jueves, 1 de noviembre de 2012

Democracia de papel y votos de agua




A mi juicio, partimos de dos conceptos erróneos: uno es que la única forma de impedir una dictadura es mediante la democracia. El otro, es que la única forma de solucionar los problemas de la organización corrupta u obsoleta, es destruirla.
 Terminada la dictadura franquista, parecía evidente que la única forma de impedir una toma del poder por parte de los militares era el ejercicio de la democracia mediante el voto. Sobre todo después del fallido golpe de estado del “23 –F”. Y era verdad. Mientras un ejército basado en la ideología del antiguo régimen era reformado, hasta convertirse en el garante de la Constitución que es hoy (salvo pintorescas y esperpénticas declaraciones, que sin duda deben ser “anotadas”) la población se concienció que sin su voto “el monstruo de los 40 años” podría retornar.
 Pues bien, el tiempo ha pasado. Las tropas que nos defienden han ido incluso al frente siguiendo una orden gubernamental rechazada por el pueblo en más de un 80 %. En ese momento, a nadie se le ocurrió pensar que, apoyándose en la masiva voluntad popular, las fuerzas armadas pudieran aprovechar la ocasión para usurpar el poder. Al revés, muchos entregaron su vida con una obediencia, si se me permite, “más allá del deber constitucional”, en vista del escaso apoyo de la población hacia dicha misión bélica. Una misión que no hubiera tenido los votos suficientes si el pueblo hubiera sido consultado mediante referéndum.
  Con la entrada la “OTAN” y la inclusión en la “CEE”, se hacía ya difícil imaginar un contexto en el que el ejército pudiera dar un golpe. La democracia estaba asentada. Y ahí metimos la pata. Nos olvidamos de que la democracia es una responsabilidad conjunta, no un beneplácito que se le da a los partidos para que hagan lo que quieran. Y hemos aceptado que estos no aten las manos. Los partidos políticos se han creado una democracia la carta, “enferma” a propósito. Y no tienen ninguna intención de “rehabilitar al paciente”. Algunas de las dolencias crónicas del paciente son las siguientes:

