domingo, 10 de mayo de 2009

Canarias



 Cuando empecé este blog, tenía la intención de dedicarle un tiempo mayor a la historia y curiosidades de mi tierra. Pero como suele ocurrir con la propia vida, la vida de un blog se escribe sola mientras pensamos qué hacer con él.
 Tampoco tenía un enfoque predeterminado, ni original. Así que, después de devanarme mucho los sesos, he decidido improvisar sobre la marcha, y luego ir escribiendo según lo que vaya pasando, o a caballo del algunos elementos citados.
 Para empezar voy a colocar algunos enlaces y vídeos, así como un artículo sobre Canarias de la "Enciclopedia Universal Micronet-2009". Aparte, como siempre del enlazado al título de la entrada. Y luego..."Ya iremos caminando".

 Enlaces:

NOTA PREVIA: ANTES DE SEGUIR, QUISIERA PEDIR EXCUSAS POR LA OMISIÓN DE NOMBRES Y ENLACES DE LOS REALIZADORES, CANTANTES Y OTROS COLABORADORES DE ESTOS VÍDEOS. SE PROCURARÁ IR HACIENDO JUSTICIA SEGÚN SE VAYAN MEJORANDO LOS DATOS.

Vídeos:La otra historia de Canarias,capitulo 1

La otra historia de Canarias,capitulo 2

La otra historia de Canarias, capitulo 3

La otra historia de Canarias,capitulo 4

La otra historia de Canarias, capitulo 5

La otra historia de Canarias,capítulo 6

Vídeos subidos por Acoran

Canarios

Vamos Cantemos Somos 7

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Navidad en Canarias- Una sobre el mismo mar(Otra versión)

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Canarias-Un canto a nuestra tierra

Islas Canarias-Vivo en un archipiélago

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Alfredo Kraus canta a Canarias(Islas Canarias)

Subido por kraustrujillo

Kraus y "Los Sabandeños" cantan "Tenerife"

Subido por kraustrujillo

Alfredo Kraus y "Los Sabandeños"-Sombra del Nublo-Gran Canaria


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Música Canaria-Jóvenes Cantadores-Malagueña y Pasodoble

Subido por JovenesCantadores

Música canaria-Jóvenes cantandores-Folías

Subido por JovenesCantadores


Atlantes y Solitas-"Isa Parrandera"

Subido por Samuel Suárez


Arrorró del Abuelo

Subido por guanarteme teide

Subido por canaria09


"Artículo sobre Canarias de la Enciclopedia Universal Micronet-2009"(Los enlaces en rojo no enlazan con otros artículos de la citad enciclopedia)



Canarias [comunidad autónoma - España]











& Comunidad autónoma insular de España que comprende las provincias de Las Palmas y Santa Cruz de Tenerife, con 1.995.833 habitantes (enero 2006), que responden a los gentilicios de canarios, canarienses y guanches, y 7.492 km², repartidos entre sus siete islas mayores Gran Canaria, Tenerife, La Palma, Lanzarote, Fuerteventura, La Gomera, El Hierro; y seis menores: Lobos, Graciosa, Alegranza, Montaña Clara, Roque del Este y Roque del Oeste, de las cuales únicamente Graciosa y Alegranza están habitadas. Comparte la capitalidad entre Santa Cruz de Tenerife y Las Palmas de Gran Canaria.



Estatuto de Autonomía, aprobado por Ley Orgánica de 10 de agosto de 1982. Presidente del Consejo de Gobierno de Canarias, Adán Martín Menis.

Resumen de datos

Datos básicos

Nombre oficial: Comunidad Autónoma de las Islas Canarias.
División administrativa: Dos provincias (Las Palmas y Santa Cruz de Tenerife)
Capital: Santa Cruz de Tenerife y Las Palmas de Gran Canaria.
Extensión: 7.492 km².

Población

Población: 1.995.833 (2006)
Natalidad: 18.781 (2000)
Mortalidad: 12.325 (2000)
Crecimiento vegetativo: 6.456
Residentes extranjeros: 77.594 (2000)
Gentilicio: canario.

Desarrollo económico y laboral

PIB a precios de mercado: 24.552 millones de € (2000)
Índice de bienestar: 6 (media nacional 2001: 5 sobre 10)
Población activa: 729.500 (2001)
Población inactiva: 594.300 (2001)
Población ocupada: 627.100 (2001)
Población parada: 102.400 (2001)
Tasa de paro: 14,0 % (2001)
Paro registrado: 91.252 (2001)

Administración y Gobierno

Estatuto de autonomía: LO 10/1982, de 10 de agosto (BOE nº195, de 16 de agosto de 1982). Reformado por LO 4/1996, de 30 de diciembre.
Órganos autonómicos:
Ejecutivo: Gobierno Canario. Presidente: Paulino Rivero Baute
Legislativo: Parlamento de Canarias: 60 diputados.
Judicial: Tribunales Superiores de Canarias.
Partidos políticos con representación parlamentaria (elecciones 25 de mayo de 2003):
Coalición Canaria (CC): 24 escaños; PP: 17 escaños; PSOE: 16 escaños; FNC: 3 escaños.
Funcionarios de la administración pública (año 2001): 107.048
Admón. Estatal: 23.024
Admón. Autonómica: 52.507
Admón. Local: 28.437
Universidades: 3.080
Enlaces en Internet:
http://www.gobcan.es; Página oficial del Gobierno Canario.
http://www.parcan.es; Página oficial del Parlamento de las Islas Canarias.

Otros datos de interés

Fiesta autonómica: 30 de mayo, Día de Canarias.

Medio físico

Las Canarias constituyen una alineación de islas de origen volcánico, en el sector NE del Atlántico central, a una distancia de unos 100 km del continente africano.

La principal característica del territorio canario, además de su insularidad, es su origen volcánico. Todo el archipiélago es fruto de la acumulación de gran volumen de rocas volcánicas sobre un zócalo que está relacionado con el continente africano.

Por tanto, son características comunes a las Islas Canarias su relieve muy accidentado y su origen, producto de una actividad volcánica antigua, subreciente o reciente. A pesar de su proximidad al borde continental africano, las islas mantienen diferencias muy acusadas respecto al continente (geológicas, botánicas, faunísticas, humanas, etc.).



Relieve

La Comunidad Autónoma de las Islas Canarias está situada en el océano Atlántico, frente a las costas de África. Está formada en su totalidad por acumulaciones volcánicas que pueden tener varias formas y tamaños:

- Cráteres y calderas. Los cráteres son depresiones del terreno más o menos circulares que están situados en la parte superior de un volcán; mientras que las calderas son cráteres de mayor tamaño. Destacan la caldera de las Cañadas, en Tenerife, y la caldera de Taburiente, en La Palma.



- Cordadas y jameos. Las cordadas o pahoehoe son formas volcánicas que al enfriarse giran en forma de hélice que dejan sobre el terreno formas parecidas a un ovillo de cuerda y con un aspecto similar a la piel rugosa de un elefante. Por el contrario, los jameos son conductos subterráneos que se forman en el interior de la emisión volcánica. Destacan los jameos del Agua y la Cueva de los Verdes.

- Los roques son formas volcánicas en forma de agujas o cuernos que por su gran dureza y por efecto de la erosión destacan en el paisaje. Destacan el Roque Nublo, el Roque Agando y los Roques de García.

- Valles y barrancos. Son fuertes desniveles que aparecen por todas las islas del archipiélago canario. Destacan los barrancos de Ajuy y de Betancuria, en Fuerteventura, y los valles de Gran Rey y Vallehermoso, en la Gomera.



En la Comunidad de las Canarias se distinguen tantas zonas de relieve como islas mayores hay: Lanzarote, Fuerteventura, Gran Canaria, Tenerife, La Gomera, La Palma y El Hierro.

Isla de Lanzarote

La isla de Lanzarote es la más oriental de las islas Canarias y por tanto la más cercana al continente africano, lo que acentúa su aridez. Su superficie es de 806 km² y tiene una forma alargada. En el norte, separada por un estrecho brazo de mar que se llama el Río, se encuentra el archipiélago Chinijo (formado por las islas de la Graciosa, Montaña Clara y Alegranza).

Esta formada por macizos de pequeña altura, nunca superior a 700 m. La poca elevación impide la creación de nubes y agrava su aridez. Existen numerosas formaciones volcánicas: cráteres, conos y jameos que se concentran en el Parque Nacional de Timanfaya.



Isla de Fuerteventura

La isla de Fuerteventura está situada al sur de Lanzarote y también tiene forma alargada. Su extensión es de 2.019 km². En el extremo sur, el macizo de Jandía es una especie de apéndice peninsular en el que está la máxima altura, que apenas supera los 800 m. El territorio interior está formado por una sucesión de mesetas que poseen una costra roca caliza fosilizada.

Isla de Gran Canaria

La isla de Gran Canaria tiene forma redonda y su máxima elevación se sitúa en el centro de la isla, el pico de las Nieves, de aproximadamente 2.000 m de altura. Su forma de escudo ha creado una red fluvial en forma de círculo que ha dado lugar a barrancos como el de Tejada y a calderas como Tentiniguada. También destaca el Roque Nublo. Al norte de la isla se encuentra la pequeña península de la isleta.



Isla de Tenerife

La isla de Tenerife es la mayor de las islas Canarias con 1.923 km² y junto a Gran Canaria comparte la posición central del archipiélago. Tiene forma de triángulo isósceles y el gran macizo del Teide es el centro de la isla. En el interior de la caldera de las Cañadas están los altos conos volcánicos del Pico Viejo y el Teide, que con 3.718 m de altura es la máxima elevación de Canarias y de España.



Al norte del macizo del Teide y en descenso hacia el mar se encuentra el valle de la Orotava que separa el valle del Icod y la Guancha. Hacia el sur se desciende poco a poco hasta llegar a la Costa del Silencio, donde destacan las playas de las Américas y los Cristianos.

Isla de La Gomera

La isla de La Gomera está situada al oeste de Tenerife y tiene forma redondeada. Su superficie aproximada es de 350 km² y su punto más elevado es la meseta central de Garajonay con 1.468 m de altura. Un desnivel tan grande en una superficie tan pequeña hace que la red fluvial, de forma circular, haya excavado profundos valles y barrancos.

