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lunes, 27 de julio de 2015

¡ESTOY LLEGANDO!



 Después de muchísimo tiempo, por fin parece que puedo volver a trabajar en este blog. ¡Así que si nada lo fastidia, pronto volveré a dar la lata!

lunes, 29 de septiembre de 2014

Blog cerrado temporalmente.




 Este blog permanecerá temporalmente cerrado, por enfermedad familiar grave. Espero volver cuando todo cambie y cuente con más tiempo libre.

 Preste Juan.

jueves, 17 de julio de 2014

Sotosombras- Cleopatra Selene II, la hija de la "faraona" más famosa de la historia.


 Hace muchísimos años planeé escribir un pequeño libro centrado en los herederos y antecesores de famosos personajes de la historia. Me resultó sorprendente ver como algunos tenían grandes o pequeñas historias de interés, que tristemente fueron aplastadas por las sombras de los citados "monstruos de la Historia". Pensé titularlo "Sotosombras" (esas barbas, tipo Abraham Lincoln, usuales también entre los marinos, y que parecen haber sido desterradas de la cara para sobrevivir y resistir en un pedazo de cuello). Resulta evidente que ya nunca escribiré ese libro. Así que, en lo que pueda, aunque con menos datos, buscaré un hueco en este blog para esa proyecto.
 Y dicho esto, empecemos...


Cleopatra Selene II


Monedas con las efigies de Cleopatra Selene II y Juba II



 Allá por los años 80, el escritor Terenci Moix triunfó con una novela titulada "No digas que fue un sueño", centrada en la tormentosa relación vivida por el militar y político romano Marco Antonio y Cleopatra (Cleopatra VII, en realidad), ultima reina del Antiguo Egipto. Fue oyéndole en una entrevista cuando me enteré de la existencia de que una hija de la mujer con "la nariz más comentada de la historia"... ¡llegó a ser reina!
 ¡Me quedé de piedra! ¿Cómo era que con mi fascinación por la historia se me había pasado el destino de esta descendiente, mientras que conocía el de sus hermanos, destacando Cesarión? Me propuse averiguar más sobre esta y otras "sotosombras". Y empecé por Cleopatra Selene II.



 Cleopatra Selene II, (o Cleopatra VIII), fue uno de los mellizos frutos de la unión del famoso militar romano y la Señora del Alto Y Bajo Egipto. Su hermano recibió el nombre de Alejandro Helios, y al igual que su hermana y su hermano Ptolomeo Filadelfo, fue llevado con cadenas de oro a Roma para goce del pueblo, volcado en el triunfador Augusto, que en dura lid superó a todos sus adversarios y se convirtió en el primer emperador de Roma y luego en dios, además de darle su nombre al mes preferido de los turistas: agosto. Ya allí, pasó a ser custodiada (junto a sus hermanos) por Octavia, hermana del nuevo César y viuda de su padre, Marco Antonio. Algo que tuvo que resultar muy incómodo, si tenemos en cuenta que esta fue abandonada por su padre al conocer a la famosa reina de Egipto. ¡Todo un panorama! Esto ha hecho creer que el olvido de Alejandro Helios en la historia se debe a una posible ejecución, pero lo más probable fue que muriese pronto por alguna enfermedad, o que incluso acompañase a la protagonista de esta entrada en parte de su cronología, pero sin dejar una sombra lo suficientemente fuerte como para ser recordada.
  De hecho, es probable que no supiésemos tampoco nada de Cleopatra Selene II de no ser por su matrimonio con Juba II, de Numidia. Porque salvo lo contado anteriormente, el único otro dato no especulativo es que esta mujer y su hermano recibieron educación en Alejandría hasta que ella cumplió seis años. Dada la gran formación intelectual de su madre (Cleopatra, con sólo catorce años, podía expresarse en siete u ocho lenguas, y era docta en música, historia y ciencias políticas), es más que previsible que quisiera para sus descendientes una educación no inferior. Lo que apoyaría la hipótesis del fuerte papel que su hija desarrolló como reina. ¡Y es que Cleopatra Selene II llegó a ser reina! ¿Cómo? Aquí hemos de detenernos para hablar del citado Juba II.
 El reino de Numidia se extendió en tierras de las actuales Argelia y parte de Túnez, y se puede decir que siempre fue un estado títere, dependiendo la suerte de sus reyes de los conflictos de su entorno. Así ocurrió con Juba I, que erró al posicionarse contra César durante la Segunda Guerra Civil de la República de Roma. Tras ser derrotado, se suicidó. Su hijo Juba II, al igual que su futura esposa, fue obligado a desfilar como preso por las calles de Roma. Pero luego recibiría una gran educación, que aprovechó con gusto, "romanizándose" tanto que con sólo 22 años escribió un estudio sobre arqueología romana. Surgía así un hombre cultísimo, creativo y emprendedor. Como veremos, para su desgracia.
 Entre el 26 y el 20 a.C Augusto le hizo casarse con nuestra protagonista. Es fácil imaginar que, tras una vida tan "movida", ambos esperarían poco de aquella unión. Pero también es fácil suponer que el resultado pudo ser una grata sorpresa, ya que no sólo estaban unidos por el dominio de Roma, sino también por un amor inmenso a la cultura. Ahora iban a encarar juntos su destino como regentes en Numidia.
 Desgraciadamente, el reto fue un trabajo imposible. Los nuevos reyes intentaron en vano realizar reformas en el reino, basadas en ideas excesivamente extrañas para el pueblo. Demasiadas gotas de cultura foránea agotaron las esperanzas que se pudieran haber depositado sobre el hijo del antiguo rey. El pueblo se sublevó y los monarcas tuvieron que huir a Mauritania. El antiguo reino se acabó convirtiendo en una nueva provincia romana, tras ser sofocada la sublevación.
 La vida en Mauritania, en cambio, fue totalmente distinta, y tan beneficiosa para ellos como para el pueblo. Cleopatra II Y Juba II fortalecieron la economía del país a través del comercio con todo el Mediterráneo, destacando especialmente los tratos con Hispania e Italia. Gran parte de su éxito se debió al restablecimiento de antiguos productos fenicios (viaje a las "Islas Púrpuras") a la exploraciones de tierras en ese momento apenas exploradas (Montañas del Atlas, Madeira y Canarias) y a la utilización de Tingis (Tánger) como gran centro comercial. Gratamente sorprendido, Augusto nombró a Juba II Duovir honorario (magistrado colonial) de Gades (Cádiz) y Carthago Nova (Cartagena). Una posición que no hubiese logrado de no ser por el apoyo y los conocimientos de su esposa, versada en diversas materias políticas y culturales, que le respaldó igualmente en el desarrollo de investigaciones científicas y naturales, sin olvidar la pasión de ambos por las artes escénicas.
 Cleopatra Selene II murió en el año 6 d.C. De su relación con Juba II nacieron tres hijos: Cleopatra Selene (fallecida en el V a.C), Ptolomeo de Mauritania (1 a.C- 40 d.C) y Drusila de Mauritania, nacida en el año  5 d.C.  Su mausoleo (erigido para ella y su marido), mezcla de estilos, aún se yergue reflejando la personalidad fuerte, decidida y culta de esta mujer prácticamente desconocida.