 -Es imposible que una iniciativa popular, sin el apoyo de las esferas políticas, salga adelante. Cuando en otros países basta con 50000 firmas para llevar adelante una proposición popular, en España hacen falta 500000 firmas. Y aún saliendo adelante, la decisión no es vinculante, al revés que en otras naciones. Es decir, “la soberanía popular reside en el pueblo”, pero al final este es “imbécil” y no sabe lo que le conviene, por lo cual hay que “guiarle”.
 -Durante años nos hemos quejado de que las listas electorales sean cerradas. Cuando parece una idea lógica: si yo elijo al representante de mi zona, éste se va a preocupar seriamente de hacerlo lo mejor posible si quieres seguir en el cargo y presentarse a nuevas elecciones. O incluso si quiere mejorar su posición. Pero no, todo nos vienen en un paquete cerrado. Sé que hay quienes defienden este modelo. Pero personalmente, no acabó de verle el lado bueno. Al igual que ocurre en otros países, donde al parecer no han caído en las maravillas del “paquete cerrado”.
 -Otro fallo de nuestro sistema, es la no limitación de las legislaturas. La historia ha demostrado que un presidente que está más de dos legislaturas, es un error. El miasma de corruptelas que se genera alrededor del "Gran Hermano" no sólo corrompe la democracia, sino que inhabilita al partido una vez que éste cae, tardándose demasiado en sanear al mismo. Así, los procesos de renovación interna de los grupos políticos hacen que el electorado se desengañe aún más, produciéndose un vacío que es aprovechado por el grupo contrario.
 -¿Por qué no podemos votar en las decisiones fundamentales con las que nos torean los partidos, según entran y salen en el gobierno de la nación? Temas tales como el aborto, los tan traídos recortes actuales, las guerras (al menos cuando en el congreso de los diputados la decisión de ir a un conflicto se sostiene sólo en la mayoría de un partido), temas relacionados con la educación, religión, etc., no son consultados al pueblo
  Hace pocos días veía con sorpresa que no es tan difícil consultar al pueblo. En un programa de televisión se nos mostraba como esta consulta no requería de medidas especiales. Se podía votar por correo, se podía dejar votar al ayuntamiento… Hasta hace no mucho, yo pensaba que el problema residía en los costes y en el control de los votos por los inspectores de mesa habituales en los tradicionales referéndums donde el voto va a parar a una urna, que luego es abierta y revisadas minuciosamente. Y me decía que hay medios alternativos: se podían habilitar los cajeros automáticos, para que funcionasen como urnas. Así, el ciudadano sólo tenía que ir a votar a una sucursal. Después de verificarse su identidad ante unos inspectores designados como siempre, el votante usar su tarjeta para introducir su voto en un programa informático, sale con un resguardo de su votación con una clave personal y aleatoria que le permite controlar que su voto no ha sido modificado malintencionadamente, y punto. Igualmente se podría hacer mediante Internet. Pero he aquí, que en otros países, ya solucionaron ese problema hace años. Y la democracia, es real. Con fallos, evidentemente. Con controles sobre qué se puede votar o no. En un momento determinado, “un caso sangrante”, puede hacer que la población tienda a dejarse llevar por la ira y esté dispuesta a aceptar medidas xenófobas, sexistas, etc. ¿Pero no es mejor que lo que tenemos?
  -Otro asunto preocupante es la participación ciudadana en las urnas. Evidentemente, no creo que el ir a las urnas deba ser obligatorio. Pero me preocupa significativamente el resultado final dependa, mayormente, de un grupo de "fieles" seguidores del partido, al cual se vota incluso aunque se esté en franca oposición con algunos de sus postulados. En mi opinión, que sin duda contiene muchos errores, los votantes de derecha son más fieles que los de izquierda. Los votantes de izquierda son más críticos y castigan a” sus representantes" depositando sus votos en otras formaciones políticas, o bien absteniéndose. Esto produce un efecto beneficioso para el contrincante, ya que la alternativas de izquierda (y las de derecha también) no son capaces de aglutinar un número suficiente de votos como para hacerse fuertes y presentar cierta resistencia a la mayoría absoluta, que en este país parece más bien "absolutista". Eso, sin olvidar que la actual asignación de escaños no parece muy justa. Aunque estoy seguro de que equilibrar porcentajes no debe ser una tarea fácil. Pero también estoy seguro de que en otros países ya se habrán visto con tesitura y pueden servirnos de referencia. Pero si en algo destaca España, es en su manía de no querer aprender de nadie. Tomemos por ejemplo el tema de la educación. Hay varios países que destacan por su éxito en esta materia: Finlandia, Hong Kong, Canadá, Taiwán, Estonia y Japón. Como se verá, algunos países presentaron resultados que no hubiéramos esperado. O mejor decir, que yo no hubiera esperado, como son el caso de Taiwán y Estonia. Sin duda, un efecto de mi ignorancia.
