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miércoles, 30 de septiembre de 2015

Sara Morales y Yeremi Vargas- El tiempo congelado


 No olvidamos.




 Sara Morales




 Sara vivía (y me cuesta usar esta forma del verbo) a un par de calles de mi casa. Nunca hablé con ella. De hecho, igual hoy no la recordaría, de no ser por su desaparición. Pero la misma hizo que se transformase en un recuerdo fijo. Como ha pasado con casi todos los ciudadanos de esta isla. Y de las otras de nuestro archipiélago.
 Ahora, hay un puñado de recuerdos que vienen a mí cada cierto tiempo.
 El primero es ver a Sara, junto a su padre y su hermana pequeña, en un videoclub que teníamos por entonces a un tiro de piedra. ¡A veces me imagino a Sara volviendo a casa y sorprendiéndose por los cambios del barrio! Como el de que ahora el local de videoclub esté ocupado por otro negocio...
 Lo cierto es que de no ser por su hermanita pequeña, quizás no me habría fijado en ellos el día en que coincidimos en el videoclub. Y es que la niña pequeña tenía por entonces esa edad en que se puede ver una película un millón de veces seguidas,sin cansarte y con la misma ilusión. Para sus cerebros, aún en desarrollo, las imágenes de unos dibujos son siempre nuevas. 
 Esa circunstancia fue la que provocó que me fijara en ellos. Mientras Sara y su padre intentaban decidirse por una película en concreto, la pequeña tenía claro la que quería ver. Una que, como supondrán, ya se había sacado. Como es lógico, sus mayores se negaban, y como es igual de lógico, la pequeña insistía con fuerza y una voz estridente. Esa típica de los niños, que te taladran el tímpano, a veces incluso cuando hablan en un tono normal.
 Creo que miré para ellos sonriendo. Y creo que el padre me vio y sonrió a su vez. Aunque no puedo asegurarlo.
 Luego pasó un tiempo y creo que volví a verlos por el mismo local, o quizás sólo a parte de ellos. Luego, recuerdo ver a Sara, con su uniforme de colegio, subir caminando la calle que la separaba de su hogar.
 Y luego llegaron las sombras. Un día me llegó la noticia de que había desaparecido una niña del barrio. Una joven de catorce años. Pronto, la prensa y la televisión nacional se hicieron eco de la ausencia de nuestra vecina. Y la noticia no tardaría en saltar al extranjero...
 El caso de Sara no entraba dentro del grupo de desapariciones explicables. La adolescente no se había llevado nada, ni siquiera una prenda de repuesto. Algo en lo que, en mi opinión, no pensaría un hombre, pero si una mujer, por muy joven que sea. Además, era una muchacha que pasaba casi desapercibida para los adultos. A otras jóvenes de su edad se las puede ver "dando lata" en el barrio. Y a algunas con algunas actitudes y compañías francamente preocupantes. Parecen ubicuas. Pero Sara, no. O al menos, no me consta.
 Su perdida provocó una gran reacción por parte de la sociedad canaria. Solidaridad que cruzó fronteras... Desgraciadamente, en vano hasta el momento. A semana, siguió un mes. A este un año. Al año, un lustro. Y así, el pasado 30 de julio de 2012 se cumplieron 9 años de su desaparición.
 Pese al tiempo pasado, aún veo a menudo una de las muchas fotos de ella que todavía hoy se encuentran en la ciudad. Una de las tantas que, también todos los días, ve su familia. Y entonces recuerdo como, más o menos, describió el efecto del paso de los años el familiar cercano de otro desaparecido: "Cada vez que alguien te hace llegar una posible localización, aunque estés prácticamente segura de que es una cruel mentira, haces todas las averiguaciones posibles. Porque ya sólo deseas una respuesta definitiva. Aunque sea la más horrible. Y mientras, año tras año, vives con el tiempo congelado"
 "El tiempo congelado". No se me ocurre nada más horrible.
 Lo mismo sucede con el caso de Yeremi Vargas.


YEREMI VARGAS



 El pequeño Yeremi desapareció el 10 de marzo de 2007, mientras jugaba en un solar pegado a su casa con sus primos. La desaparición fue tan rápida que casi parecía sobrenatural. Lo que no dejaba otra opción lógica que suponer que había sido secuestrado. El niño necesitaba medicación por problemas respiratorios.
 Los casos de Sara y Yeremi acabaron "hermanados" por la desgracias. Ambas familias unieron dolores, afectos y esfuerzos. Aún lo hacen al día de hoy. Yo, como tantos canarios, participé en algunas de las manifestaciones en demanda de atención sobre el caso. Recuerdo ver a ambas madres, a las dos familias, unidas como si fueran una. Amnas esperanzadas, temerosas... Viendo como el tiempo pasaba. Como dice el fragmento del poema "Oscuridad" de Lord Byron :

 "Llegó el alba y se fue.
 Y llegó de nuevo, sin traer el día."

 Durante todo este tiempo, ambas familias han sufrido diversos traumas por lo ocurrido. Quizás (fuera del ámbito de lo interpersonal), lo más atroz han sido los crueles mensajes de sádicos que hallan placer en crear y romper esperanzas, o simplemente la de las repugnantes personas que durante años han torturado, con sus atroces chanzas, a la familia de Yeremi a través de las redes sociales.
 Mientras tanto, seguimos esperando.