 Enlaces:

http://es.wikipedia.org/wiki/Cleopatra_Selene_II
http://terraeantiqvae.com/profiles/blogs/hallado-un-grupo-escultorico-con-la-imagen-de-cleopatra-selene-ii#.UyXwN_n9iqg


sábado, 12 de julio de 2014

Final de un viaje de 5 años.


 No me lo puedo creer. Después de 5 años (mes arriba, mes abajo) he conseguido terminar de transcribir unos artículos sobre la historia de Las Palmas de Gran Canaria a comienzos del siglo XX, añadiendo fotos y enlaces de la época (aunque no siempre de la fecha exacta, he de reconocerlo). Apenas ha sido visitado, pero creo que era y es importante defender nuestra historia a los embates de nuestro propio carácter autodestructor. Y aquí quedan, para poner mi grano de arena, malo o bueno.
 Llega el fin de esta aventura en un mal momento en mi vida, que me impide trabajar mis vocaciones. Y quizás la coincidencia haya sido una fortuna. Porque me recuerda que, poco a poco, se pueden conseguir las propias metas.
 Algún día revisaré, corregiré y mejoraré las entradas (o eso espero). Mientras tanto, un abrazo al lector ocasional.

lunes, 21 de abril de 2014

"Insulario", de Alonso Quesada / Panorama espiritual de un insulario - CAIDO DEL CIELO




