tomara los mandos de la nave. Así que la astronauta
fue teledirigida a través de un calvario de errores y problemas: la órbita
establecida se desvió y no fue corregida hasta pasados dos días, lo que podía
suponer no sólo un retraso, sino también la muerte; la comida estaba en tan
malas condiciones que no probó nada hasta su regreso, la inmovilidad le
producía calambres y el casco produjo un fuerte dolor en uno de los hombros… ¡Y
para colmo, un fallo de cálculo hizo que acabara en medio de un lago que tuvo
que atravesar nadando y con la nariz amorata a causa de un golpe! Pese a todo,
tras severo trabajo de maquillaje y con mucho coraje, Valentina fue presentada
poco después ante el pueblo como el gran ejemplo de la mujer soviética.
Ninguna mujer de la U.R.S.S. volvió al espacio. “La Gaviota” continuó con
sus estudios y alcanzó puestos notables en los estamentos políticos. A día de
hoy, aún sueña con ir a Marte, aún al precio de no poder volver.
Ahora, enlaces, fotos y vídeos (¡incluidos algunos con inesperadas canciones canciones, donde se la cita).
Nota: Esta entrada ha sido elaborada sin atenerme a mis ideas políticas o visiones personales sobre el tema.Su fundamento es su importancia en la constante batalla de las mujeres por la reivindicación de su puesto en la historia. Un puesto amenazado una y otra vez por gran variedad de creencias inmorales, ilógicas e inaceptables.
El 4 de marzo de 1877, nació en Kentucky el séptimo hijo de una familia de esclavos. Pese a a apenas haber recibido educación, su curiosidad y creatividad estaban destinadas a mejorar la vida de todos nosotros.
Buscando fortuna, se desplazó hasta Cleveland (Ohio), donde empezó a trabajar en una fábrica de máquinas de coser. Tras algún tiempo, sus ideas contribuyeron a mejorar este tipo de aparatos, consiguiendo vender una patente por 50 dólares.
Más adelante surgiría su segunda idea, que llevaría a una segunda patente. Una idea revolucionaria: La máscara de gas. Este maravilloso logro, hoy indispensable para la seguridad de las tropas y personas que se enfrentan a diario a diversos peligros, obtuvo su mayor apoyo al ser usado durante el rescate de unos hombres atrapados en un túnel en 1916. El éxito fue tal que el ejercito se interesó pronto en el invento, que utilizaron en la Primera Guerra Mundial. Esto llevó a Garret Morgan a fundar su propia compañía. Pero el racismo haría que fracasase pronto, cuando los clientes se enteraron del color de piel del inventor y empresario. Garret aprovechó una crema que había creado para alisar el pelo, e intentó hacerse pasar por un indio de la reserva de Walpole (enlace en inglés), en Canadá. En vano.
Y llega el invento por el que es más famoso: una actualización del semáforo, que anticipaba al actual. Lo inventó en 1923, después de ver un accidente de tráfico en el cual una niña resultó gravemente herida. En aquel entonces, el sistema de alertas era tosco y poco útil. Morgan diseño un sistema eléctrico con dos brazos y palabras iluminadas para prohibir o permitir el paso. Vendió su diseño a "General Electric" por 40.000 dólares, tras haber efectuado una prueba exitosa.
Hoy he estado trabajando en una entrada que tiene como coprotagonista a Woody Allen, y me encontré con el siguiente documental, que merece una entrada aparte.
Sigo de obras en el blog. Así que hoy, un nuevo relleno. Pero con un gran recuerdo. El del día en que Argentina avanzó en su democracia al igualar los derechos de sus habitantes, sin importar su identidad sexual. ¡Felicidades, Argentina! ¡Con retraso, pero con sincera alegría!
Es curioso. Hasta que empecé este blog no me había fijado en cuántas cosas que me gustan me vinculan con mi padre. Siempre he sido consciente de que mi parte más "volandera" está germinada por él. Del mismo modo que mi parte más sensata está ligada a mi madre.