 Nota: Después de meditarlo, he decidido no incluir ninguno de los numerosos vídeos que se hayan en Internet sobre el tema. Ustedes mismos pueden hallarlos sin problemas, y pienso que generarían una atmósfera muy densa y pesada para quienes lean este texto. Empecé esta "entrada" hace muchísimo tiempo, pero las circunstancias me habían impedido terminarla. Originalmente contaba con una gran cantidad de vídeos que cubrían la evolución de los casos con sus múltiples giros. Pero ahora me parece innecesario. Lo único que haré será colocar una serie de enlaces que demuestran que, a día hoy, Sara y Yeremi no han sido olvidados. En ellos podrán hallar también testimonios sonoros y visuales. Aunque los más importante es recordar que la familias sigue luchando, con una fuerza imbatible, que les sorprende incluso a ellos.

 Enlaces sobre Sara:

http://www.marisolayala.com/?p=33489 (Entrevista radiofónica reciente con la madre 2015 de Sara Morales)

http://www.rtve.es/alacarta/videos/cerca-de-ti/cerca-21-09-2015/3294103/ (Entrevista en televisión reciente con la madre de Sara Morales)

http://www.telecinco.es/etiqueta/sara_morales/




 Enlaces sobre Yeremi Vargas:

https://twitter.com/ithaisasuarez  (Twitter de la familia de Yeremi)

https://www.facebook.com/ithaisa.suarezsantana (Facebook de la familia de Yeremi)











lunes, 14 de abril de 2014

"Insulario", de Alonso Quesada / Panorama espiritual de un insulario - HELIOS Y SU VIAJANTE


Alejandro Canetti (Foto aportada por su biznieta Yanitza Canetti)



 Este espectacular judío de Rubens, que se llama Alejandro Canetti, ha dado un salto desde el sombroso lugar que es la biblioteca del Ateneo de Madrid (no fumadores) a este país desnudo, abierto, áspero... Una sandalia griega bajo un pantalón inglés ha cruzado la ciudad por el lado del sol. Alejandro Canetti, comisionista de Helios, va prendido de un rayo que se enmaraña en su melena con una agresividad o complicidad de tanto por ciento. Alejandro Canetti viene a ofrecer el sol; lo trae al modo de un paño de Sabadell que compite con el de Manchester, pero lo trae a la vista, como en la mano, al modo de una flor aromosa, a la manera de una gentil copa de salud encantada. Canetti es el verdadero viajante del sol.
 Su cabeza está compuesta para un halo de sol; la barba se le afirma sobre las mejillas duras, hondas, donde la raíz capilar debe refocilarse como la de un árbol hercúleo; raíz llena de sol, pelos dorados como muestras de rayos de sol, así como esas botellitas chicas de coñac, que anuncian las botellas grandes; todo Canetti está envuelto en cierto prestigio rubio, y él mismo viene a ser como un almanaque anunciador del sol, una muestra de esa enorme y esplendida fabrica donde el sol se construye...
 Pero la primavera atlántica suele guardarse su sol; y ahora hay en el cielo, constantemente, nubes algodonadas, como de algodón acariciado de hollín. Canetti, sin embargo, ha sabido sentir esta pequeña burla celeste y se ha escondido, sonriente también, como otro sol, bajo su melena. En tanto, anuncia el maravilloso producto con un entusiasmo de hombre que está a la puerta y señala con la mano el telón vaporoso. El sol se para a oírlo y ya se le nota, que le da su comisión de diez por ciento en su salud recia y alegre.
 Seguirá su viaje a América, es comisionista del sol hispanoamericano. De Madrid traía un sol, que dejó por mínimo en la fonda; y ahora se recoge el sol indígena para llevarlo al Nuevo Mundo como el mejor sol habido. Y con una graciosa ironía florentina nos ofrece un tomate ebrio de rojo, diciendo: "Es una tableta de sol”. Y una copa de agua de naranjas: "Es una solución de sol".
 Canetti y su sol nos llena de recuerdos brillantes, de momentos luminosos. A ratos, una epilepsia pintoresca y literaria surge en nuestra memoria... "Espectros"... Ibsen. ¡Ah! Oswaldo dice en la escena terrible: «Mamá, dame el sol...” Y vemos aparecer de pronto, por la puerta del foro, a Canetti con una ciruela dorada y húmeda en la mano.
 Otras veces vemos las ciudades insulares secas, sedientas, desesperadas de rocío. Y el sol, cortando peñascos, hirviendo en la lava dormida. Y surge Canetti como un profeta ardoroso, saludando al peñasco saludable...
 ¡Sol! Fuente de poesía y de vida. Cierto. Las azoteas de las casas, a pesar de las nubes, están llenas de comensales de sol. Chicos desnudos, mozas descubiertas. Y el sol, como quien aprueba un presupuesto total sin mirarlo, cerrando de golpe todas las grietas íntimas. Llegará un instante en que este grato amigo del sol se volverá a sus dominios después de imponer la longevidad en la tierra.
 Pero en los paréntesis del sol, en las sombras de su propaganda de sol, nos habla de ese misterio teosófico, que es como otro sol sin rayos, más bien rincón sombrío y deleitoso, donde los refractarios del sol nos podemos ir nutriendo con lentitud de siglos. Si el sol no dilata el caparazón actual vendrá esa infinita convalecencia a la sombra que nos hará verdaderamente eternos...
 Canetti lleva, pues, el sol y el contrasol en su viaje romántico. La cabeza, cubierta con su melena, y el pie desnudo. Sol y sombra. Casi la fiesta nacional embebida de metafísica. El cráneo, cobijado por el bosque de sus cabellos, en donde el pensamiento corre como agua clarísima. Todo el vegetarismo sutil, la helioterapia psíquica. Un maravilloso arte ultravioleta...
 Y en el lugar de su corbata humana, como el hombre que sacrifica su cabeza, heroico por un ideal, un cordón dorado y brillante, que le cercena la nuca como un legítimo rayo de sol Houbigant.