Fotografía de Alejandro Canetti, tomada por Venancio Gombau Santos


 Volvamos a recordar a Alejandro Canetti, ahora que regresamos con él del Teide. Nos ha llevado al volcán para presentarnos al sol en la antesala de su casa.
 Canetti ha montado en España una oficina naturista. Ciertamente, él enseña el naturismo como el latín, con régimen. Nosotros, en cambio, queremos un naturismo sin reglas, independiente y libre. Con este naturismo de Canetti sale malparada la idea. Vida primitiva, no ejercitar la imaginación, comer frutas; carne, jamás: lo cual no es óbice para que el propio catedrático se engulla un bistec sin solearlo.
 A veces no tiene Canetti más que un disco: el disco solar. Yo que soy un hombre magro, he llegado a sentirme achicharrados los huesos con el diálogo de Canetti un día turbio y húmedo. Canetti no me dejaría salir a la calle si fuera gobernador. Yo soy un espectáculo antiheliótico. He pensado, al oírle, en la gran necesidad de crear en España un ministerio de Helioterapia. Canetti sería un gran Cierva de este ministerio.
 Todo el mal de España es porque no aprovecha el sol; se venden más tendidos de sombra. ¿Realmente le importa a Canetti el sol? ¿Y, realmente, el español va con sol? Porque yo tengo una visión de la Península quizá un poco arbitraria. Yo he pasado por Andalucía, por Castilla y por algunas provincias de Levante, y verdaderamente, yo no recuerdo sino hombres en las esquinas tomando el sol. Y como entonces no conocía a Canetti atribuí el mal hispánico a estos baños callejeros que Canetti recomienda como salvadores de raza. Luego, aquello que afirmé de la idea puede ser una cosa cierta.
 Pero como Canetti suele ser ameno, y es, sin duda, un gran compañero de viaje, pues nos fuimos al Teide con él y si no veía al sol veríamos a Marte, que desde aquella altura de dos mil metros atisba un astrónomo inglés.
 Y allí aparecimos un día espléndido, clarísimo. No hemos sentido jamás una emoción de naturaleza más maravillosa. El cono de la terrible montaña se proyectaba sobre un mar infinito, como la sombra de un águila fantástica. Las siete islas brotaban del mar, tímidamente. Eran siete montoncitos pequeños que podría desde aquella altura apuñar nuestra mano. Aparecían como en el escudo de Canarias, claro que sin la cursilería del escudo, pero con una graciosa pequeñez idéntica. Canetti elevó al cielo el humo de sus cabellos de judío. Los pelos voltearon como espigas al viento y...Canetti empezó a desnudarse. Yo le miré estupefacto.
 Y como soy hombre de catarros y corrientes de aire, no puedo contenerme:
 -Alejandro: ¡va usted a coger una pulmonía!
 Rió. Era el sol lo que iba a coger. El silencio de la altura lo hacía estremecer el aire que pasaba cortando, silbando, con un largo quejido de cíclope. El sol ardía en los peñascos de lava. De vez en vez, el ronquido del volcán atravesaba rodando bajo nuestros pies. Cuando volví a mirar a Canetti, Canetti estaba ya en calzoncillos.
 Contemplé el oro de la lejanía. De verdad que era el lugar y el momento para ofrecerse uno desnudo al infinito. Yo, a fuer de hombre poético, sentía también que me desnudaba, pero me desnudaba de la piel y de los huesos. Me quedé un instante desnudo, alegóricamente desnudo, confundido en aquel sano pudor de la tierra ardorosa. Y el sol me entraba en el ánima y el viento fue una cuna impalpable y divina para mi espíritu limpio... La voz del naturista venía a mi oído, como de más lejos: ¿Tiene usted rubor de verme desnudo? Me volví. Canetti era un Cristo resucitado de la entraña del volcán.
 Contesté: Le voy a atar a usted a la inmensa roca, como Prometeo. Está usted casi mitológico. Pero mientras usted toma el sol yo me lleno de literatura. Respondió; ¿A esta distancia se halla usted con ánimo de ayuntar palabras sonoras? ¡Qué quiere usted!-dije-. Me hace falta mucha naturaleza para desproveerme. Ahora tengo ganas de cantar Wagner. Si usted no se riera de mí forjaba el “Nothung” en esta magnífica soledad.
 No cruzaba un alma. Los guías estaban lejos, fumando dentro del apeadero. Canetti avanzó como un aprendiz de Vulcano. Yo continuaba estupefacto. Canetti quería recorrer las veredas desnudo. Había puesto la ropa en la mochila y la mochila se la había sujetado a la espalda. El espectáculo se magnificaba. Llegaron después los guías más asombrados y nos pusimos en camino.
 Pero Canetti conocía ya las veredas de otras ascensiones. Corría por las veredas como un pastor y a veces como un macho cabrío, infladas las narices por la estupenda sensualidad del viento. El sol caía de lleno sobre la montaña. Canetti preguntó de pronto por el astrónomo inglés. ¿Y ese hombre que mira a Marte todas las noches, dónde duerme? Estaba cerca, en un recodo más alto. Allí tenía sus aparatos y la tienda de campaña donde dormía y se engullía sus patrióticos roast-beef. Canetti, a larga distancia nuestra, avanzaba dando voces.
 Y las nubes nos cercaron y Canetti desapareció entre la niebla.
Oímos su voz perdida, casi del otro mundo. No había palabras para gritar la emoción. Las palabras antes de salir se las llevaba el viento; la idea misma se evaporaba dentro, porque los ojos no podían abarcar la grandeza del paisaje. Seguimos avanzando ciegos. Aguzamos el oído. Acaso en esta misma dirección estaba nuestra casa. Hubiéramos taladrado el espacio con nuestro oído, como un prodigioso barreno y no hubiésemos podido nunca alcanzar una palabra de hombre.
 ¡Maravilloso momento de amor infinito! Yo, solo, contemplando el dilatado silencio de las nubes, creí que tenía la eternidad al alcance de mi mano.
 Apretamos el paso. Los guías nos cogieron de la mano. Había que subir con peligro. Y cuando ya escalamos más montones de lava, el sol vuelve a surgir y la montaña brilla húmeda, dorada y azul. El rincón de las Cañadas, donde el astrónomo dialoga con Marte, apareció ante nuestros ojos absortos. Y el astrónomo venía a nuestro encuentro, con una extraña cara emocionada. Era un inglés de mediana edad, blanco de observatorio y con una mirada de telescopio que se clavaba en nuestro rostro con sensación de estilete. Miramos y vimos a Canetti, un poco apartado del inglés, riéndose con la barriga como un gracioso del teatro español, agitando la mochila que le salía del hombro con una magnitud de joroba absurda.
 El inglés, en un tembloroso castellano, nos dijo señalando a Canetti:
 -¿Estaba o no estaba habitado Marte?