Hace años estuve en psicoterapia. Gracias a ella conseguí reestructurar parte de mi destartalada personalidad. En el proceso, te das cuenta del cúmulo de pequeñas cosas que te han ido formando, de cómo se han ido mezclando con la propia elaboración. El proceso final, te lleva a una "destilación" que te hace mejor. "Más uno mismo". Pero también descubres que siempre se ha de ser consciente de lo "bombardeable" que es nuestra mente para bien o para mal, y de la necesidad del uso de unas herramientas emocionales, a la par que lógicas, que te permitan seguir siendo uno mismo. Uno mismo el que decide. Uno mismo el que asume responsabilidades. Uno mismo para saber distinguir si se camina el sendero propio, o el que otros te han hecho creer que es el tuyo.
Mi padre careció bastante de esa capacidad. Lo cual no quiere decir que los demás hallamos sido mejores. Al fin y al cabo, perderse y encontrarse es una tarea diaria. Pero, lo que sí hizo mi padre, quizás en una búsqueda interior del equilibrio, fue mostrarme durante el camino una panoplia de personajes y momentos que eran referentes. Goya, era uno de ellos. Goya es uno de los mejores reflejos de la naturaleza humana en el arte. Pero no de la naturaleza humana de los "malvados". Es un reflejo de todos y cada uno de los seres humanos de este planeta. Siempre tan capaces de construir una maravilla, como de destruirla luego, en una irradiación de una parte de la misma esencia humana.
Tras esta perorata, unos enlaces sobre el pintor, algunas imágenes, unos vídeos y un artículo de la "Encilopedia Universal Micronet 2010" ( enlaces e imágenes desactivados)
Artículo sobre el autor de la "Enciclopedia Universal Micronet 2010" (enlaces e imágenes desactivados):
Goya y Lucientes, Francisco de (1746-1828)
& La biografìa y la obra de Goya ocupan un lugar excepcional en la Historia del Arte. Su larga vida y su intensa e ininterrumpida actividad pictórica, la diversidad de temas y técnicas -óleos, dibujos y grabados-, la variedad de sus etapas y su especial sensibilidad ante el momento histórico que le tocó vivir, le convierten en una figura única de la pintura y de la Historia. Goya fue testigo de los extraordinarios cambios de la sociedad de su tiempo viviendo la plenitud de la vida del Antiguo Régimen y los inicios de la Edad Contemporánea. Su contacto con intelectuales, como Jovellanos, Iriarte, Meléndez Valdés o Fernández de Moratín, le pusieron en contacto con las ideas de la Ilustración, que también habían prendido en familias de la aristocracia con las que Goya tuvo relación.
Goya, en cuya época se produjo la revolución francesa, fue testigo directo de la Guerra de la Independencia. A diferencia de otros pintores, en cuya obra no se refleja el impacto de los acontecimientos de su tiempo, Goya revela una conexión íntima del arte, la existencia y la Historia. Su transformación intelectual e ideológica, su carácter introvertido, acentuado por la sordera que le provocó una enfermedad sufrida en 1792-93, hicieron de él un artista que expresa las sensaciones y emociones que le produce el mundo que le rodea, creando una obra revolucionaria que cambió radicalmente los fundamentos de la pintura.
Goya renunció a la condición de artista distanciado y aislado para convertirse en un protagonista apasionado. Esta actitud explica la realización de series de grabados de crítica acerada de la sociedad de su tiempo, como Los Caprichos, o de denuncia apasionada de los horrores de la guerra, como Los desastres de la guerra, o de pinturas de un patetismo desgarrado, como La Carga de los mamelucos y Los fusilamientos de la noche del 3 de mayo.
Esta actitud, la desarrolló Goya a través de un amplio panorama de temas y técnicas subordinando los componentes de la pintura al fenómeno de la expresión. Goya fue un pintor que practicó la pintura mural desde su juventud hasta la madurez. En algunas de estas obras, como los frescos de San Antonio de la Florida, Goya rompió decididamente con los principios académicos de la pintura al fresco para imponer una hegemonía del color y de la expresión sobre las contenciones clásicas del dibujo.
Asimismo Goya fue un excelente grabador, el primero de alcance universal de nuestra pintura, comparable a lo que fueron Durero y Rembrandt en los siglos XVI y XVII. También en esta especialidad Goya fue un innovador, y alcanzó un profundo conocimiento de las complejas técnicas del grabado, al que confirió una profunda dimensión artística. Goya, un pintor obsesionado por la expresión y desentendido de las normas académicas, fue un constante experimentador de técnicas y procedimientos que, como el grabado, contribuyeron de forma decisiva al conocimiento y difusión de su arte.