[23-V-1922]


Fotografías tomadas por Venancio Gombau Santos.


 Nota: A la hora de buscar los enlaces necesarios para esta entrada, me encontré con que no existía ninguno del protagonista de esta entrada. ¡Me encontraba ante un reto angustioso! ¡Podía fracasar en hallar un dato fundamental, justo cuando esta sección estaba llegando a su cierre!
 Frustrado, afronté el reto. Y para mi fortuna, un par de fotos antiguas emergieron del siglo pasado en mi rescate. ¡Eso sí, no resolvían el misterio! Me encontré con que existen más datos del fotógrafo que del fotografiado. Me encontré también con que todo apuntaba a algún de relación con uno de nuestros españoles más ilustres: Don Miguel de Unamuno (el cual estuvo también en nuestro archipiélago, si bien sobre todo como preso)... Pero cada senda que se abría conducía a un erial. Hasta que siguiendo la pista de una foto me encontré con la web de una escritora cubana, afincada en Estados Unidos : Yanitzia Cannetti.



Yanitzia Cannetti


 Aunque casi parecía indiscutible la relación entre ambos, sobre todo con leer un poco la bohemia trayectoria de esta familia a través del tiempo, las naciones y las diversas manifestaciones culturales, tenía que asegurarme. También existía un joven cantante con ese apellido y, por otra parte, la rareza del apellido no era garantía de haber acertado con el objetivo de mi búsqueda. Decidí escribir a la citada escritora en busca de ayuda.
 Una vez enviada mi consulta, me dispuse a esperar. Es una vieja costumbre. Y por lo general una costumbre infructuosa, que me obliga a intentar otras cosas. Nadie suele responder. No obstante, entre esperanzado y desosegado, esa noche revisé mi correo antes de acostarme. ¡Alucinado, vi que tenía una respuesta que, entre otras cosas, contenían estas palabras!:



       Hola, Ildefonso,

    Por los datos que me das, sí, se trata de mi bisabuelo. No solo frecuentaba, sino que impartió conferencias en el Ateneo de Madrid por la fecha que mencionas. De origen suizo (Ticino, en el cantón italiano), viajó a España (a Salamanca) y se quedó en España por la gran amistad que entabló con Miguel de Unamuno (viajaron juntos por el mundo) y porque años más tarde se enamoró de una española. Viajó por toda la península, como científico, humanista, catedrático… y un hombre fuera de época. Me cuentan que estableció comunas estilo hippie cuando ese movimiento no existía en ninguna parte del mundo;  también consta que fue el primer naturista de España, promoviendo una cultura sana en un mundo que lo tildaba de loco. Luego viajó a Cuba y no le fue mucho mejor en relación a su mente tan adelantada. La sociedad habanera de la época era mucho más cerrada a los cambios que él proponía en la alimentación y en el estilo de vida. 

     Tengo muchos datos y artículos publicados en España, Cuba y Estados Unidos sobre mi bisabuelo. No sabía, sin embargo, que había estado en Canarias y me alegra saberlo. Por favor, mándame todos los datos que hayas encontrado. Yo aquí te paso fotos de mi bisabuelo y te adjunto una nota pintoresca sobre "este raro personaje" del que me siento tan orgullosa. 

       Un abrazo,
       Yani




  Las fotos a las que se refieren figuran más arriba. En cuanto a la "nota pintoresca", publicada en el extinto diario "El Adelantado", es la siguiente:


    
  ¡Pueden imaginar mi sorpresa! Si me apuran, la respuesta fue casi inmediata. Agradecido, respondí a mi amable "salvadora" facilitándole el texto de Alonso Quesada que hoy no protagoniza, sino que "coprotagoniza" esta entrada. Y a raíz de ello, bisabuelo, biznieta y un servidor se unen a través de una crónica de la isla. ¡Quién sabe si dentro de otros 92 años otro lunático seguirá con esta extraña "cadena cronoviajera"!

 ¡Gracias, Yanitzia!


 Sobre Yanitzia Cannetti



 Yanitzia Cannetti nació en Cuba en 1967, y es un torbellino de conocimientos: fotógrafa, traductora, escritora, políglota, editora y... ¡Y muchas otras cosas más, que hacen que uno crea firmemente que hay genes encantados en su familia! ¡Y encima es guapa y amable! Intentaré volver a hablar sobre ella en cuanto tenga más tiempo y conocimientos. De momento, unos enlaces de esta fascinante mujer que se dedica con especial cariño a la literatura infantil, tanto como escritora como en su faceta de traductora. "El Grinch" habla español gracias a ella.






domingo, 29 de diciembre de 2013

"Insulario", de Alonso Quesada / Panorama espiritual de un insulario.- SIRENAS YANKEES