[10-VIII-1922]



 Nota: El lector ocasional podrá leer datos sobre Alejandro Canetti al final de la siguiente entrada:

sábado, 19 de abril de 2014

"Insulario", de Alonso Quesada / Panorama espiritual de un insulario - LA EMOCIÓN PORTUGUESA




Óscar Da Silva (enlace en portugués)


 Portugal es buen amigo de las islas atlánticas, Portugal es, además, un gran pueblo. Un pueblo lírico y con una buena intención de seriedad. La emoción ibérica se ha refugiado íntegra en Portugal. Cuando nosotros perdemos la sensibilidad y la vehemencia del alma, Portugal la recoge y se nutre de lírica exaltación. En tanto, la "portuguesada" se adentra en España y halla en ella un insospechado acomodo.
 Un español siempre se ha reído de un portugués. Recordemos ese estúpido cuento del “restaurant do ninhos” (1). Y la verdadera portuguesada ha sido en Portugal no más que una revolución de machos, una colaboración en la guerra de civilización y un mostrar al mundo ese bravo grupo intelectual que tanto lo decora.
 Las islas portuguesas, esas islas vecinas nuestras, son, además, un prodigio de cuidado y de ciudadano amor. Y mientras están llenas de verdura y gracia, las nuestras del Atlántico se aduermen envueltas en aridez y en polvo de arena africana. Un portugués sabe que tiene sus islas y las ama. Un español dirige a Canarias una carta así: "Las Palmas, SantaCruz de Tenerife, Valle de la Orotava". Y este español es, posiblemente, un ministro de la Corona.
 En estos últimos tiempos hemos podido recibir, bien cercana, la emoción portuguesa. Primero, unos aviadores. El avión trazaba sobre el cielo atlántico una línea de temblor infinito. ¡Gran portuguesada esta de extender realmente el ánima sobre el espacio y palpar en un instante, lejos, el extremo del mundo, como si fuera nuestra mano la mano de un dios! El avión parecía todo el pensamiento de una raza viva, que desde la orilla de una playa remota eleva toda su curiosa ansiedad eterna. Eran los mismos navegantes de antaño; llevaban la misma ilusión antigua sobre el mar. El mar parecía cantarles "un himno igual a los himnos de Moisés". El gran poeta lusitano había empujado con su grito la ruta de la nave celeste.
 Hicieron alto en este mar unos días, y nos dejaron por mucho tiempo una vibración consoladora y extraña. Con un poco de imaginación los hacíamos nuestros.
 Más tarde, unos días después, en una fiesta de a bordo se muere un marino portugués: el último de los marineros. Guiaba la falúa del barco, y al subir la escalinata se le para súbitamente la vida. Los marinos se estremecen y la fiesta que no habla empezado se trunca. Desfilan tristes las señoritas vanas, el idiota "bien". Y un español significado, evocando sin duda nuestro ardor tauromático del desastre colonial, acomete al cónsul: "Señor: en una zarzuela española ocurre un caso semejante. Y hay un rey en esa zarzuela que ordena la continuación del baile." El cónsul, diplomático, responde: “Eso es en una zarzuela, señor". Nosotros, bárbaros de condición y oficio hubiéramos respondido con una bofetada épica.
 Y ahora, cuando el mar está sereno y el verano de África nos llena de luminosa paz, vuelve la emoción portuguesa de la mano de un hombre romántico. ¿Pero es que hay aún hombres románticos? El último hombre romántico del mundo será un portugués. Este que viene es un músico silencioso y sutil. Queda nombrado Óscar Da Silva.
 Aparece tímido, con esa bella y acusada figura del Norte portugués: un poco triste, con la tristeza elegante del hombre que recorre el mundo con demasiada emoción en el espíritu. Y al acercarse a nosotros, desconocido y callado, sin espectáculo, ya nos emociona en silencio. Acude a nosotros porque un amigo portugués nos lo envía. Y Óscar nos lleva a una casa y se acerca al piano y nos descubre el asombroso temperamento que oculta su sonrisa. Esta música es como su tarjeta de visita, que nos enseña al preguntarle su nombre.
 Surge de sus manos el hondo mundo musical, con un perfecto prodigio que no podíamos sospechar siquiera. Pero cuando más se hunde la emoción es al arrancar a la entraña de su pueblo dolorido ese acento que es toda el alma portuguesa: la inquietud misteriosa de sus líricos, aquella misma emoción que cruzó con el avión por nuestro cielo. El instante nos eleva y nos desvanece. La preocupación enfermiza de ese fado elástico y gangoso desaparece. Es otra música. Portugal también tenía otra sonoridad diferente en las entrañas.
 Pasa como el último bohemio rezagado, con una tristeza que no hemos podido adivinar. Viene de lejos, de muchos lugares apartados del mundo, en todos los cuales dejó un perro que le escribe cartas románticas. Es el hombre que más perros bonitos tiene en el mundo. Con una gracia delicada y amarga, nos cuenta su éxodo una dama española en Leipzig, los días de aprendizaje con Clara Schuman, en Fráncfort. Todo lo hace Iírico, musical, en la palabra o en la idea. Mira siempre como a un perpetuo ocaso, que tiene ante los ojos, y no pregunta nada crematístico, no sabe que hay dineros por las ciudades: vive el sueño de su propia vida con una belleza y una ingenuidad primitivas. Es el artista puro, íntegro, con el ánima propicia a toda hora. Este artista así tenía que ser también portugués.
 Un español de la calle de Alcalá o que haya sido cruzado caballero de la calle de Alcalá (3), no podría concebir nunca que un músico portugués estuviera dando conciertos en las playas ricas de Nueva York mientras se estrenaba la "Canción del Soldado", en Apolo. Pero Óscar ama a España; hay algo razonable que le atrae en España. Nuestra música "impopular" y nuestras orquestas. Nosotros le hablamos de Barcelona. "Vaya usted a Barcelona. Los catalanes no se ríen de los portugueses. Los catalanes están, atisbando desde lo alto de Montjuich a los portugueses. Crea usted que espían a Portugal para arrancarle el secreto politico."
 Óscar, que no es carbonario, arroja su mirada melancólica sobre un recuerdo imperceptible, recóndito. Luego se estremece por una emoción súbita, rara, y nos abraza como si volviera de un país remoto y hubiera sido nuestro camarada de siempre. Con un dulce acento portugués exclama en castellano:
 -¡Oh, amigo!... Mi amigo cierto...
 Y se vuelve a olvidar de la vida...