En la parte norte de la isla destaca el Parque Nacional de Garajonay; y en la zona sur, el barranco de Santiago. Por último, al este se encuentra el barranco de la Villa.



Isla de La Palma



La isla de La Palma está situada al oeste del archipiélago, tiene forma de corazón y una superficie de 662 km². Su máxima altura es el Roque de los Muchachos que con 2.423 es la segunda altura del conjunto de islas.

Este Roque está en la parte norte de la isla y delimita la Caldera de Taburiente, donde se encuentra el barranco de las Angustias. Otro punto destacado de la isla es el volcán de San Antonio en extremo sur.



Isla de El Hierro

La isla de El Hierro está situada en la parte más occidental del archipiélago y es la más pequeña de todas las canarias, con 224 km². Tiene forma de pie con el talón apuntando al sur. La meseta de Nidafe formada por conos volcánicos y campos de lava ocupa el centro de la isla y muestra las mayor altura de la isla, el alto del Malpaso con 1.500 m de altura.

Hidrografía

En la Comunidad Autónoma de las Islas Canarias no existen auténticos ríos; apenas existen unos torrentes, de escaso caudal, que en días de lluvias fluyen rápidos hacia el océano Atlántico.

Clima



El rasgo fundamental del clima del archipiélago canario viene dado por la influencia y el dominio casi persistente del Alisio. Los Alisios producen una inversión térmica altitudinal y un desarrollo más o menos amplio de un mar de nubes que produce una nubosidad notable en las vertientes septentrionales de las islas centrales y occidentales y que sólo alcanza ocasionalmente los puntos más elevados de las orientales. Las invasiones de aire sahariano suelen venir acompañadas de una suspensión de polvo desértico en la atmósfera y se pueden presentar bajo dos formas diferentes: una de aire cálido y seco, y otra menos cálida o fresca.



En todas las islas, el piso infracanario (basal) posee las temperaturas medias más cálidas. Estas oscilan entre los 18,5 ºC y los 21 ºC. Las precipitaciones se disponen primordialmente en función del relieve y de la orientación, condicionando de una manera muy clara la distribución de la vegetación. El piso termocanario, en la vertiente norte, es el que recibe más agua, ya que sobre el mismo se produce la máxima concentración de nieblas y hay que sumar las precipitaciones horizontales, que supera con creces a la de la precipitación vertical.



Vegetación

Vegetación vascular bentónica

Entre 13 y 40 m de profundidad se han detectado de forma local, sobre fondos arenosos o arenoso-lodosos de la isla de Tenerife, poblaciones de Halophila decipiens y entre 1 y 15 m de profundidad se encuentran amplias superficies cubiertas por Cymodocea nodosa, denominadas en Canarias «sebadales». En estas comunidades el epifitismo tanto animal como vegetal puede alcanzar niveles muy elevados.

Pueden presentarse dos situaciones de esta comunidad: La situación típica, si exceptuamos a los epífitos, es prácticamente monoespecífico, denso y abigarrado o bien laxo. Otra posibilidad es su asociación con especies del género Caulerpa, de entre las que destacan Caulerpa prolifera como más frecuente.

Muy localizada, en el norte de Fuerteventura y Arrecife de Lanzarote, se ha detectado recientemente la presencia de Zostera nolti, en sustrato arenoso-fangoso, que queda al aire durante la bajamar.

Vegetación vascular de las aguas salobres

En las pequeñas lagunas, charcos salados o salobres litorales que aún quedan en las islas, así como en presas próximas a la costa que contienen aguas salobres y bicarbonatadas, se presenta la comunidad de Ruppia maritima ssp. rostellata (Ruppietum rostellatae). Las hojas superiores de las plantas de esta comunidad se extienden semisumergidas sobre la superficie del agua, solas o mezcladas con la maraña flotante de talos de algas del género Cladophora.
Zannichellia pedunculata, se ha detectado en ambientes similares, pero es menos frecuente, formando comunidades monoespecíficas o mezcladas con la anterior.

Vegetación halófila costera

En las islas orientales y centrales se desarrollan en los lugares salinos permanentemente húmedos que sufren encharcamientos frecuentes por el mar, microcomunidades más o menos extensas que se asemejan a las de los saladares mediterráneos y norteafricanos. Las especies más características de estas comunidades son Sarcocornia perennis, Arthrocnemum macrostachyum, Halimione portulacoides, Suaeda vera y Zygophyllum fontanesii. Las cuatro primeras actualmente exclusivas de las islas orientales y la quinta con distribución actual que alcanza a las islas occidentales. Las principales comunidades definidas por el momento son las siguientes: Sarcocornietum perennis presente sólo en unas pocas localidades de Fuerteventura, Lanzarote e Isla de Lobos, y Zygophyllo fontanesii-Arthrocnemetum macrostachyi que se presenta además muy localizada en Alegranza y La Graciosa.

Zygophyllum fontanesii es un halófilo canario-sahariano que se distribuye de forma abundante en las islas e islotes del sector oriental. Su presencia disminuye progresivamente hacia occidente (dos pequeñas poblaciones en El Hierro; no se conocen citas para La Palma).

En los acantilados y zonas rocosas castigadas por el viento se encuentra la comunidad Frankenio-Astydamietum latifoliae, que suele estar constituida por las siguientes especies: Astydamia latifolia, Frankenia ericifolia, Limonium pectinatum, Argyranthemum frutescens y Reichardia ligulata en situaciones más fisurícolas. (Véase Frankenia, Limonium y Argyranthemum).

Destacan dentro de los matorrales litorales algunas comunidades en ocasiones extensas, caracterizadas por la presencia de Chenoleoides tomentosa, Suaeda vermiculata, Frankenia laevis y de forma más aislada Gymnocarpos decander. Reichardia crystallina y Atractylis preauxiana, endemismos de Tenerife y Gran Canaria, dan carácter local a algunas de estas comunidades. Se ubican en suelos arcillosoarenosos y menos frecuentemente pedregosos.

Sobre la arena de las numerosas playas y “jables” se ha establecido un tipo de vegetación dunar caracterizado por la alta presencia de quenopodiáceas suculento-arbustivas que suelen formar poblaciones monoespecíficas en cada dunal. Las especies más características son Traganum moquinii, Suaeda vera, Atriplex halimus, Atriplex glauca var. ifniensis, Salsola longifolia y Salsola vermiculata. (Véase Atriplex y Salsola).

Salsola longifolia cubre las laderas del Charco del Cieno (La Gomera), donde la planta puede adquirir alturas que sobrepasan los dos metros, en una formación prácticamente impenetrable.

En el límite superior de mareas, en playas arenosas de Gran Canaria e islas e islotes orientales, es frecuente la presencia de Cakile maritima. Sobre las dunas primarias de estos litorales, crecen Euphorbia paralias, Polycarpaea nivea, Cyperus capitatus, Ononis natrix var. ramosissima, Convolvulus caput-medusae y en menor grado Polygonum maritimum. Androcymbium psamophilum, endemismo de Lanzarote y Fuerteventura, es una especie singular de estos ambientes. (Véase Euphorbia, Cyperus, Ononis, Convólvulus y Polygonum).

Los tarajales, formaciones arbustivas cuya especie característica es Tamarix canariensis, ocuparon en su día unos bosquetes situados en las desembocaduras de barrancos con humedad freática alta, y bordes de charcas costeras. De esta comunidad quedan actualmente escasos testimonios, siendo los más interesantes los situados en la costa suroeste de Fuerteventura y en algunas localidades de la costa norte de Tenerife, así como el resto del tarajal de la Charca de Maspalomas en Gran Canaria.



Vegetación xerófila del piso basal (Cardonales y Tabaibales)

Este tipo de vegetación cubre el espacio definido como piso bioclimático infracanario y zona inferior del termocanario.

Arbustos y matorrales xerofíticos de franca influencia africana constituyen la base de este paisaje vegetal estepario, que origina comunidades denominadas «cardonales» y «tabaibales». El origen de este ecosistema está sin duda en la estepa de suculentas del continente africano, el cual se puede considerar como un vicariante canario de las formaciones que se extienden por las zonas áridas meridionales de Sudán, Etiopía, Arabia, Irán y hasta las mismas bases del Himalaya occidental.

Dracaena draco y Phoenix canariensis son elementos que en este piso tuvieron un protagonismo pretérito hoy casi testimonial. Altitudinalmente este tipo de vegetación ocupa una franja que en las fachadas orientadas al norte puede alcanzar los 400 m de altitud media y en las meridionales los 700 m. (Véase Phoenix).

Los biótipos suculento-áfilo-candelabriformes del cardón (Euphorbia canariensis) caracterizan la formación denominada cardonal, mientras que los paquicaules de las diferentes especies de tabaibas (Euphorbia balsamifera y E. obtusifolia) y, verode (Kleinia neriifolia) caracterizan las formaciones denominadas tabaibales. (Véase Euphorbia).

En Fuerteventura la presencia localizada del endemismo insular Euphorbia handiensis caracteriza un particular cardonal. Entre los tabaibales se distingue por la proximidad a la costa un tabaibal determinado por la presencia de la tabaiba dulce (Euphorbia balsamifera). Merecen destacarse las siguientes especies: Euphorbia balsamilera, Campylanthus salsoloides, Ceropegia jusca (en Tenerife y Gran Canaria), Schizogyne sericea, Helianthemum canariensis, Neochamaelea pulverulento, Lycium afrum y Seseli webbii. En el norte de Gran Canaria, oeste de Tenerife y norte de La Gomera, la presencia de Euphorbia aphilla es significativa. En los tabaibales dulces de las islas orientales y de los islotes, Caralluma burchardii es un endemismo que destaca localmente. (Véase Ceropegia, Helianthemum, Neochamaelea y Lycium).