Yuntas frente al hotel Metropole (1900)- Foto de Jordao Da Luz Perestrello



 En tanto el cronista, menos sutil y menos viajero que Ulises, contemplaba el mar -la barba enterrada entre sus manos- con esa obscura y pesada tristeza del insulario señero; sin sandalias y sin esmeraldas en las correas de ellas, mis bien con unos duros zapatos americanos, mientras así estaba el cronista olvidado y perdido, del otro lado del mar se forjaba una linda historia para sus ojos.
 La isla poco divina, pero con luminoso aire, dormía silenciosa ante el mar casi de un azul mediterráneo. El cronista, con los ojos perdidos en las aguas brillantes, gemía también como el hijo de Laertes, removiendo la turbia pesadumbre de su corazón. Porque era un día solo, uno de esos largos y solitarios días en que todo, tierra y cielo, parece tener quietud de mar infinito. El amable calor de la mañana atlántica le traía un afán indomable de sacudir la ociosidad de la isla, lánguida y amorosa, y correr en pos de un sueño más audaz y magnánimo. La tierra se abriría en la misma raya del horizonte y los hombres diferentes, de distintas lenguas, le mostrarían la delicia turbulenta de las multitudes. Era el mar demasiado espeso y la isla una Ogigia sin reina y sin belleza inmortal. La paz tenía aquella mañana una incomodidad de cojín chalado. Las cosas perfectas, puras, deben tener esta misma estupidez de igualdad.
 No cruzaban barcos; los extranjeros teman la novedad aburrida de siempre y las noticias venían lentas también: noticias políticas, ramplonas; el aire de todas las cosas era como el de esos gabanes largos, estadísticos, que tienen una abertura pequeña por donde asoman las ridículas bocas de los pantalones. Olía el ambiente a cosa vieja, idéntica, a esa molesta cosa del recuerdo invariable, y la barba del cronista, cada vez más hundida en el cuenco de su mano, iba afilándose rencorosamente y llegó a tener agudeza de punzón, una taladrante barba mefistofélica... ¡Oh cómo debió serla ansiedad musculosa y vibrante del viajero griego, en su aromada cárcel...!
 Un carro de provincia, un tranvía de provincia, lejos. Caían en la miel del silencio los ruidos ásperos, apagándose poco a poco... Nada pasaba hoy por la vida aislada. Ciertamente nunca pasó gran cosa. El panorama ha tenido para el insulario una entrevisión humilde, que él fue abriendo de un modo agrio y a veces imaginativo. Pero este día en que el alma se vuelve aroma espeso, los mismos barcos, las mismas cosas vulgares, pasaban la provincia con su historia raída, oficial, a nuestras espaldas. Y de pronto, cuando más barrenaba el silencio, un humo largo y espeso, tres columnas de humo surgen del mar, en el horizonte. Y luego, tres cabezas de chimenea, y más tarde las tres chimeneas gigantes y a lo último un barco obeso y desmesurado...
 Se acercó lentamente. El humo se fue aclarando, con esa alegría del humo que ve tierra; humo despabilado que se levanta de su litera y envuelve a las chimeneas con la gracia de los tules de las viajeras jóvenes...
 El muelle se fue cubriendo de gente y el barco gordo, al avanzar, enarbolaba sus banderitas. Los mástiles saludaban con los pañuelos de sus banderitas. Y cuando ya la acción de los gemelos cesa, comenzóse a ver la cubierta del barco repleta de cabezas con gorras... ¿Qué podían ser?
 Una voz gritó: ¡Los turistas! ¡Los turistas! ¡Ah, verdaderamente sabíamos de este arribo! Sí. Turistas yankees. Una agencia de Nueva York volcaba su edificio sobre un barco. ¿Cómo lo habíamos olvidado? Seiscientos dólares, desde Nueva York a Italia. Un día en Canarias, otro día en las Azores y luego medio día por las provincias ibéricas. Medio día en Madrid, medio día en Barcelona. El mundo en cinematógrafo, pero con la película reflejada hacia fuera. Era el público el que giraba rápidamente ante esa pantalla del mundo impertérrita... ¡Y mañana...! La Puerta de Tierra gaditana enclavada en el Paralelo; el Museo del Prado, sobre las rocas de Cuenca y El Escorial, de Estación en Alcázar... En esta película del recuerdo las cosas se veían así después en el cuadragésimo piso de Wall St. ¿Cómo se podría separar el recuerdo de tantos medios días diferentes?