Gran Canaria 12-VIII-19221

 Notas (1): Me ha sido imposible encontrar datos de este cuento. Agradecería la ayuda de algún lector ocasional.
        (2): Otro enigma: Los "cruzados caballeros de la calle del Alcalá". Necesitaría ayuda para aclarar este enigma.

"Insulario", de Alonso Quesada / Panorama espiritual de un insulario - EL DIVINO TESORO DE ZAMACOIS



 Otro viajante, otro mensajero nacional. Canetti venía espontáneamente por el sol. Zamacois nos trae una droguería literaria. De todo este último viaje sólo nos ha quedado como recuerdo obsesionante el hongo de Manuel Machado, que parece un braguero envuelto.
 Zamacois ha venido enseñándonos el resto de su gran juventud, esa juventud de Zamacois que siempre parece un cliché de revista española; una juventud que es como una Otero maquillada y misteriosa; esa juventud que pone su pie de Inmaculada sobre el dragón de una vejez tímida y cesante. Cesante, sí. Porque la vejez de Zamacois llega como un cesante, o como la viuda de un cesante, a la antesala de su espíritu y allí aguarda a que Zamacois pueda recibirla. Zamacois tiene demasiados quehaceres; la vejez se va y vuelve. Vuelve todos los días con una constancia de vago madrileño. ¿Cuándo entrará, pues, la vejez en Zamacois?
 Trae un frac nuevo, un frac de juventud, pero de juventud de ahora; dice la misma alegría de un café, cuenta la misma gracia de los antiguos cafés derrumbados. Está como si acabara de llegar de París en cada instante. Trae la misma alegría de un viajero de primera vez, y aunque todas las cosas ya las sabemos por las revistas y por otros viajeros anteriores, Zamacois las descubre con una martingala diferente. Es el viajero de la Venus de Milo, el que ha visto la auténtica Venus de Milo en El Louvre, y aunque todas las Venus de Milo suplementarias son la misma Venus de Milo, él dice: "No se puede uno hacer idea de la Venus de Milo hasta que no la ve en su propio mármol". Esto es juventud, nada más que juventud, un poco recalcitrante, pero amable.
 ¿Es conveniente que Zamacois sea joven tanto tiempo? Sí. Zamacois no podría existir sino joven; en cuanto Zamacois envejezca se perderán muchas cosas agradables de Madrid. Los cafés tendrán menos humos de cigarros; Carrere no hará sus versos de la noche –esta otra noche, joven de Carrere- Rafael Cansinos no citará a sus amigos a las cuatro y media de la mañana en el Colonial; se quebrará la genialidad de Raquel, y la otra juventud de Gómez Carillo se pondrá mareada como un damasco viejo. Desde que el cuero de Zamacois empiece a arrugarse, se perderá en el acto el cliché que tienen en "NuevoMundo" de don Ramiro de Maeztu. Y aunque se busque el cliché por todos los sitios, en los cajones, en las cestas de papel, acaso en los bolsillos de los redactores, el cliché no aparecerá. La juventud de Eduardo Zamacois es lo que sostiene estas cosas viejas que tenemos en nuestras casas y que nunca nos decidimos a tirar. De las cuales decimos: “Sí, sí, esto no sirve; pero cuando nos mudemos a la casa nueva lo arrojaremos a la basura”. Y en tanto que la juventud de Zamacois no busque casa nueva se mantendrán vivas todas estas cosas que laten alrededor de su conciencia juvenil.
 Trajo su juventud intacta. Le hemos conocido de un "tirón”, desde sus más lejanos tiempos hasta ahora. Y las canas que tiene son prematuras, es seguro que lo son, porque él se las deja limpias y las exhibe sin enojo. Él sabe que sus cabellos blancos han venido demasiado pronto, son canas de juventud que llegan para ocupar el sitio de las ancianas y no dejarlas invadir la cabeza eterna. De centinelas de las viejas, las canas nuevas defienden la posición tomada con un ahínco desesperado y teutón. "- ¡Canas viejas -parecen decir, cuando Zamacois se quita el sombrero sueco- canas viejas, quimera! ¡Somos pelos negros audazmente disfrazados de blanco para engañar al innoble y traidor ejército de la vejez capilar...!» De verdad que son como unos espantapájaros de las canas verdaderas. Con estas canas, antemano sembradas ex profeso, de nada servirá la aparición de las legítimas... ¿Cuáles son las legítimas? ¿Cuáles son las falsas? ¡Mil pesetas al que descubra entre todas estas canas falsificadas la íntegra cana...! La cabeza de Zamacois puede ser un escaparate de perlas Kepta.
 Y sin embargo... Esa juventud rezagada tiene un encanto sentimental único. ¡Hay tantas cosas que penden del hilo de esa juventud...! La cómoda creencia de los valores, ese no querer desengañarse uno de las afecciones de ayer... Ese decir: "¿Aquella cosa? Sí. Estaba bien... Quizás ahora...", pero no queremos volver a ella para no desmembrar el recuerdo.
 La juventud de Zamacois es ese recuerdo. Es necesario, pues, que Zamacois sea joven; por lo menos mientras no haya revolución, mientras se repitan los discursos españoles, y se le llame en los periódicos de Madrid el "gran Manolo» a Linares y "Pepe" a Campúa. Y cuando irremediablemente, fatalmente, Zamacois no pueda con el peso de su juventud -porque cuando sea viejo de verdad no será el peso de la vejez el que lo atosigue, sino el peso de su juventud- cuando no pueda ya con el peso de este divino tesoro, preparémonos, heroicos, a la gran revolución espiritual, intelectual... ¿Por qué Pedro Mata escribe novelas gordas todavía...? ¿A qué se debe el desusado éxito de una novela llamada no sé qué de la Troya? A esa juventud del gran simpático Eduardo Zamacois. Esta juventud es una tolerancia inaudita...