Los primeros datos suyos que conocemos nada hacían suponer lo que llegaría a ser. El 30 de marzo de 1746 nacía en Fuendetodos, un pueblecito desolado cercano a Zaragoza. Su padre, José Goya, era un modesto dorador. Después de estudiar en las Escuelas Pías de Zaragoza, en donde entablaría una amistad con Martín Zapater que duraría toda la vida, pasó a estudiar pintura con José Luzán. El joven Goya tenía catorce años y recibió la formación convencional, dominante en la época, basada en la copia de estampas francesas e italianas. Tras algunos intentos fracasados por lograr una ayuda de la Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid para ir a Italia, en 1771 vio reconocido su talento por primera vez con una mención especial de la Academia de Parma. Ese mismo año recibía el encargo de decorar el fresco la bóveda del coreto de Nuestra Señora del Pilar de Zaragoza que concluyó al año siguiente con una concepción barroca no exenta de sugestiones de Correggio.
En 1773, Goya se casó con Josefa Bayeu hermana de los célebres pintores Ramón y Francisco, cuyo apoyo, especialmente el de este último, fue decisivo para la carrera artística del pintor. Por estos años, Goya inició una importante actividad. Prueba de ello son las pinturas para la Cartuja de Aula Dei de Zaragoza (1774), con temas de la vida de la Virgen e Infancia de Cristo en las que muestra un estilo mucho más atemperado y clásico que el de las pinturas de la decoración del coreto.
A finales de 1774 se trasladó a Madrid reclamado para realizar cartones para la Real Fábrica de Tapices y, al año siguiente entregaba los primeros con temas de caza, realizados bajo la dirección de Francisco Bayeu, en los que Goya se muestra sometido al estilo de su cuñado. Se trata de un período de la pintura de Goya en el que el artista se muestra plegado al gusto oficial y del que es buena muestra el célebre Cristo (Madrid. Museo del Prado) que presentó, el 5 de mayo de 1780 para su recepción como miembro en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.
La realización de cartones para tapices ocupó una parte importante de la actividad de Goya en la corte. Con una temática de un costumbrismo festivo y despreocupado, Goya se muestra adscrito a un espíritu rococó pero con el atisbo de unas soluciones que van introduciendo novedades plásticas en su estilo. El baile a orillas del Manzanares, La cometa, El Quitasol, de 1777, El cacharrero, de 1778, son expresiones de estos primeros ensayos en los que Goya accede a una temática cortesana distanciada de los imperativos del encargo de carácter religioso. Ahora bien, si los cartones le permitieron experimentar y configurar un estilo propio, a Goya cada vez se le hacía más difícil aceptar las imposiciones de este tipo encargos. Aunque Goya evoluciona, como puede apreciarse en composiciones posteriores, como La Vendimia (Madrid, Museo del Prado), de 1786-87, o El Pelele, de 1792, las limitaciones de este tipo de obras, sometidas a un proceso de repetición -propio de una manufactura industrial- y su carácter de cartón de una composición destinada a ser trasladada al soporte textil del tapiz, hastiaba cada vez más al pintor. El último encargo de cartones, que data de 1789, lo concluyó a duras penas en 1792.
Pero la actividad de Goya durante estos años no se limitó exclusivamente a la realización de cartones para la Real Fábrica de tapices. La predicación de San Bernardino (Madrid. San Francisco el Grande), realizado en 1782-1784, en el que el pintor se ha autorretratado a la derecha, muestra un naturalismo expresivo ya ensayado en los cartones para tapices. También la experiencia de Goya se extendió a otros géneros en los que conjugó el tema costumbrista con la vedute, o paisaje de la ciudad, como en La pradera de San Isidro (Madrid. Museo del Prado), obra pintada en 1788 y, que según testimonio del propio pintor a su amigo Zapater, fue realizada directamente "del natural".