 En Ávila-dirá una miss- hay una cosa que llaman la Puerta del Sol, donde está un edificio así como el Capitolio... Con una bola que sube y baja cuando hay crisis. Nosotros presenciamos una... ¿Y la Italia...? El Vaticano está rodeado de unas cosas muy bonitas que los catalanes llaman ramblas... Pero no vimos las bombas... Solamente en la Vía Appia había unas cuantas apagadas ya,
 Los turistas traían una espantosa sed panorámica. El primer episodio era esta tierra; obstáculo del largo mar, posada de todas las rutas. En la cubierta del barco apuntaron los kodaks. El sutil estampido cayó sobre el muelle rápido con sonido de resorte de petaca. Y cuando el barco atracó invadieron las escaleras cuarenta y nueve mil años bien conservados...
 El cronista alzó la cabeza y soltó el sostén de la columna de su brazo. Y sus encandilados ojos contemplaron con sorpresa infantil el espectáculo...
 Pasó un americano de barba de magistrado español y una anciana absurda con una ancianidad tudesca de provincia del viejo Núremberg... Y oyó el cronista decir que eran setecientos más los que venían.
 La gente indígena arañaba con los ojos asombrados las figuras de los turistas, que montaban en unos automóviles contratados de antemano por la agencia. Pasaron otras americanas, y entre ellas, unas solteronas galvanizadas, con unos sombreros de sainete. Pero la mujer bonita no aparecía. Este barco no traía la mujer bonita de todos los barcos. Esa mujer bonita que todos hemos visto en nuestros viajes y la cual se recuerda diciendo: "Venia una muchacha, por cierto preciosa. Y no mareaba".
 La agencia debía ser una agencia antigua, como una caja de ahorros de viajeros. Estos turistas habían puesto en su juventud lejana dentro de una hucha en forma de barco un largo deseo de viaje. Una cola de deseos. Allí estaban los deseos hace cincuenta años esperando el turno. ¿Y eran yankees? ¿Pues cómo esa constancia teutona en aguardar...? Parecían, al saltar, un ejército de tenderos retirados del negocio... Allí vendría quizás un jubilado de las máquinas "Singer”. ¿No sería aquél, largo y encorvado como una "Ese" enorme...?
 El barco volcaba toda la vejez de su vientre, para lucir flamante y luminoso, porque era un barco joven, aunque lleno de respetuosa tradición. Era como uno de esos jóvenes españoles que hacen versos de la "raza" y hablan de las viejas palabras de la "raza" y se saben de memoria todas las senectudes de la "raza". El barco tenía a pesar de su novedad, una cultura de mediados del siglo XIX. Esa cultura iba saliendo, pedantemente, para epatar a un pobre ateneo de provincia. Toda la cultura había ya salido y nosotros no podíamos comprender la intención de aquella agencia lejana.
 Y el muelle quedó vado. Y el cronista buscó un camino para sus desorientaciones. Y en el camino topóse con Mr. Johnson, el inglés que le invita con té los sábados y que era el gerente de la compañía consignatario del vapor. Mr. Johnson nos acogió distraído, pero pudo darnos la clave de esta pequeña historia, una clave inglesa, desde luego, pueril, pero cierta.
 Mr. Johnson, ¿ha visto usted a los turistas?
 —No.
 —¡Cómo, si ha pasado usted entre ellos...!
 —¡Ah! Todo ha sido un fracaso. Hemos hecho contrato con la agencia de Nueva York para 700 turistas, y nada.
 —¿Entonces...?
 —Nos engañaron. Pedimos turistas y nos han mandado a los padres de los turistas...