  ¿Qué hace que este estúpido país lleve décadas jugando con la educación? ¿Por qué son nuestros partidos políticos tan soberbiamente egoístas como para no sentarse hasta llegar a un acuerdo que presente un texto común, con puntos en conflicto, cuya aceptación deba ser aprobada por el pueblo en referéndum? Para mí la respuesta es clara: a los partidos políticos les importa una puta mierda todo aquello que le pueda restar poder y capacidad de manejar nuestra raída democracia a su antojo. A tal punto, que incluso disentir dentro de la estructura del partido es un acto de traición, que se paga con una multa. Deberíamos hacer lo mismo que hicieron hace siglos cuando en el Vaticano se pegaron varios años sin ser capaces de elegir al futuro Pontífice: encerrarlos a todo bajo llave hasta que tomasen una decisión. "Con llave", el origen de la palabra "Cónclave"… ¡Vale, vale, comprendo que no se puede hacer! Pero hay otras formas: manifestaciones, envío de correos masivos, apertura de grupos de Facebook para ver cuánta gente se une a una o a un grupo de ideas, intentar usar la red de redes para motivar a la ciudadanía de los distintos países europeos a forzar el desarrollo de una nueva política comunitaria… Y todo sin romper la estructura democrática. Porque nuestra democracia necesita una evolución, no una revolución. La idea de destruirlo todo, empezando por forzar "el cierre" del gobierno que, nos guste o no (entre ellos a mí) ha sido elegido en las urnas, es abrir la puerta al final de la democracia.
 Aunque, nuestra democracia está herida de muerte, si no reaccionamos. Los partidos políticos y los gobiernos que salen de ellos no son más que títeres de los grandes intereses comerciales. Títeres o rémoras de las entidades bancarias que durante años han estado financiando generosamente, de una u otra forma, sus presupuestos económicos. Y que obtienen beneficios de ello. Grupos políticos y grupos bancarios van unidos de la mano por un sendero trazado en común. Se suponía que rescatando bancos se libraría a la población de las tragedias que estamos viviendo actualmente: desahucios, recortes sanitarios, despidos "a la carta"… ¿Y qué es lo que tenemos? Que poco a poco nos vamos acercando a un fascismo económico. Un fascismo que no se corta a la hora de emplear las grandes armas de siempre: buscar uno o varios enemigos con los que distraer la atención pública; generar divisiones entre los distintos grupos de población; hacernos creer que todos somos culpables (si acaso todos somos responsables, y eso siendo generosos) y que dejándonos con una sanidad y un sistema educativo tercermundistas todo va a ir mejor. Por supuesto, para que todo vaya mejor, hay que crear un ambiente bélico sin armas. Para lo cual, lo único que se necesita es llenar de miedo a la ciudadanía. Un miedo constante, invalidante y desesperanzador. Uno, en el que disentir sea traición. Y para proteger a "la buena población que no sale a la calle" se empieza a hacer un uso desmedido de las fuerzas de seguridad del Estado, de los medios de comunicación (dirigiéndolos, o denostándolos cuando conviene). La policía, que es otro grupo afectado por los recortes, se ve obligada a ejercer una función represora, muy lejos de la función protectora para la que está creada. Al igual que los bomberos de la novela "Fahrenheit 451", que estaban encargados de quemar los libros en vez de apagar incendios, los cuerpos policiales están siendo forzados a llevar a cabo una serie de acciones para las que no fueron creadas. Y lo malo, es que la población está empezando a verlos como enemigos. Yo no creo que lo sean. Son sólo víctimas más de un sistema que manipula la información para dividirnos aún más. Porque si bien es cierto que ha habido cargas policiales despreciables, no es menos cierto que, amparados en la buena voluntad de quienes salen la calle a quejarse, se encuentran asquerosos y peligrosos grupos violentos a los cuales la democracia, la tolerancia, el respeto y el juego limpio les importa una mierda. Son esos extremistas de todos los colores, que perjudican a una sociedad que sólo quiere salir de esta crisis, arrimar el hombro y proponer ideas. Y que sólo pide juego limpio: que se vea las identificaciones de la policía que le detienen, que los terroristas encapuchados que echan a perder las movilizaciones se queden en las cloacas de donde nunca debieron salir… y que los políticos y banqueros está jugando con este país se dejen de tonterías. El gran problema de estos enemigos de la libertad es que, pese a todo, la población española es lo suficientemente inteligente para saber que el problema no es local, sino global. Que no hay una solución únicamente para España y otra para los demás países. Que lo que ocurre aquí ya ocurrido en Portugal, en Grecia, etc. Y, que de seguir así, ocurrirá en el resto del planeta. Ya no es una cuestión de salvarse uno, es una cuestión de salvarnos todos. Los problemas exceden a lo económico. Afectan a la ecología, a los derechos humanos y a un sistema de consumo desaforado para el cual ya no existen recursos utilizables, y que debe ser remodelado. Estamos en uno de sus momentos de la historia, en el que o mejoramos ya y rápidamente (sabiendo que aun así vamos a pagar una dura deuda global) o mandaremos a las próximas generaciones a una nueva "Edad Media". Que los niños que hoy juegan a nuestro alrededor tengan un mañana que no nos reprochen no va a depender de una empresa, de un banco… Dependerá de nosotros. Y para eso necesitamos una democracia que funcione. Y no la bazofia que tenemos ahora. Porque si no estaremos votando para nada.

Ildefonso González Sarmiento

                                                                                                                                     01/11/2012
           


2 comentarios:

José María Souza Costa dijo...

Interessante
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