[28-V-1922]

Anuncio de "perlas Kepta", citada en el artículo. Obtenido de "Todo Colección"

lunes, 14 de abril de 2014

"Insulario", de Alonso Quesada / Panorama espiritual de un insulario - HELIOS Y SU VIAJANTE


Alejandro Canetti (Foto aportada por su biznieta Yanitza Canetti)



 Este espectacular judío de Rubens, que se llama Alejandro Canetti, ha dado un salto desde el sombroso lugar que es la biblioteca del Ateneo de Madrid (no fumadores) a este país desnudo, abierto, áspero... Una sandalia griega bajo un pantalón inglés ha cruzado la ciudad por el lado del sol. Alejandro Canetti, comisionista de Helios, va prendido de un rayo que se enmaraña en su melena con una agresividad o complicidad de tanto por ciento. Alejandro Canetti viene a ofrecer el sol; lo trae al modo de un paño de Sabadell que compite con el de Manchester, pero lo trae a la vista, como en la mano, al modo de una flor aromosa, a la manera de una gentil copa de salud encantada. Canetti es el verdadero viajante del sol.
 Su cabeza está compuesta para un halo de sol; la barba se le afirma sobre las mejillas duras, hondas, donde la raíz capilar debe refocilarse como la de un árbol hercúleo; raíz llena de sol, pelos dorados como muestras de rayos de sol, así como esas botellitas chicas de coñac, que anuncian las botellas grandes; todo Canetti está envuelto en cierto prestigio rubio, y él mismo viene a ser como un almanaque anunciador del sol, una muestra de esa enorme y esplendida fabrica donde el sol se construye...
 Pero la primavera atlántica suele guardarse su sol; y ahora hay en el cielo, constantemente, nubes algodonadas, como de algodón acariciado de hollín. Canetti, sin embargo, ha sabido sentir esta pequeña burla celeste y se ha escondido, sonriente también, como otro sol, bajo su melena. En tanto, anuncia el maravilloso producto con un entusiasmo de hombre que está a la puerta y señala con la mano el telón vaporoso. El sol se para a oírlo y ya se le nota, que le da su comisión de diez por ciento en su salud recia y alegre.
 Seguirá su viaje a América, es comisionista del sol hispanoamericano. De Madrid traía un sol, que dejó por mínimo en la fonda; y ahora se recoge el sol indígena para llevarlo al Nuevo Mundo como el mejor sol habido. Y con una graciosa ironía florentina nos ofrece un tomate ebrio de rojo, diciendo: "Es una tableta de sol”. Y una copa de agua de naranjas: "Es una solución de sol".
 Canetti y su sol nos llena de recuerdos brillantes, de momentos luminosos. A ratos, una epilepsia pintoresca y literaria surge en nuestra memoria... "Espectros"... Ibsen. ¡Ah! Oswaldo dice en la escena terrible: «Mamá, dame el sol...” Y vemos aparecer de pronto, por la puerta del foro, a Canetti con una ciruela dorada y húmeda en la mano.
 Otras veces vemos las ciudades insulares secas, sedientas, desesperadas de rocío. Y el sol, cortando peñascos, hirviendo en la lava dormida. Y surge Canetti como un profeta ardoroso, saludando al peñasco saludable...
 ¡Sol! Fuente de poesía y de vida. Cierto. Las azoteas de las casas, a pesar de las nubes, están llenas de comensales de sol. Chicos desnudos, mozas descubiertas. Y el sol, como quien aprueba un presupuesto total sin mirarlo, cerrando de golpe todas las grietas íntimas. Llegará un instante en que este grato amigo del sol se volverá a sus dominios después de imponer la longevidad en la tierra.
 Pero en los paréntesis del sol, en las sombras de su propaganda de sol, nos habla de ese misterio teosófico, que es como otro sol sin rayos, más bien rincón sombrío y deleitoso, donde los refractarios del sol nos podemos ir nutriendo con lentitud de siglos. Si el sol no dilata el caparazón actual vendrá esa infinita convalecencia a la sombra que nos hará verdaderamente eternos...
 Canetti lleva, pues, el sol y el contrasol en su viaje romántico. La cabeza, cubierta con su melena, y el pie desnudo. Sol y sombra. Casi la fiesta nacional embebida de metafísica. El cráneo, cobijado por el bosque de sus cabellos, en donde el pensamiento corre como agua clarísima. Todo el vegetarismo sutil, la helioterapia psíquica. Un maravilloso arte ultravioleta...
 Y en el lugar de su corbata humana, como el hombre que sacrifica su cabeza, heroico por un ideal, un cordón dorado y brillante, que le cercena la nuca como un legítimo rayo de sol Houbigant.