Los cardonales y tabaibales amargos suelen situarse altitudinalmente por encima de las comunidades anteriores. Entre las especies más características de esta formación, con amplia distribución por todo el territorio, deben citarse las siguientes: Rubia fruticosa, Periploca laevigata, Plocama pendula, Asparagus umbellatus, A. pastorianus, Messerschmidia fruticosa, Withania aristata, Lavandula canariensis, Artemisia thuscula y diversas especies del género Aeonium. Local y preferentemente en las islas centrales y occidentales Euphorbia atropurpurea, E. berthelotii, Retama raetam, Convolvulus scoparius, Taeckholmia spp., Echium brevirame, Lavandula buchii, L. minutolii, etc., intervienen dando lugar a diversas combinaciones florísticas, algunas de las cuales ven favorecida su distribución por la acción antrópica. (Véase Periploca, Asparagus, Withania y Lavandula).

Los cardonales de las islas orientales han quedado prácticamente relegados a unos pequeños testimonios en la península de Jandía (Fuerteventura). En las centrales y occidentales a pesar de haber sido sometidos a una alarmante destrucción y degradación se encuentran aún espléndidas representaciones en Anaga y Teno (Tenerife), norte de La Palma, La Gomera y sur y oeste de Gran Canaria.

Vegetación de transición al piso montano (sabinares, acebuchales, ...)

La dulcificación de los distintos factores climáticos al ganar altitud trae como consecuencia el que exista un tipo de vegetación de transición, en parte con entidad propia de tipo mediterráneo-norafricana y que en parte configura ecótonos entre las formaciones arbóreas del piso montano y la vegetación xerófila del piso basal.

Los restos de los bosques de sabina (Juniperus phoenicea), así como manifestaciones locales de esta especie a lo largo de todas las islas centrales y occidentales, constituyen los testimonios actuales de antiguos sabinares climácicos establecidos preferentemente en el piso termocanario.

A lo largo de este gradiente se pueden distinguir sabinares secos y húmedos. Los primeros, con mayor participación de los elementos más agresivos entre los que destacan Rubia fruticosa, Euphorbia obtusifolia ssp. obtusifolia y Olea europaea ssp. cerasiformis. Los segundos tienen mayor participación de elementos del termocanario subhúmedo, como Visnea mocanera, Apollonias barbujana, Erica arborea e Ilex canariensis, entre otros. (Véase Visnea, Apollonias, Erica y Olea).

Mención aparte merecen los «acebuchales», «almacigales» y «lentiscales», comunidades fisionómicas caracterizadas por Olea europaea ssp. cerasiformis, Pistacia atlantica y P. lentiscus, mejor caracterizadas en la isla de Gran Canaria. Merecen citarse por su interés el acebuchal del barranco de los Cernícalos, el almacigar de la cuenca de la Aldea de San Nicolás y el lentiscal del Monte Lentiscal. (Véase Olea y Pistacia).

Algunos restos climácicos de estas formaciones de transición en los puntos más elevados de las islas de Fuerteventura y Lanzarote constituyen el término de la cliserie altitudinal de ellas, puesto que por razones de altitud carecen del resto de los pisos bioclimáticos canarios. Merece destacarse además en sus cumbres la presencia de unos matorrales caracterizados por Odontospermum intermedium y Lavandula pinnata en Lanzarote y Odontospermum sericeum en Fuerteventura.

Como etapas de degradación de algunas de estas formaciones se encuentran las manchas o rodales más conservados de Pistacia atlantica. En el S de las islas el matorral se halla dominado por Cistus monspeliensis, Opuntia ficus-barbarica, Asparagus umbellatus y ejemplares aislados de Olea europaea ssp. cerasiformis, Maytenus canariensis, Juniperus phoenicea, Jasminum odoratissimum y Globularia salicina, así como Artemisia thuscula, Rubia fruticosa, Euphorbia obtusifolia ssp. regis-jubae, Periploca laevigata, etc. Los matorrales dominados por Cistus monspeliensis se conocen como «jaguarzales», mientras que los dominados por diferentes especies endémicas del género Micromeria, preferentemente Micromeria varia, M. hyssopifolia, M. lanata y M. benthamii se denominan «tomillares».
(Véase Cistus, Opuntia, Asparagus, Maytenus, Juniperus, Jasminum, Globularia, Euphorbia y Periploca).

Todos estos matorrales de sustitución de la vegetación potencial se hallan ampliamente extendidos como consecuencia de la transformación profunda del paisaje a favor de extensas superficies ganadas para los cultivos de las medianías, el asentamiento de hábitats humanos y de una intensa actividad de pastoreo principalmente caprino.

Vegetación del piso montano húmedo (laurisilva, fayal-brezal)

La vegetación del piso montano se corresponde con las formaciones forestales propiamente dichas de las islas. El constante aporte de aire húmedo arrastrado por el Alisio, que al ganar altitud se condensa en forma de niebla, es el factor que determina la aparición del llamado «monte-verde», formación forestal integrada fundamentalmente por la laurisilva y el fayal-brezal. Las islas de Lanzarote y Fuerteventura carecen de este tipo de vegetación, aunque en sus cumbres albergan elementos típicos de la misma, si bien, destacan quizá la presencia de Ardisia bahamensis y Rubus bollei en la isla de Fuerteventura.



Los testimonios actuales de este tipo de vegetación, fuertemente degradada por su constante aprovechamiento como recurso económico básico desde los tiempos de la conquista, se encuentran distribuidos en las vertientes septentrionales entre los 500-1.100 m de altitud. Estos límites coinciden con la zona de máxima influencia del mar de nubes. Desde el punto de vista florístico encontramos en estas formaciones vegetales la mayoría de los elementos endémicos considerados como «macaronésicos».

Para algunos autores el monte-verde canario y concretamente la laurisilva han sido considerados como una paleoflora viviente, reliquia de una vegetación subtropical húmeda que a finales del Terciario (Mioceno-Plioceno) se distribuía en gran parte por la Europa mediterránea y norte de África. Fósiles semejantes a las actuales plantas que crecen en Canarias (y Macaronesia) han sido hallados en determinadas localidades de la Península Ibérica, Francia, Italia, Hungría, etc.

Los restos actuales de la laurisilva se encuentran instalados en las cabeceras de algunas de las cuencas más importantes de las islas de Tenerife, La Gomera y La Palma. Las especies características del estrato arbóreo se pueden agrupar en función de su abundancia actual de la forma siguiente: relativamente abundantes Laurus azorica, Picconia excelsa y Persea indica; menos abundantes Ocotea joetens, Apollonias barbujana y Visnea mocanera; muy escasas Myrsine canariensis, Ardisia bahamensis y Prunus lusitanica. Muy escasas en el estrato arbustivo Sambucus palmensis y Euphorbia mellifera. (Véase Laurus, Picconia, Persea, Ocotea, Apollonias, Visnea, Myrsine, Ardisia, Prunus y Euphorbia).

Otras especies características de esta formación son Ixanthus viscosus, Rubus bollei, Convolvulus canariensis, Geranium canariensis, Hedera canariensis, Smilax aspera, S. canariensis, Canarina canariensis, Smele androgyna, Sideritis macrostachys, S. canariensis, Cryptotaenia elegans, Rubia peregrina, Carex canariensis, Asparagus fallax y los helechos Asplenium onopteris, A. hemionitis, Polystichum setiferum, Woodwardia radicans, Dryopteris guanchica, D. affinis ssp. affinis var. azorica, D. oligodonta, D. aemula, Diplazium caudatum, Vandesboschia speciosa, Hymenophyllum tumbrigense, Pteris arguta, Blechnum spicant, etc. (Véase Rubus, Convólvulus, Geranium, Hedera, Smilax, Canarina, Sideritis, Carex, Asparagus, Asplenium, Polystichum, Woodwardia, Pteris y Blechnum).

El fayal-brezal, el otro componente típico del monte-verde, puede considerarse como una formación de landas arbustivo-arbóreas, con marcadas afinidades africano-mediterráneo-noratlánticas, cuyas especies más características son: Erica arborea, Myrica faya, Ilex canariensis, Rhamnus glanduloso, Viburnum tinus ssp. rigidum, Cedronella canariensis, Bystropogon canariensis, Isoplexis canariensis, Urtica morifolia, Teline canariensis, Sonchus abbreviatus, Hypericum glandulosum, Gesnouinia arborea y diversas especies endémicas insulares e incluso comarcales del género Pericallis tales como Pericallis tussilaginis, P. webbii, P. cruenta, P. steetzii y P. murrayi. (Véase Erica, Myrica, Ilex, Rhamnus, Viburnum, Cedronella, Bystropogon, Isoplexis, Urtica, Teline, Sonchus, Hypericum y Gesnouinia).

Potencialmente el fayal-brezal ocupó las situaciones más adversas desde el punto de vista edáfico y climático del monte-verde; adaptado incluso a vivir en paredes verticales. Por la acción antrópica deforestadora (roturación de terrenos de cultivo, aprovechamientos forestales e incendios) se ha extendido parcialmente el fayal-brezal por los antiguos dominios climáticos de la laurisilva, debido a la agresividad colonizadora de sus especies dominantes, la mayoría micorrizógenas. A pesar de la fuerte explotación a que se ven sometidos los fayal-brezales, ya que las varas y horquetas obtenidas de ellos constituyen el soporte básico para apuntalar monocultivos insulares tradicionales (vid, plátanos y tomates), éstos se recuperan con cierta rapidez, aunque empobrecidos en especies, reinstalándose en pocos años en los terrenos agrícolas abandonados.

En toda la cumbre de Anaga (Tenerife), así como la parte alta de Inchereda, en la isla de La Gomera, existe un brezal húmedo de porte subarbustivo, en el que entre las especies características destaca la alta presencia de Erica scoparia ssp. platycodon.

Merece destacarse una formación boscosa caracterizada por la alta presencia de las especies termófilas Arbutus canariensis y Visnea mocanera, bien representadas en los altos del Valle de Güimar y bosque de Madre del Agua de Los Silos (Tenerife) y en la Ladera de Jinama (El Hierro).

En territorios del fayal-brezal recién talado irrumpe un matorral caracterizado por endemismos como el retamón (Teline canariensis), el codeso (Adenocarpus foliolosus var. foliolosus), la gacia (Teline stenopetala var. stenopetala). (Véase el género Teline).