Goya fue nombrado pintor del Rey en 1786 y pintor de Cámara el 30 de abril de 1789, nombrado por Mariano Luis de Urquijo. Su papel en la corte pronto le convirtió en uno de los pintores preferidos de la aristocracia para la que realizó numerosos retratos. Uno de los más bellos, en el que se hace patente una identificación personal con los personajes, es el espléndido retrato de Los duques de Osuna con sus hijos (Madrid. Museo del Prado) pintado en 1788, con una sorprendente intensidad humana en los rostros de los retratados y una extraordinaria delicadeza en el empleo del color. Otros retratos, como el de Gaspar Melchor de Jovellanos (Madrid. Museo del Prado), realizado en 1798, muestran asimismo esta identificación entre el pintor y el personaje a través de la captación de la dimensión intelectual y humana del retratado, presente también en otros retratos posteriores, como el de Leandro Fernández de Moratín (Madrid. Real Academia de Bellas Artes de San Fernando), ejecutado un año después.
En otros retratos, como el recogido y sensible de La Condesa de Chinchón (Madrid. Col. de Sueca), de 1800, Goya muestra una exquisita sensibilidad en el tratamiento del color y la sensación íntima y recogida del personaje que contrasta con la intensidad humana de otros retratos, como el de La Tirana (Madrid. Real Academia de Bellas Artes de San Fernando).
La ininterrumpida labor de retratista de Goya y su capacidad para captar la fisonomía del personaje y adentrarse en su interioridad le convirtieron en uno de los grandes maestros del género. Incluso en una modalidad tan conservadora como el retrato regio, Goya introdujo novedades importantes realizando alguna de las obras maestras del arte del retrato de todos los tiempos. En los últimos años del siglo XVIII realizó algunos retratos reales de singular relevancia. Los retratos ecuestres de Carlos IV y María Luisa de Parma, ambos conservados en el Museo del Prado, ponen de manifiesto el rechazo de Goya por el retrato teatral y enfático y su interés por los modelos de Velázquez. El retrato de grupo La familia de Carlos IV (Madrid. Museo del Prado), para el que Goya realizó toda una serie de bocetos, fue ejecutado entre 1800 y 1801 y constituye una de las obras maestras del pintor. Los diferentes miembros de la familia se hallan de pie mirando, excepto uno, al espectador. Además de la profunda caracterización de cada uno de los personajes, Goya ha desarrollado una auténtica lección de autonomía de la pintura en la ejecución de las indumentarias. Con un trazo espontáneo, logrado con unas pinceladas amplias y quebradas, y con el juego de unas veladuras, que crean una intensa abstracción cromática, Goya logra efectos de una plasticidad espontánea e irrepetible. Y, al fondo, a la izquierda, Goya se ha representado en el mismo lugar en que lo hizo Velázquez en Las Meninas, como un homenaje y reconocimiento al pintor de Felipe IV.
La actividad de Goya durante estos años fue intensa. Entre 1800 y 1803 realizó La maja desnuda y La maja vestida, sobre cuya identificación ha corrido la leyenda. Lo que parece cierto es que la vestida servía para ocultar la otra. Sabemos por un inventario que, al menos, en 1803, estaban en posesión de Godoy, lo cual no supone que fueran obras realizadas por encargo suyo. Desde un punto de vista compositivo presentan relación con el retrato de La Marquesa de Santa Cruz (Madrid.Museo del Prado), pintada en 1805, a la que años antes había retratado Goya de niña en el mencionado retrato de Los duques de Osuna con sus hijos.
En estos años Goya experimentó también en técnicas y temas tan diversos como el grabado -Los Caprichos- y la pintura mural -Frescos de la ermita de San Antonio de la Florida-. A principios de 1799 salían a la luz, anunciándose su venta en periódicos madrileños, la serie de Los Caprichos, colección de grabados en la que el pintor acometía una dura crítica a la sociedad de su tiempo ironizando sobre vicios y costumbres y desarrollando una tensión entre realidad y ficción, imaginación y fantasía, junto a un lenguaje expresivo y liberado de los usos académicos. La serie de Los Caprichos, comparada con otras como La Tauromaquia, ponen de manifiesto el empleo de la imagen para transmitir la actitud del pintor, nada indiferente, frente a la realidad social, política e ideológica de su entorno. Y, también, algo definidor de una preocupación de Goya durante muchos años: la liberación de los condicionantes del encargo, la reivindicación de la autonomía de la pintura y de la libertad del pintor y la expresión, sin condicionantes ni cortapisas, de su mundo plástico e ideológico.
