viernes, 17 de diciembre de 2010

"Insulario", de Alonso Quesada/ En el solar atlántico-Llega un inglés herido

Foto del primer campo de golf de Canarias (y de España), situado en el llamado "Lomo del Polvo" (en un terreno que ocupan actualmente los barrios de Escaleritas y Schamann, en "Ciudad Alta")

 Ha llegado a la ciudad, con el higiénico fin de reponerse, un inglés herido. Un inglés que era de la colonia, que sirvió en la guerra, y que lo hirieron. Uno de esos amables y descoloridos tenedores de libros que juegan al golf, y que están bastante mal educados. El inglés viene herido y no viene herido. La herida no se le ve; es en un costado. El inglés refiere su momento de herida, pero no es cosa de estar enseñando la cicatriz. Además, un inglés es demasiado ruboroso para estar mostrando sus carnes ocultas a cualquier latino desconocido.
 Este señor inglés trae una herida y un doble sueldo en la casa carbonera donde trabajaba antes. El espíritu de este inglés, bastante ramplón, por cierto, no ha cambiado con la herida. La herida no ha hecho más que dolerle un poquito, pero el espíritu no ha pasado por la guerra, ni ha recibido bala del obús. El espíritu lo dejó depositado en una caja de caudales, antes de irse, para hallarlo al volver en condiciones de emprender de nuevo con él el carbón y su negocio.A la guerra no fue sino el deber del inglés, el deber, y esa caparazón de caucho en forma humana que resguarda su espíritu fabril. El deber que es en estos ingleses de la colonia inseparable, como la pipa. Cumplido su deber, el inglés retorna con su cruz y un poco menos de educación.
 Nosotros le hemos visto sintiendo su herida como si fuera una emoción. Nos ha saludado con cierto desdén patriótico a causa de nuestra inquebrantable neutralidad y nos ha referido cómo lo hirieron los alemanes en la cintura.


Cleo de Merode (citada en el párrafo siguiente)

 Hoy, lo más interesante de la ciudad es este inglés y su herida. Toda la colonia ha desfilado delante de él como ante una bandera. Cada ciudadano o ciudadana británicos ha hecho su correspondiente cortesía a la invisible herida del inglés. Hoy,el inglés, ya no es el distinguido Mr. Morgan, a secas, sino Mr. Morgan el herido. El inglés está orgulloso de su herida, pero la herida, bajo la camisa a cuadros, ha de sonreírse de una manera volteriana. Quizá la herida en sí no es de tanta importancia como el inglés quiere darla. Es muy probable que la herida sea una herida modesta, sin pretensiones, y este inglés quiera hacer con ella una herida hiperbólica. Acaso la herida sea de bayoneta, y el inglés la quiere hacer de obús, acaso no haya sido hecha por ningún alemán, sino por un judío de Whitechapel, quizá no haya herida, sino un rasguño de un gato. La herida de este inglés es tan misteriosa como lo fueron en su tiempo las orejas de Cleo de Merode. Pero en fin, la herida podrá ser una leyenda, mas en la imaginación de la colonia ha llegado a existir realmente. Y constituye a estas fechas como un caso de moral británica.
 Los alemanes de la colonia están disgustados con la herida del inglés, a pesar de habérsela hecho un compatriota. Están disgustados porque ellos no han sido heridos, porque no tienen otra herida mayor. La herida inglesa, detrás de la camisa a cuadros, ha abierto otras heridas, más en el amor propio de estos alemanes. Y, no obstante, los alemanes no creen en la herida del inglés. Para ellos es mayor triunfo que el inglés no esté herido, que no el que lo hayan abierto en canal sus hermanos los boches. Y si existiendo la herida, ellos pudieran borrar toda la huella heroica, el inglés no hubiera podido ser el pequeño Napoleón que él pretende. ¿Cuáles son los heridos verdaderos?
 Pero el inglés ha comprado una lujosa faja para sus herida, y todo el mundo que se la ha visto comprar ha tenido que decir: "Cierta es la herida". Para las viejas inglesas de la colonia, es la herida del inglés como una de esas novelas sentimentales que ellas leen de sobremesa. "Mr. Morgan viene herido", exclaman. "Mr. Morgan es más ilustre que Mr. Byron." Mr. Byron no pudo ser todo lo héroe que el hubiera querido, pero Mr. Morgan demuestra, sobre todo al quitarse la camisa, cuando se va a acostar, que es un valiente, que cumplió con su deber, y que al mismo tiempo que se recibe carbón, se puede ser heroico cadete del mismo.
 Cuando Mr. Morgan se muera y lo entierren en el amable cementerio protestante de la ciudad, su herida será colocada sobre el ataúd, juntamente con el pabellón royal y la tradicional corona de flores frescas...

 Abril de 1919 [12-V-1919]

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