[23-V-1922]


Fotografías tomadas por Venancio Gombau Santos.


 Nota: A la hora de buscar los enlaces necesarios para esta entrada, me encontré con que no existía ninguno del protagonista de esta entrada. ¡Me encontraba ante un reto angustioso! ¡Podía fracasar en hallar un dato fundamental, justo cuando esta sección estaba llegando a su cierre!
 Frustrado, afronté el reto. Y para mi fortuna, un par de fotos antiguas emergieron del siglo pasado en mi rescate. ¡Eso sí, no resolvían el misterio! Me encontré con que existen más datos del fotógrafo que del fotografiado. Me encontré también con que todo apuntaba a algún de relación con uno de nuestros españoles más ilustres: Don Miguel de Unamuno (el cual estuvo también en nuestro archipiélago, si bien sobre todo como preso)... Pero cada senda que se abría conducía a un erial. Hasta que siguiendo la pista de una foto me encontré con la web de una escritora cubana, afincada en Estados Unidos : Yanitzia Cannetti.



Yanitzia Cannetti


 Aunque casi parecía indiscutible la relación entre ambos, sobre todo con leer un poco la bohemia trayectoria de esta familia a través del tiempo, las naciones y las diversas manifestaciones culturales, tenía que asegurarme. También existía un joven cantante con ese apellido y, por otra parte, la rareza del apellido no era garantía de haber acertado con el objetivo de mi búsqueda. Decidí escribir a la citada escritora en busca de ayuda.
 Una vez enviada mi consulta, me dispuse a esperar. Es una vieja costumbre. Y por lo general una costumbre infructuosa, que me obliga a intentar otras cosas. Nadie suele responder. No obstante, entre esperanzado y desosegado, esa noche revisé mi correo antes de acostarme. ¡Alucinado, vi que tenía una respuesta que, entre otras cosas, contenían estas palabras!:



       Hola, Ildefonso,

    Por los datos que me das, sí, se trata de mi bisabuelo. No solo frecuentaba, sino que impartió conferencias en el Ateneo de Madrid por la fecha que mencionas. De origen suizo (Ticino, en el cantón italiano), viajó a España (a Salamanca) y se quedó en España por la gran amistad que entabló con Miguel de Unamuno (viajaron juntos por el mundo) y porque años más tarde se enamoró de una española. Viajó por toda la península, como científico, humanista, catedrático… y un hombre fuera de época. Me cuentan que estableció comunas estilo hippie cuando ese movimiento no existía en ninguna parte del mundo;  también consta que fue el primer naturista de España, promoviendo una cultura sana en un mundo que lo tildaba de loco. Luego viajó a Cuba y no le fue mucho mejor en relación a su mente tan adelantada. La sociedad habanera de la época era mucho más cerrada a los cambios que él proponía en la alimentación y en el estilo de vida. 

     Tengo muchos datos y artículos publicados en España, Cuba y Estados Unidos sobre mi bisabuelo. No sabía, sin embargo, que había estado en Canarias y me alegra saberlo. Por favor, mándame todos los datos que hayas encontrado. Yo aquí te paso fotos de mi bisabuelo y te adjunto una nota pintoresca sobre "este raro personaje" del que me siento tan orgullosa. 

       Un abrazo,
       Yani




  Las fotos a las que se refieren figuran más arriba. En cuanto a la "nota pintoresca", publicada en el extinto diario "El Adelantado", es la siguiente:


    
  ¡Pueden imaginar mi sorpresa! Si me apuran, la respuesta fue casi inmediata. Agradecido, respondí a mi amable "salvadora" facilitándole el texto de Alonso Quesada que hoy no protagoniza, sino que "coprotagoniza" esta entrada. Y a raíz de ello, bisabuelo, biznieta y un servidor se unen a través de una crónica de la isla. ¡Quién sabe si dentro de otros 92 años otro lunático seguirá con esta extraña "cadena cronoviajera"!

 ¡Gracias, Yanitzia!