[26-III-1922]


sábado, 21 de diciembre de 2013

"Insulario", de Alonso Quesada / Panorama espiritual de un insulario- HUMORADA PROFILÁCTICA




Cementerio de Las Palmas(1910-1915)-Fotografía de Kurt Hermmann


 Hoy, día gris, día poco español, de influencia británica, ha muerto el portugués del profiláctico. La nueva, así, escuetamente contada, carece de interés nacional. La transmutación de un portugués de la Madeira, ocurrida en un rincón atlántico, es una cosa simple, desapercibida. Mucho más ahora, cuando en el propio Portugal, mueren de golpe unos cuantos ministros portugueses sin que el lomo del mundo se estremezca.
 Pero este portugués finiquitado hoy tiene cierto recuerdo curioso en mi panorama espiritual. Y como pasó por él graciosamente, quiero dedicarle esta breve memoria escrita. Acaso alguno sienta también este recuerdo... ¿No nos detenemos curiosos en los cementerios ante las lápidas vulgares, desconocidas... ¿No leemos atentamente todos los epitafios, todos los nombres de los muertos...?
 La isla cobija buen número de portugueses emigrantes, la mayoría del género galante. Una mujer portuguesa es ultrajada en Lisboa o en Cintra por cualquier Freitas (1) pagano y va a ocultar su deshonor a la Madeira. De la Madeira tórnase a este lugar isleño, en tanto que la violada indígena se refugia en el verde peñón lusitano. Un gentil intercambio que rejuvenece los cutis de las prostitutas. Un portugués de muelle, con manos negras y mucho jeito, se viene a Canarias dentro de un lanchón tiznado y vive de acometer pasaje extranjero con el anzuelo del cambullón. No es, por lo tanto, muy escogida la representación portuguesa.
 Pero el señor Enríquez (2) era un hidalgo, el más hidalgo portugués de la colonia. El señor Enríquez tenía una pera puntiaguda por barba y cierto ademán melodramático. Era casi un portugués de esos que no existen y que la tontería española inventa en son de burla, para justificar sus propias ocurrencias de portugués. El señor Enríquez era el portugués que, según los castellanos, llamó al pecho femenino "restarán do ninhos". Era un portugués tan español que cuanta cosa hizo, fabricó, parló o cedió tenía un legítimo empaque de portuguesada. Hablaba el castellano con una prosopopeya de mayoral leonés y aunque en la ciudad atlántica los indígenas truncan la zeta por una ese suavemente criolla, el señor Enríquez aprendió a pronunciarla con tan firme sonoridad que daba deleite oírlo y placer el provocarlo a una amplia correría por el léxico. Yo no sé por dónde supo el señor Enríquez que don Eduardo Benot decía que el castellano atlántico se hablaba bien, mas se pronunciaba bastante mal. Pero el señor Enríquez repetía esta historia a su mujer, que era insularia, y a los jenízaros de sus hijos. La obsesión de su vida fue la zeta, la labor cotidiana de su vida, una retumbante actitud de teatro...
 Era droguero, un droguero gentil. Un anuncio del señor Enríquez constituía una página de oro, un depurado y transparente romance. Así, llamó una vez a un dentífrico "verdadero paño delante para el blanco charol de los dientes", y al corcho en hojas, “deleite de codos cansinos y cabezal imaginativo".
 El señor Enríquez abría las puertas de su droguería con la voluptuosidad que Sarah Bernarth las puertas del foro en un drama de Hugo. Extendía los brazos hacia el fondo y aguardaba un instante de plasticidad muda. Las esponjas de la puerta se agitaban al viento como campanillas de una enredadera fantástica. Todo esto a las siete de la mañana, cuando la ciudad dormía aún. Después el señor Enríquez exponía sus anuncios entre un ejército de cepillos de dientes... Comenzaba la gente a entrar y el señor Enríquez ponía ejercicio su equilibrio prosódico.
 Pasaban los años en plena fronda lírica. El señor Enríquez se aclimató: salieron los hijos mixturados y toda la droguería llenóse de perfume idiomático. El señor Enríquez exponía su sonrisa de alta comedia ante la clientela y la clientela llegó a necesitar como una droga más el regaliz de aquella prosa ilustre.
 El señor Enríquez iluminó sus anuncios, puso un reloj alumbrado a la puerta de su tienda. No le quedó cosa sonora y brillante que no ocupó en beneficio de sus productos. El reloj tenía el propio empaque del señor Enríquez; era un reloj romántico que al marcar la hora erguía el minutero como una cerviz hidalga... El señor Enríquez regalaba anuncios en verso y despedía a los clientes con una cortesía protocolaria... Olía a jabón de glicerina y a peras de goma; andaba en pantuflas y era como si una zeta escondida se fuera escribiendo en el suelo con un ruido de charolina virgen. Todo el señor Enríquez tenía una línea general de zeta y en el fondo de aquella vida atiborrada de cosas de bazar venía a ser la zeta como la incógnita misteriosa de un ánima complicada. Para el señor Enríquez la zeta era signo de algo oculto detrás de la vida...
 Y así fue que al descubrir su maravilloso profiláctico lo llamó el Profiláctico Zeta y en el escaparate puso una Zeta enorme y luminosa como una constelación recién aparecida...
 Yo no sé si la preocupación patriótica por sus galantes conciudadanas llegó a hurgar en su conciencia, mas nunca comprendí cómo un hombre tan elevado sobre las drogas pudo guiar su curiosidad hacia un invento tan de droguero. Al señor Enríquez metiósele en el casco evitar la avariosis de sus portuguesas, salvando a los isleños de aquellas terribles y verdaderas portuguesadas... Y el profiláctico surgió. Y el día que el escaparate se vistió de frascos salvadores, el señor Enríquez se sintió con una consistencia que el régimen de su país no ha tenido, una convicción ortopédica de braguero americano...
 Aquel día memorable el señor Enríquez colocó su anuncio rey. Las letras luminosas sembraban la calle de claridades positivas:"¡No más avariosis! ¡El profiláctico Zeta ha venido para librar al mundo de tan desmesurado mal! ¡Después del Profiláctico Zeta, el Oswaldo de Ibsen no tendrá razón de ser...!”
 Y a las pocas semanas el señor Enríquez se murió de la ironía de su profiláctico. Una tarde en que sacudía el señor Enríquez las esponjas de su puerta se le atragantó la zeta en la boca, torciéndosele, y el brazo se le paralizó y la pierna hizo un torniquete espeluznante. Los veinte años lejanos del señor Enríquez se le metieron de pronto vengadores en la cabeza y le punzaron la coronilla como agudos alfileres... Se le clavaron en la masa del señor Enríquez y al señor Enríquez se le cerró el ojo...
 ¡Se moría...! El profiláctico incólume se burlaba de su ingenio... Como una vengativa carcoma le fue horadando la médula… Pero aunque la lengua le temblaba como las esponjas de la puerta, el señor Enríquez tuvo fuerzas para morir como un hidalgo sonoro...Los hijos lloraban la trágica burla; en derredor, la esposa lamentaba la vuelta de aquel pasado tan chico y tan escondido y ofrecía su corazón atribulado por el dolor de aquella vida sentimental:"¡Oh, querido Enríquez, tenemos el “corasón” traspasado!”.
 El señor Enríquez forzó el ojo prieto y sacudió la lengua para responder desde la puerta de la eternidad, desde aquella puerta donde ya estaba él teatralmente colocado:
 -¡Oh... corazón... con zeta... querida cónyuge...!
 Y se quedó entonces mudo, inservible, como su profiláctico...
 Yo anoto hoy su recuerdo en mi panorama espiritual con cierta melancolía humorística…