En campos de cultivo abandonados y laderas de conos volcánicos deforestados ubicados en el dominio actual del fayal-brezal, suelen presentarse amplias extensiones densamente cubiertas por Pteridium aquilinum. (Véase el género Pteridium).

Como etapa de sustitución de monte-verde en fondos de barrancos se encuentran instalados zarzales de Rubus inermis. Dentro de la propia laurisilva a modo de liana encontramos en situaciones similares a Rubus bollei. Algunas comunidades riparias de la laurisilva se caracterizan por la presencia de Salix canariensis, endemismo de distribución azonal.

Castañares, árboles frutales, viñedos, cultivos de cereales, papas y diversas legumbres forrajeras constituyen la base de la economía agrícola de las tierras de cultivo ganadas al monte-verde. Eucaliptares y más recientemente vastas extensiones de Pinus radiata han sustituido en algunas localidades a la vegetación potencial.

Vegetación del piso montano seco (Pinares)

La vegetación climácica propia del piso montano seco la constituyen los pinares canarios. Estas formaciones están caracterizadas por el pino canario (Pinus canariensis), pirófíto con gran capacidad de rebrote tras los incendios. Los pinares climácicos del archipiélago se encuentran en las islas de Gran Canaria, Tenerife, La Palma y El Hierro, donde cubren todavía vastas extensiones (1.500-1.800 m).

Los pinares «genuinos» mejor estudiados están representados por las siguientes especies características: Pinus canariensis, Chamaecytisus proliferus ssp. proliferus, Cistus symphytifolius var. symphytifolius, C. symphytifolius var. leucophyllus (Gran Canaria), Lotus campylocladus (Tenerife), Lotus hillebrandii (La Palma y El Hierro), Lotus spartioides (Gran Canaria) y Juniperus cedrus (Tenerife y La Palma). Más o menos estrechamente ligadas a ellos están diferentes variedades de Bystropogon origanifolius y táxones subespecíficos de Argyranthemum adauctum.

La profunda alteración a la que han sido sometidos los pinares climácicos (incendios, aprovechamientos forestales de diversa índole, repoblaciones y pastoreo) ha transfigurado su paisaje natural que ha sido ocupado en la actualidad por numerosas comunidades de sustitución.

El contacto de los pinares bajos preferentemente en la vertiente sur de las islas queda marcado por ecótonos con sabinar (p. ej. en la isla de El Hierro) y más frecuentemente con un matorral más o menos denso de jaguarzos (Cistus monspeliensis), en el que interviene con frecuencia Euphorbia obtusifolia ssp. regis-jubae, con Salvia canariensis (en Gran Canaria), Micromeria hyssopifolia (en Tenerife y El Hierro) y Echium aculeatum (en el Hierro). A esta situación, en general, corresponden los pinares situados entre 800 y 1.400 m en las vertientes sur.

El ecótono entre los pinares y el fayal-brezal, especialmente en las vertientes norte y noroeste de las islas, y localmente en algunas zonas meridionales, queda marcado por la alta presencia de Erica arborea y Myrica faya. En ocasiones este ecótono se enriquece con especies más estenoicas como el acebiño (Ilex canariensis) y el madroño (Arbutus canariensis). Micromeria pineolens, bello endemismo del pinar de Tamadaba en Gran Canaria, se presenta en estas situaciones.

Otra asociación de pinar la constituye Junipero cedri-Pinetum canariensis, actualmente relegada a roquedos y paredes de gran pendiente (incluso verticales), en determinadas localidades del borde de Las Cañadas del Teide (Tenerife) y cumbres de La Palma. Se puede considerar esta asociación como un testimonio de un desaparecido bosque denso de pinos y cedros, fuertemente degradado por el apreciado uso de la madera de esta última especie. En este sentido cabe destacar una recuperación de los cedros en las cumbres de Tenerife desde su declaración como Parque Nacional.

Vegetación de las altas cumbres

Las altas cumbres canarias, concretamente las de la isla de La Palma y más extensamente las de la isla de Tenerife, albergan formaciones vegetales caracterizadas fundamentalmente por su aspecto de matorral pulvinular dominado, en la primera de ellas, por Adenocarpus viscosus var. spartioides (codeso de cumbre) y, en la segunda, por Spartocytisus supranubius (retama de Teide).

Este tipo de vegetación responde a un modelo clásico de las montañas de los países mediterráneos y del norte de África, donde diversos táxones de la tribu Genisteae dan carácter a los respectivos paisajes vegetales de estos sistemas montañosos. Junto a este aspecto mediterráneo, determinados endemismos presentan ciertas analogías con elementos característicos de los macizos centroafricanos y andinos. Tal es el caso de las especies endémicas Echium wildpretii y E. auberianum que recuerdan a algunas especies de los géneros Senecio, Lobelia y Ezpeletia. (Véase Echium).

En la isla de La Palma, si tenemos en cuenta los abundantes testimonios de cedros canarios que se hallan repartidos por la cumbre, no parece descaminado afirmar que en su día pudo extenderse un bosque claro de estos árboles preferentemente por las vertientes septentrionales. La vegetación actual está caracterizada por una dominancia elevada del codeso, cuya extensión se ha visto favorecida por la acción antrópica (incendios y sobrepastoreo) y dispersos entre ellos se aprecian algunos ejemplares del endemismo palmero Genista benehoavensis. Otros endemismos vicariantes de las comunidades palmeras de este piso, respecto a los tinerfeños, son: Descurainia gilba, Pterocephalus porphyranthus, Viola palmensis, Echium wildpretii ssp. trichosiphon y Micromeria lasiophylla ssp. palmensis. Echium gentianoides es un endemismo insular exclusivo de esta cumbre. (Véase Pterocephalus).

En la isla de Tenerife, Spartocytisus supranubius comienza a destacar en el paisaje a partir de los 1.900 m de altitud y puede alcanzar la cota 3.000 en las laderas del Teide. Junto a él merecen destacarse por su abundancia Adenocarpus viscosos var. viscosos, Descurainia bourgaeana, Pterocephalus lasiospermus, Erysimum scoparium, Scrophularia glabrata y Nepeta teydea. (Véase Adenocarpus, Erysimum y Nepeta).

A partir de los 2.700 - 3.000 m de altitud, sólo en la isla de Tenerife, el matorral pulvinular cede. A partir de estas alturas y hasta la cumbre sólo se encuentran instaladas de forma dispersa poblaciones más o menos abundantes de Viola cheiranthifolia y de forma más aislada por algún ejemplar de Argyranthemum tenerifae.

Vegetación rupícola

La accidentada topografía del archipiélago favorece el establecimiento y desarrollo de una serie de comunidades rupícolas caracterizadas florísticamente por su alto grado de endemicidad. Una parte de ella está determinada por la abundancia de especies de la familia Crassulaceae destacando el género Aeonium, con numerosos endemismos insulares, y los géneros endémicos Greenovia, Monanthes y Aychryson, que alternan en estos hábitats con endemismos de los géneros Silene, Taeckholmia, Sideritis, Micromeria, etc. junto a éstos merece destacarse en estos paisajes accidentados la alta presencia de comunidades criptogámicas, briofíticas, liquénicas y pteridofíticas. (Véase la familia Crasuláceo, y los géneros Greenovia, Silene y Sideritis).

Vegetación hidrofítica

Sobre rezumaderos naturales empapados en la mayor parte del año, cursos de agua que discurren por los cauces de los barrancos más o menos continuadamente a lo largo del año, bocas de galerías de agua, lagunas seminaturales en terrenos arcillosos, presas, estanques artificiales, aljibes o represas de mampostería u hormigón armado, tanquetas, canales y acequias de la red de distribución de regadío, etc., se hallan instaladas la mayoría de las comunidades hidrofíticas detectadas, pertenecientes a las siguientes clases fitosociológicas de amplia distribución: Adiantetea, Lemnetea minoris, Potametea pectinati, Phragmitetea, Molinio-Arrhenatheretea, Ruppietea maritimae, Isoeto-Nanojuncetea, Charetea fragilis y Ceratophylletea.

Vegetación nitrófila

Las comunidades nitrófilas se hallan muy extendidas en los ambientes urbanos, agrícolas y de degradación de la vegetación potencial insular. Con la deforestación y la transformación del paisaje durante e inmediatamente después de la conquista de las islas, se produjo una.expansión de este tipo de vegetación cuyos elementos básicos proceden fundamentalmente del Mediterráneo y del vecino continente africano. Esta expansión se encuentra actualmente en fase de apogeo como consecuencia de la profunda transformación que sufre el archipiélago en base a un desarrollo agrícola y urbanístico que podemos considerar como desordenado y exento de una planificación acorde con el desarrollo que se está produciendo. Merece destacarse la creciente extensión de neófitos, principalmente de origen americano que incluso irradian hasta las zonas árido-secas del Mediterráneo, que actualmente constituyen de por sí elementos característicos de determinadas comunidades ruderal-nitrófilas. Este, por ejemplo, es el caso de Alternanthera caracasana, Eleusine indica, Euphorbia prostrata, Nicotiana glauca, Myrabilis jalapa, Argemone mexicana, Eschscholzia californica, Pennisetum setaceum, etc. (Véase Alternanthera, Nicotiana, Argemone, Eschscholzia y Pennisetum).

Bibliografía

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CEBALLOS, L.. y ORTUÑO, F.: Estudio sobre la vegetación y flora forestal de las Canarias occidentales. Santa Cruz de Tenerife, 1976.

A. Garmendia

Población

La Comunidad Autónoma de Canarias tiene una población aproximada de 1.968.280 habitantes (enero 2005) y una densidad de población de 227,52 hab/km². Si se tiene en cuenta que la densidad de población de España es de 80 hab/km², se puede decir que las Canarias es una Comunidad mucho mas poblada que la media española.

A pesar de la alta densidad, la distribución de la población entre las islas es muy desigual: Gran Canaria y Tenerife tienen más del 80% de los habitantes de las Canarias. La isla menos poblada es El Hierro, que tiene aproximadamente 8.000 habitantes.

