domingo, 6 de octubre de 2013

"Insulario", de Alonso Quesada / Panorama espiritual de un insulario-UNA PEQUEÑA EMOCION



 Ciertamente, yo no sé nunca casi nada de mi Patria. Tengo una vaga idea del dos de mayo y hasta me parece haber visto en Sevilla una estatua a la Inmaculada. Pero de la política de la patria ignoro hasta el número de ministros. Cierto. No es una postura esta declaración.
 Comprenderéis entonces por qué ahora me he quedado estupefacto ante este mar tan serio al saber cómo en España hay un ministerio del Trabajo.
 Trabajo: Ejercicio u ocupación en alguna obra; labor, fatiga, sudor, cansancio. Se dice "trabajar como un negro"; "he trabajado mucho toda la vida". "Trabaja y persevera". De un libro sagrado viene otra palabra: "Ganarás el pan con el sudor de tu frente".
 Ministerio de Trabajo: Se supone que hay un trabajo que necesita nada menos que un ministerio. ¿Qué misión puede ser en España la de un ministerio del Trabajo?
 España: Lugar de señores alegres, que toman el sol en unas innumerables calles entre las provincias. Ningún sudor, muy pocas frentes. Los hombres se pasan la vida en unos cafés obscuros discutiendo con palabras brillantes. ¿Para qué entonces ministerio del Trabajo? ¿No fuera más equitativo llamarlo ministerio del café colonial o ministerio de Recoletos...?
 Comprenderéis que el enterarme yo de la existencia de este singular ministerio ha sido por algún expresivo caso. Cierto. Porque don Leopoldo Matos, señor de Canarias, ha sido premiado con ese ministerio tan gracioso.
 La patria, me han dicho, ha hecho una crisis enorme. Ha juntado todas. las diarias crisis ministeriales desde el 98 y ha decidido, por fin, unificar las crisis en una tan grande que permita atenderla de una vez. Para esta romana labor, para esta elocuente labor se ha elegido, parece, a un señor llamado Maura, personaje desterrado de todas las crisis pequeñas, magno alañador de todos los platos rotos nacionales. Este personaje suele alañar las roturas con importantes alambres. España entera está alañada por este perseverante alañador. Es el ministro especialista de los graves dolores, la lengua de fuego sobre las desorientadas testas. Alaña y después se va, siempre doloridas las manos y dejando en relieve el burdo alañado.
 Yo he sabido estas menguadas noticias por los diminutos diarios de la localidad; estos pequeños diarios que contribuyen a formar el orgullo de la patria, la gracia de su historia.
 Yo me he quedado sorprendido. Estoy como un cuco personaje de Maeterlink ante la muerte de una princesa; hago un Hamlet rudimentario por las vías atlánticas y me paso la mano por la frente como un caballero de hinchada magnificencia romántica. ¿Un ministerio de Trabajo en un lugar de ocio grato, y un señor de Canarias gerente de ese ministerio?
 Yo sé que el señor Matos es, una persona excelente. Muy cierto. Ha sido gobernador de Barcelona. Pero todo el mundo ha sido ya gobernador de Barcelona. Así como en los Estados Unidos cada ciudadano es una posibilidad de presidente de la república, en España todo español ha sido ya gobernador de Barcelona. Y aunque no haya desempeñado el cargo de modo efectivo, lo desempeña de una manera ideal y tiene su nombramiento escondido como tiene su drama y su soneto. ¿Quién dijo que todo español había escrito un drama? Todo español tiene su drama escrito en un cajón de la mesa de noche y su gobierno de Barcelona escondido.
 Volvamos a la crisis. El señor Maura para esta crisis ha pedido dioses. Ha debido conformarse con unos pequeños héroes. La política española está dividida en 365 sectas. El señor Matos pertenece la secta más enfermiza, antaño datista, sanchezguerrista hogaño. Y el señor Matos, con el mérito de su herida de gobernador de Barcelona, se presenta a desempeñar el ministerio de Trabajo, el más complicado y difícil ministerio español. .
 El señor Matos es un hombre robusto, joven, simpático y abogado. Es inevitable. Todo español también es abogado. El señor Matos debe decir esa gris frase española:" ¿Qué se le ofrece al querido amigo?" Esa frase es la invisible escala para alcanzar una modesta gloria española.
 El señor Matos no ha pronunciado discursos altisonantes como el señor Alcalá Zamora, ni todavía ha sido tan bienhechor de su país como el señor León y Castillo, ya finiquitado. Pero es un hombre alto, tiene una voz fuerte y un pensamiento silencioso, un pensamiento de mayoría, bastante útil. Es lo que vulgarmente decimos en un casino: un hombre que vale.
 Pues, porque es un hombre que vale, el señor SánchezGuerra le ha conferido la alta investidura. En otros tiempos el señor Matos hubiera sido ministro de Marina, como lo fue el señor Alvarado y Saz, otro isleño de tierra adentro. Hoy no le es posible al señor Matos tocar la Marina. Pero por su constancia y su sesudez ha sido ministro del Trabajo. Este ministerio, en España, es un símbolo. El señor Matos podía poner a su cartera una coleta sutil: ministerio del Trabajo perdido...
 Yo hago estos pequeños comentarios sin mayor emoción; simplemente. La cosa realmente no tiene importancia tratándose de un inexperto comentador como yo lo he sido. Pero he deseado poner un corolario leve, porque en la tierra del señor Matos han repicado las campanas de la catedral, se ha iluminado el Ayuntamiento y ha habido música en la Plaza Mayor por la egregia elevación ministerial del señor Matos.


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