lunes, 5 de octubre de 2009

"Insulario", de Alonso Quesada/En el solar atlántico-Los naúfragos o la indiferencia


Alonso Quesada, por Francisco González Padrón (1900-1910)

 Como ya al puerto no llegan los sudamericanos o los ingleses para hacer esto que llaman turismo en los casinos provincianos, el puerto está solo. Pero esta soledad no podía ser duradera. Y para consolar al puerto de su abandono nos traen cada quince días, los veleros que van a la costa de Marruecos, unos cuantos náufrago latinos. Los náufragos, medio tullidos, después de navegar en un bote muchas horas, llegan y se hospedan en un hotel que parece hecho para náufragos y que está cerca del muelle, a esperar, primero, la interviú del periodista y después el "Reina Victoria"(el enlace dirige a un blog con información sobre este navío, entre otros), un cascarón de nuez de la Compañía Transmediterránea, que los traslada a la Península española... Este arribo de náufragos, tan frecuente ya, nos ha encallecido el alma y los vemos llegar resignados e indiferentes. Todos dicen las mismas cosas; todos hablan de un idéntico submarino. Van cayendo, como en una epidemia, náufragos y náufragos, con los mismos síntomas, el mismo dolor y un igual resultado. A veces son griegos que nadie entiende, otras noruegos que se comprenden menos, muchos italianos y franceses. Ingleses casi nunca. Si el inglés cae al mar se levanta por sus propias fuerzas y echa a andar a pie, sin conmoverse, camino de Inglaterra.
 El submarino está siempre en acecho, como un tigre. No podrá escaparse un barco. El asesinato se comete ya con reposo, fríamente; los marineros aguardan su turno en el ataque, también sin odio y sin rencor. Cuando se habla con ellos después de un naufragio no se les nota la ira, no se les presiente el dolor. Cuentan el episodio que es único en todos los naufragios, con naturalidad, con fruición acaso. Diríase que anhelan la destrucción, el hundimiento de la nave querida. El mar está solo ahora y es un aburrimiento navegar sin los demás barcos amigos. ¡Acabar de una vez! Sobre los mares flota un silencio de hastío enorme. Cuando los hombres heridos, después del torpedeamiento echan pie a tierra, parece que muy calladamente exclaman sus almas:- "Gracias a Dios; ya era hora que nos tocara a nosotros."- Es lo que les faltaba para no navegar más, lo necesario para justificar la decisión de no embarcarse nunca.



"Reina Victoria"

 Hace unos días llegaron nuevos náufragos. Por la ciudad novelera y chismosa, se repitió la voz:-"Al puerto han llegado marinos de un barco torpedeado"."¿Dónde lo han torpedeado?"-"Ahí cerca; los trae 'La Lucia.'"-En una rebotica insisten:"Nos vamos a morir de hambre." Es la palabra de siempre. "Nos vamos a morir de hambre." Más no se mueren por no cambiar de postura. Habéis de saber que el meollo de estos ciudadanos va lentamente razonando. Tardan muchos días en acabar la idea. Por eso, de un torpedeamiento a otro no pueden hacer más que finalizar la frase empezada.
 Los náufragos desembarcan. Y nosotros seguimos diciendo: "Nos vamos a morir de hambre." Pero no nos morimos. Esto de morir así es una cosa demasiado distinguida para merecerla exportadores y leguleyos.
 Por las calles de la ínsula andamos como antes de la guerra. Con menos dinero algunos, pero todos con el mismo ideal patriótico. En los primeros días de náufragos, como era cosa desconocida y algo trágica, la gente tembló un poquito ante lo nuevo del espectáculo. Pero ahora ya es igual todo. "Nos vamos a morir de hambre." Y los barcos se alejan del puerto y nosotros seguimos viviendo, sin embargo. La vida en la ínsula está protegida por la estupidez, madre de todas las conformidades.
 Un náufrago es hoy, para nosotros, el mejor, el único de los turistas... Los periódicos relatan el naufragio; la gente, toda la gente, se entera satisfecha del accidentado viaje. Un turista de antes de la guerra no tenía tanto interés. El llegaba, se escondía en un hotel británico rodeado de jardines. Paseaba seis semanas bajo los árboles frente al mar y después, cuando se le acababa la licencia, se volvía al barco y a su tierra. Nadie sabía del viaje de este turista.
 El turista náufrago, en cambio, lo dice todo y todos lo ven. Es, pues, más entretenido para la gente que se aburre con la Banda municipal y los conciertos vocales e instrumentales. Pero hasta este turista está también resultando un poco aburrido. Es ya el número trescientos y sus noticias se parecen a las del número uno: "Navegábamos a tal altura, un submarino nos dio en lo alto, desembarcamos en los botes y vimos que el submarino disparaba y el barco se hundía. Luego, después de tres días sin comer, divisamos este velero que nos recogió a su bordo, y ya estamos salvos."- El periodista pregunta entonces:- "¿Quieren ustedes volver a su tierra?" -"¡Oh, sí, la tierra querida, donde hemos de volver a ver a los desagradables paisanos!". Y se repite el eterno gesto de emoción vulgar, el gesto nostálgico, el recuerdo de todos los hombres que tienen los ojos pequeñitos y el alma envuelta en esas frases de una mayoría cursi, que aun insiste en eso de la cuna y del sagrado rincón para morir. ¡Todos quieren volver a sus patrias, y han sido marineros!
 El lector, el espectador de esto naufragios, se va emocionando menos cada día. Es posible que ya no le emocione nada. Un náufrago es una cosa natural. Mañana, cuando no vengan náufragos, sino turistas de verdad que traigan el dinero, exclamará, sin duda, la gente defraudada: "¡No vienen náufragos, caray; nos vamos a morir de rabia!"
 Esta alma insular tostada de tanto sol y dura de tanto aislamiento árido, echará de menos, con dolor, un día, estos náufragos agradables, que nos han venido amenizando nuestra fría indiferencia cuatro años seguidos.

Gran Canaria [3-VIII-1918]

2 comentarios:

POLIDORI dijo...

Supongo que en aquella época también se escribiría mal, pero que bien escrito que esta esto.





John W.

Preste Juan dijo...

¡Hombre, ejemplos de mala escritura los ha habido y habrá siempre!¡Para muestra, como escribo yo!¡Pero los artículos de D. Alonso Quesada, son un lujo,efectivamente.
Muchas gracias por tu visita.