El fenómeno que ha caracterizado tradicionalmente a la población canaria es la alta emigración. Desde el siglo XVI las Canarias ha estado poblada por gentes procedentes de muchos lugares de España (andaluces, gallegos, catalanes, extremeños, etc.), judíos, moriscos y población originaria de las Islas. Otro dato que no se puede olvidar es el gran número de canarios que emigraron al continente americano, sobre todo a Venezuela.

A partir de los años 70 del siglo pasado se produjo el regreso de un gran número de emigrantes que se establecieron fundamentalmente en Gran Canaria y Tenerife.

El cambio de modelo económico de base agraria por otro basado en el turismo, la construcción y los servicios, así como la creciente importancia de las capitales insulares, en las décadas centrales del siglo pasado, dio lugar a una profunda redistribución de la población canaria.

La población se trasladó desde las tierras interiores a la franja litoral y, en las islas mayores, desde la vertiente norte hacia la sur, ya que allí se desarrollaron los nuevos cultivos de exportación y se construyeron las urbanizaciones turísticas, con la extensión de las modernas infraestructuras: autopistas, puertos y aeropuertos. Al mismo tiempo, también se dio un proceso creciente de atracción hacia las áreas urbanas de Tenerife y Gran Canaria.

Todo ello ha provocado la ocupación de nuevos espacios, vacíos en el pasado, la reducción de las diferencias entre la zona norte y sur de cada isla, la aceleración del proceso de urbanización y el rápido envejecimiento de la población de las islas con mayor peso agrícola, fundamentalmente las de la provincia occidental.

La Comunidad de las Islas Canarias está dividida en dos provincias, Las Palmas que contiene las islas de Gran Canaria, Fuerteventura y Lanzarote, y Santa Cruz de Tenerife que comprende las islas de Tenerife, La Gomera, La Palma y El Hierro. Además, cada isla posee unidad administrativa y está gobernada por un cabildo insular.

Economía

Hasta hace pocos años la principal actividad económica de la Comunidad Autónoma de las Islas Canarias era la agricultura. Hoy día, la economía canaria se caracteriza por el progresivo dominio del sector terciario frente a los otros sectores económicos.

En la actualidad, el 74,6% de la riqueza canaria viene del sector terciario, fundamentalmente del turismo y actividades relacionadas con él.

Sector primario

Las actividades del sector primario dominaban el total de la economía hasta mediados del siglo XX; poco a poco fueron reduciendo su importancia económica y la gente que trabajaba en este sector se fue desplazando hacia sectores como el turismo, la construcción y los demás servicios.

Agricultura

La tierra de cultivo sólo ocupa el 10% de la superficie de las Islas, debido al relieve accidentado o a la extrema aridez de algunas zonas. La mayor parte de los cultivos son de secano (cebada, trigo, vid y patatas o papas, de las que se obtienen muchas variedades).

Los cultivos de regadío son especializados y están dirigidos a la comercialización en el resto de España; los más extendidos son plátanos, tabaco y tomates . En los últimos años se ha iniciado la exportación de frutas tropicales (aguacates, piñas o mangos) y otros cultivos de invernadero.

Ganadería

La ganadería es muy escasa en la Comunidad de las Canarias, debido a la escasez de pasto. Sólo puede destacar el ganado caprino que se destina fundamentalmente a la elaboración de quesos.

Pesca

Durante los años 80 del siglo pasado desaparecieron los dos factores sobre los que se desarrolló históricamente el desarrollo pesquero canario: la proximidad de los lugares de pesca y la libertad de acceso a los mismos.

En la década anterior, los países África occidental muy cercanos al Banco Pesquero Canario-Sahariano extendieron la aplicación del nuevo derecho internacional del mar sobre sus aguas y acabaron con aquellos factores estratégicos. Esto supuso el inicio de la ruina de la industria conservera de pescado, importante hasta entonces en varias de las islas.

Pese a todo, es la segunda región pesquera española con más de 100.000 toneladas de capturas al año.

Sector secundario

La industria canaria está ligada al sector agroalimentario. Además de las de derivados de la pesca, existen otras de elaboración de bebidas y conservas.

La industria más importante en los últimos 50 años es la fabricación de cigarrillos negros y cigarros puros, aunque ha sufrido un ligero retroceso en los últimos tiempos.

La instalación industrial más grande de la región es la planta de refinado de petróleos que la empresa CEPSA posee en Santa Cruz de Tenerife; es la de mayor capacidad de España y abastece a numerosos clientes, entre los que se encuentran algunos países africanos.

Otras industrias que tienen importancia en la industria canaria son la de la energía y las potabilizadoras.



Sector terciario

El sector terciario ocupa un papel muy destacado por la fuerte expansión que ha tenido en las últimas décadas el sector turístico.

Así mismo, el turismo ha supuesto volver a dar la vida a las poblaciones de la costa y la creación de grandes complejos turísticos (playa de los Cristianos o de las Américas en Tenerife o Maspalomas en Gran Canaria, entre otras).

Actualmente hay aproximadamente 44.000 establecimientos hosteleros, de los que una buena parte son hoteles, con unas 230.000 plazas. Las islas de mayor actividad turística son Gran Canaria, Tenerife, Lanzarote y, últimamente, Fuerteventura. Hierro, La Gomera y La Palma apenas participan de este fenómeno. La mayor parte de los turistas son españoles (30%), seguidos de alemanes y británicos.

Las comunicaciones interiores de todas las islas se desarrollan por carreteras (no existe ferrocarril) que deben sortear, en muchos casos, una complicada orografía.

Tenerife y Gran Canaria han desarrollado un sistema de autovías que ha cambiado el espacio y ha facilitado las comunicaciones. El resto de las islas sigue teniendo una deficiente red viaria.

El transporte aéreo ha tenido un rápido crecimiento; actualmente lo usan en torno a 5.000.000 de pasajeros cada año. El tráfico procede del resto de España y, en vuelos <>NOTA Avión puesto en vuelo por particulares u organizaciones turísticas.>>chárter<>/NOTA>>, de Europa.

Los vuelos interiores son frecuentes y muy utilizados por los habitantes de todas las islas, a excepción de La Gomera que no posee aeropuerto y se comunica con Tenerife a través de un ferry. La isla de Hierro admite un tráfico de aviones muy pequeños, por lo que sólo está comunicada por aire con las otras islas.

Los principales aeropuertos son el de Gando (Gran Canaria) y los dos de Tenerife (Los Rodeos y el Reina Sofía, llamado habitualmente el del Sur).

El comercio marítimo es muy importante dado que la casi totalidad de las mercancías importadas o exportadas se transportan por cargueros en los principales puertos. Los más importantes son el de Santa Cruz de Tenerife y el de Las Palmas de Gran Canaria. La actividad comercial se ve favorecida por el régimen especial aduanero.

Historia

Entre la leyenda de la Atlántida y el mito del Jardín de las Hespérides, Canarias ha sido considerada un pequeño paraíso en el Atlántico. Desconocidas durante siglos, aún hoy ignoramos mucho de su devenir histórico, especialmente de la época anterior a la conquista castellana. Por su posición geográfica el archipiélago resultó un enclave de vital importancia en la relación de Castilla con sus territorios de Ultramar.



Prehistoria

No ha resultado fácil para los historiadores establecer cuándo y cómo llegaron los seres humanos al archipiélago canario y, en algunos casos, la polémica aún continúa. La primera invasión de grupos de hombres y mujeres de Cromagnon, del tipo afroatlántico, pudo producirse hacia el 2500 a.C. (aunque algunos autores retrasan esta llegada hasta el 500 a.C. o incluso hasta el cambio de Era). La cronología del Cromagnon afroatlántico no coincide con la del europeo, que se dató en épocas más antiguas. En cualquier caso, los primeros pobladores de las islas vivieron en cuevas naturales, fabricaron herramientas de piedra, practicaban la agricultura y la ganadería y conocían la elaboración de objetos cerámicos, es decir, se encontraban en una fase de neolitización tardía.



Véase España, Historia de (01): Prehistoria.

A esta primera invasión le siguieron otras migraciones de grupos humanos eneolíticos de diferentes características que escogieron como destino cada una de las islas, de manera que cada una de ellas tuvo una realidad cultural diferente dependiendo del bagaje técnico y espiritual de dichos colectivos que pronto emprendieron el mestizaje con los Cromagnon. Así, Gran Canaria tuvo un desarrollo ligeramente más avanzado que otras islas del archipiélago, como demuestra el hecho de que se hayan encontrado cuevas talladas artificialmente que se usaban como viviendas o como lugares de enterramiento y que en algunos casos se decoraron con pinturas o grabados geométricos, como los de Gáldar (también se realizaron este tipo de grabados en La Palma y El Hierro); ídolos antropomorfos y de carácter fálico o pintaderas, una especie de sellos para realizar tatuajes, cuyos símbolos iconográficos podrían tener relación con la jerarquización social del grupo. En esta isla también se han hallado restos de viviendas con muros de piedras, que también se construyeron en Lanzarote, y túmulos sepulcrales, ya que los recién llegados practicaban los enterramientos colectivos y el culto a los muertos. Los cadáveres eran sometidos a un proceso de momificación similar al que llevaban a cabo los egipcios, aunque sin llegar a sus extremos de sofisticación. Los primitivos canarios adoraban a divinidades naturales y desarrollaron una complicada mitología. En Gran Canaria, existieron almogarenes o adoratorios, así como harimaguadas, que eran mujeres dedicadas al culto que vivían en Umiaga y Tirma. En cuanto a la organización social, las islas orientales tuvieron una mayor jerarquización, mientras que las occidentales estuvieron más ligadas al régimen tribal o clánico. En Tenerife y Gran Canaria había reyes que se denominaban mencey y guanarteme, respectivamente. El guanarteme gobernaba con la ayuda del tagóror o consejo de guerreros, a quienes se llamaba guaires. El armamento de estos guerreros consistía en lanzas, jabalinas y bastones cuyas puntas se endurecían con el fuego, aunque lo que les dio notoriedad en sus contiendas con los conquistadores castellanos fue su habilidad como lanzadores de piedras o bolas. A pesar de que los canarios conocían la agricultura (el tradicional gofio ya existía en aquella época), la falta de herramientas adecuadas para roturar, así como la dificultad que implicaba el regadío por la escasez de agua potable, hicieron que decayeran las actividades agrarias en beneficio de la ganadería ovina, porcina y caprina, cuyas pieles utilizaban como vestido. Mientras que en las islas occidentales las cuevas eran las únicas viviendas, en las islas orientales se construyeron poblados y aldeas con casas de piedra y chozas de otros materiales. Este fue el panorama que encontraron los primeros expedicionarios europeos.