Otras series de grabados de Goya realizadas posteriormente, como Los Desastres de la Guerra y Los Proverbios o Disparates fueron, asimismo, expresiones comprometidas con esa misma actitud. La serie de Los Desastres está dedicada a la denuncia de los horrores de la guerra, de la sinrazón de la violencia, como expresión de la angustia y desesperación que producen en un hombre ilustrado y convencido del valor de la razón como medio de cambiar el mundo. De alguna manera se cumplía la premonición que expresa Goya en el letrero que acompaña al capricho número 43: "El sueño de la razón produce monstruos". Monstruos que se representan de una forma explícita en las fantásticas imágenes de la serie de Los Proverbios que realizaría posteriormente. La actividad de Goya como grabador fue impresionante. A ella debe añadirse el importante número de dibujos realizados en la preparación de las diversas series.
La actividad de Goya al filo de 1800 fue decisiva para la renovación de otros géneros como la pintura religiosa. Aunque por razones de su actividad en la corte y de los encargos, Goya no prestó una atención especial a esta temática; puede decirse que fue el creador de las últimas obras maestras de la pintura religiosa española: los frescos de la ermita de San Antonio de la Florida (Madrid), realizados en 1798 y La última comunión de San José de Calasanz (Madrid. Colegio de las Escuelas Pías de San Antón) pintada años después, en 1818.
En la cúpula de la ermita se representa el momento en que San Antonio resucita a un hombre asesinado, que revela el nombre del autor del crimen que había sido imputado al padre del santo. Goya ha fingido una balaustrada con figuras alrededor que se destacan sobre un escenario abierto de paisaje. En estas figuras, como en las de ángeles de los lunetos, de las bóvedas de la nave, de los brazos del crucero, y de las pechinas, Goya rompió definitivamente con el valor del dibujo como fundamento inseparable de la pintura mural. Por el contrario, desarrolló una expresividad desbordada, con una acentuada libertad en el empleo del color y en la factura que fragmenta las superficies y los volúmenes. En este sentido, la libertad en el empleo del color y en la aplicación de la pintura como medios de una expresividad intensa fueron el resultado de una larga experimentación antes de alcanzar su primera concreción definitiva en las pinturas de la guerra.
Goya vivió la Guerra de la Independencia y nos dejó unos testimonios patéticos y sobrecogedores. La temática de la serie de grabados Los Desastres como la de las pinturas de la guerra fueron el fruto de experiencias vividas por el pintor o conocidas por descripciones y relatos pero, en cualquier caso, reales y verificables. Solamente El coloso (Madrid. Museo del Prado), pintado antes de 1812, obedece a una concepción simbólico-alegórica inspirada en un texto literario, la imagen poética de Juan Bautista Arriaza, Profecía de los Pirineos (1808), que anunciaba que un gigante se alzaría contra las tropas de Napoleón en los Pirineos. Las demás pinturas, en cambio, son un clara referencia a acontecimientos reales.
El 24 de febrero de 1814 Goya proponía al Consejo de Regencia la realización de pinturas que ilustrasen el levantamiento del pueblo de Madrid contra las tropas de Napoleón. La propuesta fue aceptada y Goya realizó el encargo sin acudir a recursos enfáticos, teatrales y laudatorios, pero acentuando el valor de los medios expresivos para aumentar el poder conmovedor y dramático de la imagen. En La carga de los mamelucos (Madrid. Museo del Prado) representó el levantamiento del pueblo de Madrid contra el ejército francés. La representación se ofrece como la imagen instantánea de un acontecimiento. Sin embargo, se trata de una composición profundamente pensada y elaborada. El pintor ha representado las tres fases principales de la acción: los soldados napoleónicos reprimiendo el levantamiento, la insurrección de la población contra el ejército francés y los cadáveres en el suelo de los combatientes de uno y otro bando. Todo ello, ambientado en una escenografía urbana resuelta solamente como referencia del lugar del acontecimiento. En la otra pintura, Los fusilamientos del 3 de mayo (Madrid. Museo del Prado), el pintor ha representado igualmente las tres secuencias fundamentales del acontecimiento en un escenario suburbano y en un impresionante nocturno. En primer término se hallan en el suelo los cadáveres de los fusilados mientras que la atención se centra en el grupo de los que están a punto de serlo. Una multitud es conducida al lugar de la masacre, realizada por un pelotón de soldados franceses, compacto y uniforme. Esta disposición se debe a que lo que Goya destaca en esta pintura no es tanto el relato de un acontecimiento concreto como la sinrazón y el horror de la ejecución, de la violencia y de la muerte del inocente.