 Sobre Yanitzia Cannetti



 Yanitzia Cannetti nació en Cuba en 1967, y es un torbellino de conocimientos: fotógrafa, traductora, escritora, políglota, editora y... ¡Y muchas otras cosas más, que hacen que uno crea firmemente que hay genes encantados en su familia! ¡Y encima es guapa y amable! Intentaré volver a hablar sobre ella en cuanto tenga más tiempo y conocimientos. De momento, unos enlaces de esta fascinante mujer que se dedica con especial cariño a la literatura infantil, tanto como escritora como en su faceta de traductora. "El Grinch" habla español gracias a ella.






jueves, 27 de marzo de 2014

Valentina Tereshkova - Una gaviota rusa en el espacio.




-Aquí Gaviota, aquí Gaviota. Veo en el horizonte una raya azul: es la Tierra. ¡Qué hermosa! Todo marcha espléndidamente.


"Posiblemente ustedes no pueden imaginar lo hermoso que es. Cualquiera que vea la Tierra desde el espacio exterior, no puede dejar de ser asaltado por una sensación de reverencia y amor por este planeta que es nuestro hogar".






 Las palabras anteriores fueron pronunciadas por Valentina Vladimírovna Tereshkova. Valentina nació en un pueblo de la URSS. llamado Maslennikovo, en el seno de una familia modesta. Perdió a su padre en la II Guerra Mundial, lo que la obligó a ponerse a trabajar en por lo cual no pisaría la escuela hasta los 8 años. Aun así, su voluntad por labrarse un futuro mejor la llevó a estudiar Ingeniería Técnica Industrial y a recibir curso de paracaidismo. Además, su devoción por el comunismo la hizo meterse en política, llegando a ser Secretaría local de la Liga de Juventudes Comunistas (Komsomol). Era 1961.
 Ese mismo año, ingresa en el Centro de Entrenamiento para Astronautas. Sus conocimientos paracaidísticos dieron su fruto: una futura astronauta debía dominar esta materia, ya que las naves espaciales no disponían de sistema de aterrizaje. Es decir, que debía saber “caer con estilo”. Y llegó 1962.
 Ese año crucial en su vida, fue una de las cinco seleccionadas entre 400 candidatas. Pero a partir de aquí no lo iba a tener tan fácil. En realidad, Tereshkova era la menos preparada. Aunque su condición física era impecable, era una mala estudiante de teoría de cohetes y de ingeniería aeroespacial. Y además no sabía pilotar. ¿Qué llevo entonces a su elección? Pues que para ese momento ya era miembro oficial del Partido Comunista. ¡Y uno muy ferviente, prácticamente fanático! La U.R.S.S. quería una “mujer comunista ideal” allá arriba, y esa era ella. Al fin y al cabo, para ir en una capsula, no iban a necesitar a una aviadora experta. Sólo una fiel comunista que manejase a la perfección un paracaídas.
 El 16 de junio de 1963, con sólo 26 años, la que iba ser la primera mujer en el espacio se metió en la Vostok 6 y fue lanzada al espacio con el nombre en clave de Chaika (Чайка), que significa “Gaviota”.
 Tereshkova dio 48 vueltas al planeta en casi 71 horas. Y ahora sabemos que fue una tortura. Ya desde antes de partir su elección fue cuestionada, entre ellos Serguéi Koriolov (uno de los grandes nombres de la astronaútica) que decidió que nuestra protagonista no tomara los mandos de la nave. Así que la astronauta fue teledirigida a través de un calvario de errores y problemas: la órbita establecida se desvió y no fue corregida hasta pasados dos días, lo que podía suponer no sólo un retraso, sino también la muerte; la comida estaba en tan malas condiciones que no probó nada hasta su regreso, la inmovilidad le producía calambres y el casco produjo un fuerte dolor en uno de los hombros… ¡Y para colmo, un fallo de cálculo hizo que acabara en medio de un lago que tuvo que atravesar nadando y con la nariz amorata a causa de un golpe! Pese a todo, tras severo trabajo de maquillaje y con mucho coraje, Valentina fue presentada poco después ante el pueblo como el gran ejemplo de la mujer soviética.
 Ninguna mujer de la U.R.S.S.  volvió al espacio. “La Gaviota” continuó con sus estudios y alcanzó puestos notables en los estamentos políticos. A día de hoy, aún sueña con ir a Marte, aún al precio de no poder volver.


 Ahora, enlaces, fotos y vídeos (¡incluidos algunos con inesperadas canciones canciones, donde se la cita). 



 Enlaces:


 Vídeos:

  Vídeos sobre su gesta:

Valentina Tereshkova, first woman cosmonaut
Subido por ZeroScam

The First Woman in Space - Валентина Терешкова

Subido por PowerRossiya

  
  
  Vídeos con canciones:

Falling Star - Valentina Tereshkova - Kurt Swinghammer - Vostok 6

 
Subido por mjmcnult  / Tema de Kurt Swinghammer (enlace en inglés)

Isabel Parra "Ayúdame, Valentina"

Subido por francosalinas67 / Tema de Isabel Parra

Komputer - Valentina Tereshkova (Probe mix)
Subido por Laurens Lammers / Tema de Komputer (enlace en inglés)




 Nota: Esta entrada ha sido elaborada sin atenerme a mis ideas políticas o visiones personales sobre el tema.Su fundamento es su importancia en la constante batalla de las mujeres por la reivindicación de su puesto en la historia. Un puesto amenazado una y otra vez por gran variedad de creencias inmorales, ilógicas e inaceptables.