Véase España, Historia de (02): 1000 a.C.-218 a.C.

Edad Antigua

Apenas quedaron restos arqueológicos de aquella época, sin embargo, en las fuentes escritas se mencionó al archipiélago canario de diferentes maneras. Puede que los primeros en conocerlas fueran los navegantes tartésicos o fenicios y que a través de ellos las conocieran los poetas griegos que en sus mitologías las describieron como el Jardín de las Hespérides, al que viajó Heracles para realizar uno de sus doce trabajos, concretamente el de conseguir una de las manzanas de oro que se cultivaban en dicho jardín. Los escritores romanos les pusieron el nombre de Afortunadas (insulae fortunatae), epíteto con el que aún se designa a las Canarias. En el s. I d.C., Plinio mencionó una exploración ordenada por Juba, rey de Mauritania y protegido de Augusto, mientras que el geógrafo Ptolomeo las consideró un siglo después el extremo del mundo. Los únicos restos materiales de aquellos siglos son unas ánforas de época tardorromana (ss. III-IV) que se encontraron en el fondo de las costas de la isla Graciosa.



Véase España, Historia de (03): 218 a.C.-415 d.C.

Edad Media

Poco o nada se sabe de las Islas Canarias durante la Alta Edad Media, aunque es posible suponer que los musulmanes las conocieron, les dieron el nombre de kadalat o tierra dura, y las visitaron. Uno de los hitos históricos más relevantes para Canarias se produjo en el s. XIII cuando diferentes avances técnicos como el timón o la brújula, permitieron la navegación de altura. Los europeos establecieron contacto con el archipiélago en el s. XIV, ya fuera para establecerse como colonos y misioneros o para realizar expediciones de piratería en busca de botín y de esclavos para abastecer los mercados del viejo continente. El primero de estos expedicionarios fue el genovés Lancelotto Malocello que arribó a la isla a la que dio nombre en el primer tercio del s. XIV. En los años cuarenta de aquel siglo se suceden las expediciones de portugueses, genoveses como Angiolino del Tegghia de Corbizzi, mallorquines y catalanes como Francisco des Valers y Domingo Gual. Enterado el papa Clemente VI de la existencia de estas islas y teniendo en cuenta su teórica potestad sobre los territorios de infieles, convirtió el archipiélago en reino y se lo entregó al infante castellano Luis de la Cerda, con el título de príncipe de Fortuna, con la única condición de que llevase a cabo la evangelización de las islas. Al nuevo príncipe le faltaron apoyos tanto económicos como militares, de manera que no pudo afrontar la conquista. Mejor fortuna tuvo una iniciativa de misioneros mallorquines que consiguieron que Clemente VI crease en 1351 el obispado de Fortuna, cuyo primer titular fue un fraile llamado Bernardo. La sede de la diócesis se estableció en Telde (Gran Canaria) donde sobrevivió por espacio de cincuenta años.



La expedición a Canarias de Béthencourt

Con el cambio de siglo se inició la conquista propiamente dicha, ya que en 1402 llegó a Lanzarote la expedición de Jean de Bethencourt, noble normando que contaba con el patrocinio de Robert de Braquemont y con el beneplácito de Enrique III de Castilla. Su andadura por el archipiélago quedó registrada en el libro Le Canarien escrito por dos de sus acompañantes: Pierre Boutier y Jean Le Verrier. Bethencourt construyó el castillo de Rubicón al sur de la isla y estableció negociaciones con el caudillo Guardafía, con el que firmó un tratado de paz. La conquista de Fuerteventura, sin embargo, le resultó más conflictiva, ya que los indígenas presentaron batalla.

Béthencourt inauguró con su viaje lo que se ha venido a denominar la Era de los Descubrimientos, pero al mismo tiempo, su expedición se encuadró en una época en la que gustaban las aventuras insólitas, las empresas azarosas y las fábulas sobre tierras lejanas y exóticas. Teniendo esto en cuenta, la expedición e Béthencourt no fue contemplada en su época como algo extraño o digno de un loco, más bien respondería a un sentimiento muy extendido; por otro lado, Béthencourt ya había tenido alguna experiencia marinera y es posible que su peligrosa situación económica, acosado por los acreedores, acabara por deciderle a la hora de emprender semejante aventura. Un último motivo que pudo impulsar a Béthencourt a emprender viaje, fue un oscuro suceso que ocurrió en 1401; en esta fecha, Jean de Béthencourt junto con Robert Cassel y algún otro aliado, se apoderó de una barcaza inglesa, lo que realizado en tiempos de paz con los ingleses, fue considerado como un acto de piratería y sus protagonistas fueron puestos fuerea de la ley. No está claro si Béthencourt participó en estos hechos antes de tener decidida su expedición, y por lo tanto ellos le impulsaron a marchar, o por el contrario, ya tenía decidada su partida y sabiéndose a salvo de la justicia en territorio tan lejano, realizó dicho acto de piratería bien para enriquecerse, bien para completar sus abastos.

Las islas Canarias poseían dos cosas por las cuales se justificaban los riesgos de la expedición, por un lado esclavos, que se conseguían fácilmente debido a lo atrasado de la sociedad indígena, el otro producto de interés era la orchilla, planta de la cual se extraía un apreciado tinte, lo cual era especialmente significativo en el caso de Béthencourt, ya que Grainville se encontraba ubicada en la mayor zona dedicada a la industria textil de toda Francia. Béthencourt fue ante todo un colonizador, y ello es precisamente lo que le diferencia de las expediciones anteriores de comerciantes o tratistas de esclavos, los cuales llegaban a las islas cogían la mercancía que buscaban y se marchaban, Béthencourt sin embargo buscaba convertir el territorio en su propiedad y explotarlo junto a los indígenas, parece que no persiguió directamente el comercio de esclavos, ya que le interesaba la mano de obra indígena, y que cuando ésta se dio fue debido a las consecuencias de la guerra de conquista y a la aparición de prisioneros de guerra.

Las islas Canarias carecían de dueño a la llegada de Béthencourt. No obstante, el 15 de noviembre de 1344, el papa Clemente VI concedió la propiedad de las mismas a Luis de la Cerda; pero dicha cesión nunca había llegado a consumarse ya que este príncipe carecía de los recursos necesarios para hacerla efectiva, por lo que el papado podía conceder las islas a un nuevo dueño. Debido a que el interés del monarca castellano era manifiesto, a Béthencourt sólo le hacía falta el apoyo del pontificado, pero daba la casualidad de que en esos momentos, su primo, Robin de Braquemont era el jefe de la guardia pontificia de Aviñón, un importante puesto desde el cual logró el consentimiento papal para la empresa.

A lo largo de 1403 Jean IV de Béthencourt mantuvo contactos con el rey de Castilla, Enrique III, con el objeto de obtener el apoyo real para sus planes. Béthencourt ofreció a Enrique III el vasallaje de las islas a cambio de su ayuda material en la expedición, y con ello se ganó el apoyo del rey.

Una vez que obtuvo el permiso del papado y del rey de Castilla, Béthencourt inició los preparativos para la conquista de las islas. Reclutó a un competente grupo de soldados y marineros, en total unos doscientos cincuenta hombres, procedentes en su mayor parte de Normandía. Entre este contingene de tropas se encontrarían, quizá como capitanes, algunos miembros de su familia; también se incorporaron a la expedición diversos miembros de la nobleza menor de normanda. Como clérigo de la expedición fue Jean Le Verrier, capellán de Béthencourt y posiblemente el autor de la crónica de la conquista, Le Canarien, escrita por él mismo y por Pierre Boutier.

Parece ser que Jean de Béthencourt padecía algún tipo de enfermedad o tenía alguna deficiencia por lo que el uso de las armas no le era demasiado propicio, por ello, y por ser su objetivo la explotación política y comercial, necesitaba a un capitán que dirigiese a sus expedicionarios, para el cargo eligió a Gadifer de la Salle, al que probablemente conociese durante el período que ambos sirvieron al duque de Anjou.

La figura de Jean de Béthencourt y la de su capitán Gadifer de la Salle, no podían ser más diferentes, mientras que Béthencourt pertenecía a una de las familias más antiguas de Normandía, por lo que tenía numerosos y poderosos aliados por toda Francia, y no había tenido una carrera militar destacada, más bien se había dedicado a la política; Gadifer, pese a que también era noble, no contaba con semejantes apoyos por pertenecer a la baja nobleza y su ascenso social se debía a sus propios méritos, los cuales pese a que parece ser que fueron grandes, no le bastaron para abandonar la pobreza.

Jean de Béthencourt convenció de alguna manera a Gadifer de la Salle para que fuese el capitán de su expedición, pero nunca llegaron a firmar ningún tipo de contrato, lo que posteriormente supondrá un motivo de conflicto entre ambos. Parece ser que Gadifer se fió de la palabra dada por Béthencourt y no creyó necesario la firma de ningún documento. Gadifer abandonó el puesto que por entonces ocupaba como senescal de Bigorre y puso su escasa fortuna en manos de Béthencourt y su expedición, sin tener asegurado ningún tipo de beneficio de la misma. Gadifer reclutó en Bigorre numerosos hombres de armas para la expedición; también armó y dotó un navió, en lo que empleó su fortuna y que naufragó antes de alcanzar las Canarias. A partir de 1404 las relaciones entre los dos jefes de la expedición se fueron deteriorando hasta el extremo de que Gadifer emprendió de forma prematura el regreso a Francia.