En las pinturas de la guerra Goya acentuó el empleo de los componentes expresivos para lograr, frente a la primacía de lo descriptivo, la expresión patética del acontecimiento. La factura, lo mismo que el color, oscurecido y sórdido, se aplican para proyectar una actitud vital y un estado de ánimo angustiados. Goya pone de manifiesto la idea moderna de que la obra de arte, para serlo, no requiere de la consecución de los modelos de belleza convencionales. Este planteamiento tuvo su verificación más precisa en la serie de pinturas murales de la Quinta del Sordo, una casa situada cerca del río Manzanares, que el artista había comprado en 1818. Estas pinturas, conocidas como Las pinturas negras, debidas al predominio y autonomía de los colores negros y grises, fueron realizadas en 1820 y actualmente se conservan en el Museo del Prado. Se trata de un conjunto de pinturas que Goya realizó para sí mismo, al margen de cualquier condicionante de encargo, en el que lleva a sus últimas consecuencias la liberación de la forma y la autonomía del color. Pero, además, estas pinturas son el fruto de una imaginación sin límites, fruto de una subjetividad plena que constituye el punto de partida de algunas tendencias la pintura moderna. Unas pinturas en las que se expresa la angustia que asaltaba al pintor y que también ponen de manifiesto los dos autorretratos, realizados en 1815 y conservados en el Museo del Prado y de la Academia de San Fernando. En Las pinturas negras Goya desarrolló un programa cuyo significado todavía no está resuelto. En la sala del primer piso se hallaban las pinturas con las representaciones de Las parcas y La riña, en el que dos hombres con las piernas hundidas en la tierra se baten a garrotazos, El Santo Oficio, Asmodea y El Perro, composición en la que la alusión figurativa ha sido reducida a una referencia mínima. En las pinturas que estuvieron en la sala baja Goya representó, entre otras escenas, La Leocadia, Saturno, Judith y Holofernes , El Aquelarre y La romería de San Isidro. En estas dos últimas, la desintegración de la forma y la expresividad del color fueron llevadas a sus últimas consecuencias para crear una tensión angustiada y desesperada.
En 1824, la situación política creada por la reacción absolutista de Fernando VII le hace solicitar licencia con la excusa de tomar las aguas de Plombiéres. Una vez cruzada la frontera, Goya se dirigió a Burdeos. Durante sus últimos años transcurridos en Francia pintó en 1827 La Lechera de Burdeos (Madrid.Museo del Prado). Poco después, la noche del 15 al 16 de abril de 1828, moría en Burdeos. Las obras finales de Goya, caracterizadas por una expresión que se sobrepone a cualquier condicionante de estilo, ponen de manifiesto la coherencia de una trayectoria que se caracteriza por un incansable afán de experimentar formas nuevas independientes de las fórmulas y normas establecidas.
Galería.
En enero de 2009, el Museo del Prado culmina un proceso de investigación para determinar la fehaciente autoría de la pintura conocida como "El Coloso". Las pesquisas en torno a ese tema llegaron a la conclusión de que el cuadro, a pesar de mantener un "estilo goyesco", no fue pintado por su mano, y sí, previsiblemente, por un estudiante llamado Asensio Juliá.
Temas relacionados.
Arte del Romanticismo.
Neoclasicismo.
Neoclasicismo en España.
Enlaces a Internet.
http://www2.iinet.com/art/artists/artists1.htm: 46 imágenes del artista.
http://museoprado.mcu.es/prado/html/icolecciones.html: Museo del Prado.
http://www.metmuseum.org/:Web Oficial del Metropolitan Museum of Art.
Bibliografía.
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