[21-1-1922]

 Notas:
 (1) Desconozco qué personaje es el "Freitas" citado en el texto. Los ciudadanos de renombre de principios de siglo XX, o del siglo XIX que investigado, no parecen tener ningún punto en común con el "tono" con el que este apellido es citado. Agradecería la ayuda de cualquier posible lector.
 (2) Aquí ocurre lo mismo que con el anterior personaje. El único "Enríquez" del cual se habla como persona destacada en la historia de la ciudad es Rafael Enríquez Padrón, pero sin duda no se trata de él. De nuevo, dependo de la ayuda de algún posible lector, versado en la historia de Las Palmas de principios del siglo XX.

lunes, 16 de diciembre de 2013

"Insulario", de Alonso Quesada / Panorama espiritual de un insulario - VENTAJAS DEL BAUTISMO





POBLADO DE LOS TRABAJADORES DE LA FINCA "EL PINO" EN GUINEA (2/2/1931) AUTOR DESCONOCIDO


 Hemos sido invadidos por una muchedumbre de negros vestidos de mariposa. Han llegado en un barco español de las posesiones de la Guinea. No sé por qué sospechamos, al verlos, que estaban todos bautizados con esos residuos que quedan del agua del Jordán. Tenían las negras cierta imperceptible claridad sobre los rostros, como si empezaran a desteñirse: tales esos libros encuadernados en piel oscura cuyo color se va alejando hacia el fondo de la piel por el continuo palpar de las manos... Los negros traían chisteras, bonges, sombreros de paja sobre la cabeza. Y ellas, en los trajes, toda la estridente policromía imaginable. Además, cadenas, joyas apagadas como de vidrios húmedos; impermeables, abanicos. En Fernando Póo llueve y arde a la vez. Las negras se abanican furiosamente con los impermeables puestos...
 De tiempo en tiempo, hay en el puerto estas notas oscuras, como las nubes del Sur. Pero como esta vez, nunca. El tonante brillo de las cabezas rubias y ese rosa de aurora holandés o germánico iluminaban de un modo excesivo el puerto todas las semanas. Ahora, han cruzado las nubes apagando la luz extranjera. Los negros españoles, al dar su nota turbia, nos han vuelto a colocar el olvidado seso en una justa realidad patriótica. Estábamos ya un poco ilusionados. La civilización nos rozaba el espíritu como el agua los labios de Tántalo... Pero estos pequeños y amables negros, compatriotas de color de sotana reciente, han llegado a la isla para avivar la memoria muerta.
 Los negros estaban bautizados. Pudimos comprobarlo después. Era gente incorporada ya a la Iglesia. Aquellos trajes vivos de santos en la Gran Semana, y sobre todo, los labios, esos labios de pila de agua bendita, nos descubrían la teológica labor de unas misiones heroicas. No sé por qué pensamos que el catolicismo emigraba como los gallegos a América y que ya había encontrado una estancia cómoda y productiva. Dentro de aquellos cráneos de pared medianera, cráneos de fuerte o de castillo medieval, no es fácil que se escape ninguna protesta. Ningún refugio más seguro para una creencia abstracta y antigua...
 Los negros bautizados visitaron la catedral y era conmovedor el tripal espectáculo de los canónigos admirando la evolución de la idea... Las negras iluminaban las naves del templo con el raso azul de sus trajes, con el verde moiré de sus blusas. Venían de lo más recóndito y oscuro del mundo probando el poder de los panegíricos. Nosotros no sospechamos hasta dónde podían ser hermanos nuestros aquellos seres de ébano. Y así sentimos de pronto, en lo más profundo de nuestras conciencias, como un instintivo temblor racial, de recursos ancestrales, de amores primitivos... ¡Eran hermanos nuestros que tornaban ricos después de muchos años de ausencia…! Traían dinero a España, y acaso el secreto destino de ser ministros, de abrir salones distinguidos y presidir juntas católicas de señoras... ¡Ah, querido amigo lector: desde los tiempos de Recaredo no ha habido en España un éxito mayor como este de la Guinea!
 Los negros, pasaron... Uno tenía la rizada barba de color claro-respetable maestro de literatura-, una negra era tuerta como la princesa de Éboli y los macacos infantiles que abrían el paso cogidos de la mano, compuestos, bautizados y domesticados, parecían niños blancos de cuota, niños que llevaban encima el trágico karma de ser mañana socialistas de gabardina y ateneo. Hubo un instante en que creímos que todos habían sido mandados a buscar para sacar casta de votos mauristas, para reforzar la conciencia idónea.
 Era una «troupe» numerosa, y al parecer convencida con el bautismo. Pisaban las calles con paso de cédula; como si tuvieran en los bolsillos los recibos del inquilinato o de la contribución. Eran una masa de contribuyentes acondicionados para toda admiración... Alguno creerá mañana que los señores de Díaz de Mendoza son los representantes del teatro español... Tenían conciencia de muchas cosas secretas, parecía como si los hubieran puesto en antecedentes al bautizarlos...
 La ciudad sintió ondular la mancha negra. Vistos en lo alto de una cuesta, cuando empezaban a descender parecían el lomo enorme de un gato negro acariciado por unas manos sutilísimas... Brillaban como alpaca. Las cabezas, francamente rubias de los extranjeros, se apagaban con el duro color africano. Era un color inquisidor, violento, tenía el ardor fanático de un jesuita y caía sobre la dulce suavidad de los colores europeos con el leonino salto de un Savonarola del tinte.
 Sentíase, al verlos, el cosquilleante, deseo de ofrecerles un homenaje, para prepararlos de los que habían de recibir al pisar tierra peninsular. La abnegación de aquel bautismo, la propensión que descubrían de ser lectores del "A B C" impulsaba a rendirles nuestras cortesías, Pero el jefe de la "tropa" era un hombre sabio y lleno de práctica agudeza. Le ofrecimos un canónigo en adobo, dos catequistas a la francesa... El negro, impertérrito, nos oía sin responder... Después de un largo silencio, en que dirigió una mirada de consulta a un fino misionero gualdo que le acompañaba, contestó, cortes, casi como un blanco del Casino de Madrid: Gracias, señor. Yo no quiero banquetes ni homenajes. Vamos a España a buscar una cosa más interesante...
 Y al preguntar, sorprendidos, que cosa buscaba de una patria que tiene tan pocas ya, respondió, gravemente, austeramente: Yo quiero suspender las garantías constitucionales en Fernando Poo.


[15-I-1922]


sábado, 14 de diciembre de 2013

"Insulario", de Alonso Quesada / Panorama espiritual de un insulario EL BAILE DEL PASTOR