La expedición desembarcó en Lanzarote en 1402, donde Béthencourt construyó el castillo de Rubicón, sede de la diócesis rubicense, al sur de la isla, y estableció negociaciones con el caudillo Guardafía, con el que firmó un tratado de paz. La conquista de la isla no fue complicada, ya que los indígenas no presentaron batalla. No ocurrió lo mismo en Fuerteventura, donde la expedición encontró una fuerte oposición. Parece ser que en este momento Béthencourt regresó a la península en busca de refuerzos, sobre todo más soldados, ya que de los doscientos cincuenta que partieron sólo la mitad habían logrado llegar a Lanzarote, y de estos muchos había perecido ya. Al regreso de Béthencourt se emprendió la conquista de Fuerteventura, probablemente fuese 1404 cuando lograron acabar con la fuerte resistencia de los mahoreros, dirigidos por los reyes Guize de Maxorata y Ayoze de Jandía. Posteriormente pasó a El Hierro, la última de las islas del archipiélago conquistadas por el expedicionario normando. La Gomera fue conquistada hacia 1430, pero ni Béthencourt ni sus sucesores pudieron aprovecharse de Gran Canaria, La Palma y Tenerife, las más grandes y ricas islas del archipiélago y de las únicas que podría haberse obtenido importantes beneficios. Antes de la conquista de El Hierro, Béthencourt trató de conquistar Gran Canaria, pero se ignora el motivo por el cual no completó la conquista y se retiró.

A la muerte de Jean de Bethencourt, el señorío de las islas de Lanzarote, Fuerteventura y El Hierro pasó a manos de su sobrino Maciot de Bethencourt, quien a su vez vendió el señorío al conde de Niebla, aunque conservo la tenencia. Por otro lado, Juan II otorgó el señorío de las islas sin conquistar a don Alfonso de las Casas, de quien pasó a su hijo Guillén de las Casas que adquirió el señorío de las islas anteriormente citadas al comprárselas al conde de Niebla. Su hija, Inés de las Casas y su yerno, Fernán Peraza el Viejo llevaron a cabo la conquista de La Gomera, mientras que la hija de ambos, Inés Peraza y su marido Diego Herrera acometieron la incorporación de las islas mayores, pero se encontraron faltos de apoyo y de recursos económicos. Aún así, consiguieron que los reyes de Gran Canaria y Tenerife les rindieran vasallaje en 1461 y 1464, respectivamente. Casi simultáneamente a la conquista, surgió el enfrentamiento entre portugueses y castellanos por el dominio del archipiélago, de vital importancia estratégica para las pretensiones de don Enrique el Navegante de rodear el continente africano para controlar la ruta marítima del comercio con Extremo Oriente. La primera crisis tuvo lugar en 1448, cuando Maciot de Bethencourt vendió la tenencia de Lanzarote a don Enrique, quien colocó como gobernador de la isla a Antâo Gonçalves. Este acontecimiento originó una revuelta conjunta de castellanos e indígenas que obligó a los portugueses a abandonar la isla. En 1459, a pesar de la paz firmada entre Alfonso V de Portugal y Enrique IV de Castilla, Diego da Silva de Meneses arrasó Lanzarote, con lo que pudo provocar un grave incidente diplomático entre los dos reinos. En 1478 los Reyes Católicos decidieron que la corona se implicase en la conquista de las islas mayores, de manera que se indemnizó a los Herrera-Peraza y se nombró a un capitán, Pedro de Vera que comenzó la conquista de Gran Canaria donde paulatinamente fue capturando a los distintos guanartemes. La conversión del guanarteme de Gáldar, que tomó como nombre cristiano el de Fernando de Guanarteme, dio un gran impulso a la empresa conquistadora, ya que Fernando colaboró activamente tanto en las campañas militares como en tareas negociadoras. A pesar de que los combates de Bentaiga, Titana y Fataga no fueron favorables a los castellanos, en 1484 terminó la conquista de Gran Canaria al tomar la fortaleza natural de Ansite. 1493 fue el año en que se incorporó La Palma, gracias a la intervención de una indígena palmera llamada Francisca Gazmira que participó en las negociaciones. Alonso de Lugo, el segundo capitán nombrado por los Reyes Católicos, se encargó de conquistar Tenerife, empresa que logró entre 1494 y 1496, a pesar de las primeras derrotas en Acentejo y la laguna de Aguere. En cuanto a la cristianización del archipiélago, el cisma de Occidente también tuvo su repercusión en las islas, ya que Benedicto XIII concedió el nuevo obispado a Jean de Bethencourt, ubicado en la ciudad de Rubicón, mientras que Martín V creó la diócesis de Fuerteventura en 1424. Con la solución del cisma terminó esta situación y se volvió a la unidad. La preocupación de los misioneros canarios y de los papas de la época era evitar el comercio de esclavos, puesto que dificultaba el proceso de evangelización.



Véase España, Historia de (04): 415-711.
España, Historia de (05): 711-1492.
España, Historia de (06): 711-1212.
España, Historia de (07): 1217-1470.

Edad Moderna

A la etapa de conquista siguió ya en el s. XVI la de completa colonización y la de institucionalización del territorio. El archipiélago quedaba dividido en islas de señoríos e islas de realengo, lo cual creó dos realidades diferentes. Por ejemplo, resultó más difícil atraer población a las tierras de señorío, puesto que sus habitantes estaban obligados a satisfacer una serie de prestaciones que no tenían los de las islas de realengo. Tampoco en aquellas islas de realengo fue sencillo el proceso colonizador, ya que tuvieron que competir con la repoblación del reino de Granada, recién conquistado por los Reyes Católicos, y con la conquista y colonización de América. Para atraer a la población hacia las tierras canarias, los monarcas las dotaron de un régimen fiscal privilegiado ya que sus habitantes no tendrían que pagar alcabalas ni almojarifazgo. En cuanto a la organización municipal, para evitar disputas de términos, se estableció un municipio en cada isla. En cada municipio se estableció un Concejo o Cabildo, cuyo ayuntamiento estaba formado por los alcaldes, los regidores (oficiales de la corona), el mayordomo, el personero, el escribano y el alguacil mayor, oficios que fueron copando las oligarquías locales. En 1494 se otorgó a Gran Canaria un Fuero de la familia del fuero de Sevilla, aunque más que un fuero en el sentido tradicional, se trató de unas ordenanzas que regulaban la vida cotidiana en la ciudad. Así mismo se establecieron dos gobernadores en las islas de Gran Canaria y Tenerife, para asegurar la estabilidad del territorio recién incorporado a la corona. Las ciudades del archipiélago vieron multiplicarse su población con inmigrantes llegados principalmente de Andalucía, aunque también se establecieron minorías procedentes de Génova, Alemania, Flandes, Portugal, Francia e Irlanda. Las luchas entre los señoríos obligaron al rey a crear la Real Audiencia, institución superior de gobierno sobre todas las islas y aunque en principio es sólo un Tribunal de apelación, pronto realizó tareas gubernativas. Los continuos asaltos piratas hicieron surgir la figura del Capitán General en 1589, aunque esta medida resultó tan impopular, que se eliminó tal cargo en 1594. La milicia y la marina regional lograron contener el ataque de sir Francis Drake en 1595, pero no pudieron evitar que Van der Does incendiase y saquease Las Palmas de Gran Canaria en 1599. En el terreno económico, los primeros años estuvieron marcados por el cultivo de caña de azúcar y la producción vinícola que era muy apreciada en Inglaterra. Los abusos por parte de los comerciantes que traficaban con América dieron lugar a la creación de los Jueces de Indias, dependientes de la Casa de Contratación de Sevilla en 1560. Sin embargo, ante la falta de unidad de criterios de estos Jueces, se hubo de nombrar un Juez Superintendente de Indias en 1657.



Véase España, Historia de (08): 1470-1558.
España, Historia de (09): 1556-1598.
España, Historia de (10): 1598-1700.

El cambio dinástico encontró en Canarias la decadencia señorial y el estancamiento de la vida municipal. Felipe V estableció una nueva institución: la Intendencia, que si bien no sustituyó a los corregidores, sí tuvo bajo su mano al juez de Indias. Las oligarquías canarias entorpecieron su trabajo siempre que pudieron, ya que la nueva institución significaba renunciar a parcelas de poder en favor de la monarquía. Los intentos por revitalizar las instituciones municipales pasaron por la creación de diputados del Común, por multiplicar los núcleos de población y por suprimir los regidores perpetuos. Estos intentos democratizadores apenas sirvieron de nada, puesto que las oligarquías isleñas se adaptaron al liberalismo para seguir dominando la vida política y económica. En el plano económico, las islas sufrieron un importante revés en 1703 cuando Inglaterra y Portugal firmaron el tratado de Methuen, en virtud del cual Inglaterra se comprometía a consumir únicamente el vino producido por Portugal. Carlos III fundó durante su reinado la Universidad de La Laguna. El siglo XIX inauguró la rivalidad ya tradicional entre Tenerife y las Palmas. En 1808, al estallar la Guerra de la Independencia se creó en Tenerife la Junta Suprema de Canarias, que destituyó al Comandante General. En Gran Canaria no se aceptó que la isla vecina se adjudicara tales competencias, de manera que se estableció el Cabildo General Permanente. Entonces se originó el conflicto por la capitalidad de la provincia. La segunda mitad del s. XIX vio nacer el Partido Canario y los dos periódicos vinculados con él: El Porvenir de Canarias y El Despertar Canario. En 1852 se produjo la primera división del archipiélago en dos provincias, cada una con un subgobierno. En la misma fecha se otorgó el Decreto de Puertos Francos, para revitalizar la economía canaria que había quedado maltrecha tras el tratado de Methuen. La división provincial tuvo una vida efímera, ya que en 1854 el capitán General, que no aceptaba la partición, estableció la Junta de Las Palmas. La Vicalvarada tuvo una gran acogida en Gran Canaria, y la llegada de la I República impulsó la vida política de las islas, con la creación de nuevos partidos, por ejemplo una sección canaria participó en la I Internacional. El principal garante de la Restauración monárquica en las islas fue don Fernando León y Castillo. En las Canarias Orientales predominaba el elemento liberal, mientras que las islas Occidentales se inclinaban por el partido conservador. León y Castillo trató de que se olvidaran los pleitos por la capitalidad durante el difícil período de la minoría de Alfonso XIII, para lo cual se sirvió del caciquismo presente en el archipiélago como en el resto de España.



