jueves, 14 de abril de 2011

"Insulario", de Alonso Quesada-/Después de la guerra- No saben lo que ganan.

 Finca de la "Vega de San José"

 Pasó la guerra, el puerto se normalizó y los plátanos han vuelto a exportarse con gran asombro de los exportadores mismos, que creyeron perdido el negocio y la fortuna. Fincas enormes plantadas de bananas, durante la guerra perdieron todo su valor y los plátanos se tiraban o se regalaban, pedazos del corazón de estos labriegos enriquecidos. Pero la guerra es ya un sueño y los barcos ingleses parten del puerto abarrotados de bananas un día y otro. Ya el buen isleño sin fincas, no puede comer plátanos excelentes, y hoy un huacal tiene tanta importancia como el dije de una cadena cubana. El oro fabuloso vuelve, aunque la gente de siempre se muera de hambre. Y los exportadores, rojos de la indigestión de su negocio, no saben lo que ganan. Así lo dicen abriendo los buzones de sus bocas y elevando la emoción práctica hasta el límite de los límites.
 El exportador insular es un tipo único en el orbe. Nada podrá parecerse a él sino es un alemán imperfecto. Endiosado como un indiano, más rural y menos listo, nada sabe más que abonar, de un modo primitivo, sus platanales. Toda su estética se reduce al modelado de su huacal y toda su emoción es abrir el sobre de Hougton, de Yeoward o de Swanston que les trae la cuenta de venta británica. La ciudad entera está gobernada por ellos, que la han sembrado de su repugnante filosofía.
 Un exportador isleño no nace; se hace del propio abono de sus plátanos y va surgiendo de la tierra a trozos lentos. El vive y se reproduce para su banana. Sin embargo, por misteriosas razones psicológicas el exportador isleño perdió la la brújula de su sentimiento práctico en la guerra. La economía y el futuro les aconsejaban una aliadofilia ardorosa, pero se tornaron todos germanófilos, aun a trueque de perder sus mercados británicos. ¿Por qué fue...? Es que el alemán está también hecho de abonos y hay una profunda historia de encantamiento entre el alemán y el exportador isleño. Un alemán recibe una idea como una de esas máquinas que arrojan chocolates reciben diez céntimos. Esta idea le baila en el aparato cerebral hasta que se desarrolla el acto para el cual ha sido lanzada. La idea, gastada después, inservible, sale de la cabeza del alemán y la recoge el exportador isleño. Pero no le encaja, por su desgaste y su condición de extranjera. Llega a esta cabeza y el exportador recibe las sensaciones de esta idea a saltos disparatados. Por ejemplo: "el rico pensamiento alemán es lo mejor del mundo". La idea ésta da vueltas a la cabeza germana, muchas vueltas, y se gasta. Sale al fin y cuando llega a la del exportador isleño no le queda ya sino: "el rico es el mundo"... Y el exportador con esta idea desgastada en el caletre hace como el propio alemán con la idea sin desgastar. Y si el alemán cree que su pensamiento es lo más rico del mundo, el exportador piensa que lo más rico del mundo es él. Es así porque el exportador isleño es una idea alemana llena de herrumbre.
 Algunas veces estos exportadores suelen marchar a Inglaterra y vuelven ilustrados de Hyde Park y de Covent Garden. Asustados de tanta gente, al verse al fin en la isla, libres de coches y de automóviles y de gentlemans que corren y mises (enlace en inglés) que vuelan, evocan el paseo con arrogancia de valientes, esos valientes que nos cuentan sus hipotéticas hazañas, lejos ya del peligro. Los ingleses sienten un especial interés zoológico por estos exportadores. Los tratan bien y los recomiendan a sus casas de Inglaterra donde se comen los "pudings" enteros a las honestas familias de Albión.
 La isla está plagada de exportadores. Acabada la guerra han vuelto a surgir como los insectos del verano. Una enorme bandada de cigarras con zapatos de becerro se extiende sobre la ciudad y se posan en los mástiles de los vapores y sobre las chimeneas que los saludan con su humo negro como una alegoría.
 El dinero les viene a chorros abundantes. No saben lo que ganan. De tan ignorantes, ni esto siquiera pueden saber.

 Gran Canaria, junio 1919[6-VII-1919]

 Nota: Enlace con referencias algunos de los personajes ingleses citados por el autor. No son enlaces concretos, sino documentos en los que se les cita por diversos  motivos:


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