FIESTA EN EL CLUB INGLÉS(1896-1900) FOTO DE CHARLES NANSON

 Ante nuestros ojos se abre la puerta del salón. Un cuarteto sencillo ejecuta sus piezas, unas señoritas ríen, unas inglesas medio desnudas, bailan. Unos marinos británicos hacen cortesías. Es una noche agradable. Una de esas noches que tienen el comentario del abogado fiscal sustituto o del delegado de Hacienda. (Estos personajes van juntos por la acera, sienten de pronto una brisa suave y alzando los ojos a la noche exclaman: Está agradable la noche). Pues la noche a que nos referimos es como esta que han encontrado agradable el delegado de Hacienda y el abogado fiscal sustituto...
 El mar es de plata. Una plata ahumada y vieja. Los barcos en la bahía hacen las rayas oscuras del humo sobre el mar. Algún momento se oye la sirena de un barco noruego. En estas noches de plata que tienen el color del lomo de los peces noruegos sólo se oye sonar la sirena escandinava. El lamento se arrastra por las ondas y corre por el camino de la estela invisible que dejó el barco al llegar. El sonido de esta sirena nostálgica se acerca en la noche remota hasta acariciar las playas árticas...
 Es un miércoles inglés. Ahora ya no es inglés el sábado solamente; el miércoles también está libre del trabajo inglés. Estos dos amables días vuelan como dos libres golondrinas sobre todos los cielos ingleses. Aquí, en la ínsula, revolotean nada más porque la Hacienda, el Gobierno Civil y el Banco de España no cierran sus puertas los miércoles. Pero los ingleses sueltan al aire su pedazo de día, y después de saltárselo en el campo con pelotas se bailan tranquilamente la noche.
 Hay un buque de guerra inglés en la bahía, un buque escuela. Barco elegante, sobrio, práctico, armado hasta los dientes. El cañonero español a su lado es la pistola con que don Juan Tenorio mata al comendador.
 Por honor de este barco ingles se celebra un baile. Ese baile donde las señoritas ríen, las inglesas medio desnudas bailan y los marinos hacen cortesías, ese baile que al abrir la puerta del salón han visto nuestros ojos seglares.
 Nos hemos recogido en un rincón. A pesar de la etiqueta, huele a humo de Capstan el salón. Estos ingleses de los barcos de guerra están hechos a base del virginia. Huelen a latas de tabaco sin encetar...


El capitán inglés (1907-1909) Autor desconocido

 Bailan pausadamente, con cierta incólume pedantería de post-guerra. Todos los marinos del mundo no saben otra cosa que bailar. ¿Por qué han de ofrecérseles bailes a todos los marinos que desembarcan en puertos forasteros...? Nunca se les brinda con un concierto, ni con una velada literaria, sino con un baile. Las mujeres de los puertos de mar han bailado ya con todos los marinos del mundo. Cuando uno se casa con una de estas mujeres nota una huella en la cintura donde se ajusta bien la mano. Es la huella de las manos inglesas, francesas, españolas, italianas, rusas... Los marinos han hecho dar muchas vueltas a estas pobres mujeres. La imaginación de estas mujeres ha ido también al compás de sus cinturas...
 En este baile que hoy están viendo nuestros ojos, las mujeres son las mismas y las manos que las sujetan tienen la misma sensibilidad embreada. Nada ofrece en este baile descubrimiento. El marino es del tipo anterior; el silencio de su idioma tiene la prístina asnalidad...
 El baile es grave, austero; baile gris que pide a gritos un rigodón de honor. El tono es de pintor patriótico inglés, de esos pintores que pintaron escenas dramáticas de la guerra de Crimea y le pusieron al pie versos de Tennyson. Pero hay en medio de todo esto una silenciosa nota regocijante. El comodoro baila en serio, los oficiales y los guardias marinos también... Y un señor, al principio desconocido, de pantalón corto con hebillas, más interiormente rasurado que los demás, baila también con mayor alegría. (Hay que hacer una pausa sonriente para decirlo.) Es el pastor del barco; en España diríamos el capellán de a bordo...
 ¿Cómo se llama este pastor? Es rollizo, rosado y de infantiles ojos azules... Nos dice el cónsul que se llama Mr. Butter, míster Manteca traduciríamos. Es blancucho, mantecoso y parece tener una sencilla religión a flor de piel, sin complicaciones y sin salterios. Míster Butter baila; ha aceptado el baile y se lo está ofreciendo a Dios como le ofrecía su habilidad acrobática a la Virgen "le jongleur de Notre Dame"...
 ¡Deliciosa religión -pensamos- en la cual el pastor de las almas baila sin menoscabo de la hostia...! ¡Religión maravillosa, sin estola y sin cíngulo que impida el ejercicio muscular...! Este pastor dirá su misa y continuará platicando con Dios en el tennis.
 En medio del salón del baile, con una mistress cogida del brazo, está implantando la Reforma. ¡Delicioso! El pastor puede amar, coger señoras por la cintura públicamente y luego interpretar la biblia y bautizar con whisky...
 Ha bailado una vez, dos veces, cuanto le vino en gana bailó. En el bar, después, habló de sus viajes con gravedad de evangelista... Todo el mundo lo contemplaba sorprendido. El miraba sonriente...
 Y uno se atrevió... El vocal de la Junta. Siempre hay en las Juntas un vocal mandingo... Se atrevió a preguntarle:
 -Señor, ¿los curas de su país bailan...?
 Mr. Butter calló un instante. Después, alzando el vaso, contestó amablemente:
 -"Salmead a Jehová con harpa y voz de cántico... Aclamad con trompetas y sonidos de bocina delante del rey Jehová..." Salmo 98, versículos 5 y 6... Crea usted querido señor: yo bailo, pero, en el fondo, sólo estoy salmeando a Jehová...

Las Palmas, diciembre. [11-XII-1921]


martes, 12 de noviembre de 2013

Nuevos grafitis en Las Palmas

 ¡Bueno, nuevos nuevos, no! Es que se me borraron las originales y he tenido que sacar nuevas tomas. Entre lo mal fotógrafo que soy, y el deterioro motivado por el tiempo, lo que van a ver es lo que hay. O mejor dicho, lo que hay que yo vea. Lamentablemente, mi salud y la falta de tiempo me impiden encontrar más obras callejeras. Igualmente, quiero pedir disculpas por no poder citar los nombres de los autores cuyas firmas espero haber fotografiado bien. Si alguien puede ayudarme en este sentido, le estaría muy agradecido.














 Actualización del 11 de septiembre de 2015:







 






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