Véase España, Historia de (11): 1700-1808.
España, Historia de (12): 1808-1874.

Edad Contemporánea

El siglo se inauguró para Canarias con la Ley de Cabildos de 1912, que mantenía la unidad provincial, pero creaba circunscripciones electorales de ámbito insular, de manera que se le restaban competencias a la Diputación Provincial. Los fenómenos de capitalización de la economía y urbanización hicieron surgir nuevos partidos y, en especial, nuevas organizaciones sindicales vinculadas al anarcosindicalismo presente en toda España. La Dictadura de Primo de Rivera dejó momentáneamente en suspenso la evolución política democrática, pero bajo su gobierno se promulgó en 1925 el Estatuto Provincial que ponía fin a la Diputación Provincial y creaba la Mancomunidad Provincial Interinsular que aglutinaba a todos los cabildos insulares. Así mismo, dos años más tarde, en 1927 un Real Decretó estableció la Provincia de Las Palmas. En las elecciones de 1931, gran parte de los municipios canarios ni siquiera votaron a sus representantes, pues se aplicaba lo dispuesto en el artículo 29º de la Ley Electoral de 1907, que establecía la designación automática para aquellos municipios en que los candidatos no tuvieran un número superior al de los cargos elegibles. Las Palmas fue una de las pocas capitales de provincia en que no triunfaron los partidos republicanos, sin embargo, se acepto la II República con especial agrado entre los sectores sociales más comprometidos con ideas socialistas o sindicalistas, mientras que las oligarquías urbanas se preparaban para una nueva adaptación en su intento de mantener el status quo. El primer gobierno republicano permitió un enorme desarrollo de las organizaciones de trabajadores, pero el triunfo en 1933 de los partidos de derechas frenó los logros sindicales y en algunos casos se volvió a situaciones anteriores a la República: se aumentó la jornada laboral, se bajaron los salarios y se redujeron las tareas agrícolas. Esta situación no hizo sino añadir tensión a un gobierno bastante inestable. En las elecciones de febrero de 1936, el Frente Popular triunfó en las dos provincias canarias y durante su efímero gobierno, se trató de recuperar los logros sociales que se habían conseguido en el 31. Las oligarquías canarias se plantearon que la única solución a tal estado de cosas era un golpe autoritario.



El 17 de Julio de 1936, el general Franco, que había sido destinado en Canarias por el nuevo gobierno, voló en el Dragon Rapide hasta Melilla donde estalló el Alzamiento militar. Desde los primeros momentos, los militares destinados en el Archipiélago se pusieron a las órdenes de los generales rebeldes e instalaron un gobierno autoritario en las islas con el consentimiento y el apoyo de las clases altas. Teniendo en cuenta la baja conflictividad social, la represión franquista fue en todo punto desmesurada. Las clases dominantes delegaron el poder en el nuevo régimen a cambio de que se favorecieran sus intereses económicos por encima del bienestar social. Esta situación se mantuvo hasta los años 60, en que apareció de nuevo la protesta trabajadora dadas las desigualdades en el reparto de la riqueza.

Véase España, Historia de (13): 1875-1931.
España, Historia de (14): 1931-1939.
España, Historia de (15): 1939-1975.

La Comunidad Autónoma actual

En 1982 se otorgó el Estatuto Autonómico de Canarias que estableció los siguientes órganos de gobierno: un Parlamento con sede en Santa Cruz de Tenerife, un Consejo Consultivo Canario ubicado en La Laguna, un Tribunal Supremo residente en Las Palmas y un Presidente que traslada su residencia de una capital a otra en cada período electoral. Con esta fórmula de capitalidad compartida se ha llegado a una solución de compromiso al problema de la rivalidad histórica entre Santa Cruz y Las Palmas. El Gobierno Autonómico tiene funciones administrativas y ejecutivas, así como potestad reglamentaria, además de ser el encargado de planificar la política regional.

Uno de los problemas a que ha debido enfrentarse la Comunidad Canaria fue la peculiar situación fiscal y económica del archipiélago frente a la incorporación a la Comunidad Europea. El Parlamento Canario aprobó la entrada en la comunidad exceptuando las políticas fiscales y aduaneras comunes en lo que se conoció como Protocolo II. En 1997 volvió a surgir la polémica con respecto a la integración de España en el mando de la OTAN como miembro de pleno derecho, puesto que se especulaba con la posibilidad de que el mando militar sobre Canarias quedase en manos de los portugueses.

En los comicios autonómicos celebrados el 25 de mayo de 2003, CC repitió victoria con 21 escaños, PSC obtuvo 18, PP, también 18, Federación Nacionalistas Canarios (FNC) 3. Se firmó pacto de gobierno CC-PP.



Véase España, Historia de (16): 1975-1982.
España, Historia de (18): 1982-1996.

Bibliografía

AZCÁRATE RISTORI, J.M. (Ed) Canarias. Madrid: Fundación Juan March, 1984.
BETHENCOURT Y MASSIEU, A. DE. Historia de Canarias. Las Palmas: Cabildo Insular de Gran Canaria, 1995.
LÓPEZ HERRERA, S. Las Islas Canarias a través de su Historia. Madrid: Feran, 1972.

EAH

Arte y Cultura

Ejemplos del arte prehispánico han quedado por todas las islas en forma de grabados e insculturas geométricas, así como de cuevas decoradas con pinturas de motivos igualmente geométricos. El resto de los materiales prehispánicos como el petroglifo de la Cueva de la Zarza, el ídolo de Tara, las figuras femeninas o los bastones de mando se encuentran en los museos de la comunidad. Los españoles trajeron al archipiélago el estilo gótico y en él se construyeron la Catedral de Las Palmas, San Juan de Telde o la casa de Colón. También a este estilo pertenecen el retablo de San Juan de Telde, las vírgenes de la Peña y del Pino o el Cristo de la Laguna. En el s. XVI se levantaron las iglesias de la Concepción en La Laguna, del Salvador en Santa Cruz de La Palma el palacio episcopal de Las Palmas. El Manierismo no ofrece grandes obras arquitectónicas, aunque sí resulta impresionante la proliferación de artesonados mudéjares en aquella época. Un elemento muy peculiar del arte canario son los ajimeces, o balcones cerrados con trabajadas celosías.



En cuanto a la arquitectura barroca, cabe destacar San Agustín de la Orotava, la iglesia de San Marcos de Icod, la basílica del Pino, San Francisco de Borja o el Palacio Episcopal de La Laguna. Aunque gran parte de la imaginería barroca fue importada, no hay que olvidar los nombres de pintores y escultores canarios del s. XVII como B. García Ravelo, A. de Ortega, G. de Quevedo, C. Hernández de Quintana, Lorenzo de Campos, L. González de Ocampo, C. Acosta o J. de Miranda. En el Neoclasicismo destacaron F. Estevez y L. de la Cruz y Ríos. Los arquitectos más sobresalientes del s. XIX fueron M. de León y Falcón y M. de Oraá. En aquel siglo el paisajismo tuvo varios representantes como N. Alfaro, V. Sanz o M. González Méndez. El s. XX amplía enormemente la nómina de artistas canarios, especialmente si se tiene en cuenta la proliferación de distintos movimientos artísticos como las vanguardias. Sirvan como ejemplo las obras de V. Macho, P. Serrano, F. Borges, Néstor, A. Romero, M. Martín González y un largo etcétera.



Las primeras manifestaciones literarias de las islas fueron las endechas, que ya en época prehispánica eran cantadas por los primitivos canarios. Abreu Galindo fue el primero en tratar de ellas. En el Renacimiento aparecieron las obras poéticas de B. Cirasco y J. de Anchieta. El siglo XVII brindó autores como A. de Viana, Núñez de la Peña o Marín y Cubas. Como en otras regiones españolas, la creación de la Sociedad de Amigos del País revitalizó el panorama cultural. El principal artífice de la recuperación fue el Marqués de San Andrés, acompañado por escritores como J. de Viera y Clavijo y J. Clavijo y Fajardo. Las primeras revistas de literatura aparecieron en pleno Romanticismo: El Atlante y La Aurora, en cuyas páginas publicaron R. Murphy, Ventura Aguilar, López Botas o P. Romero y Palomino. A estas iniciativas siguieron otras como El Museo Canario o Revista de Canarias. Antes de 1936 destacaron los escritos de D. Rivero González, L. Doreste Silva, M. Verdugo, T. Morales, entre otros. Dos revistas aglutinan lo mejor de las vanguardias: Hespérides y Cartones. La literatura de Postguerra ha brindado nombres como E. Serra Rafols, A. Lorenzo Cáceres y Torres, J. Artiles, A. Espinosa, F. Casanova, L. Alemany , etc. Mención aparte merece don Benito Pérez Galdós, posiblemente el canario más internacionalmente conocido por sus extraordinarias novelas y por sus Episodios Nacionales. Otra de las manifestaciones culturales más peculiares de canarias es el Carnaval de Tenerife, considerado, junto con los de Río de Janeiro y Venecia, como uno de los mejores del mundo. En el ámbito musical ha sobresalido internacionalmente el tenor Alfredo Kraus, que a juicio de los expertos tiene una técnica y una dicción casi perfectas.





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4 comentarios:

Rosna dijo...

Impresionante el trabajo que has logrado mi querido amigo , llevo 3 días disfrutando de tu isla , no has dejado ningún detalle sin investigar .
Un abrazo apretadito te envio desde mi isla .
y por supuesto te dejo un ramito de cosmos .
Rosna

Preste Juan dijo...

Querida Rosna:¡Sí, quedan detalles por contar! Buenos y malos. Espero tener tiempo para ir escribiéndolos.
No sabes cuanto agradezco tu compañía y el tiempo que le dedicas a mis entradas.
Es un honor.
Un gran beso.

Anónimo dijo...

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Anónimo:

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