martes, 30 de agosto de 2011

"Insulario", de Alonso Quesada/Desde Canarias-UN CRISTIANO QUE VUELA

Lefranc en las costas malagueñas.

 M. Lefranc es un aviador francés. Salió de Agadir una mañana y llegó a Las Palmas es su hidroavión cuatro horas después. La ciudad se ha visto honrada con este nuevo producto civilizador. Alguien ha dicho aquí no sé qué cosas de las carabelas de Colón y este aparato francés. Suponemos que los habrán comparado. Lo cierto es que M Lefranc llegó, voló y amerizó o acuatizó junto a un formidable cañonero español llamado "Recalde".
 El motor del aparato crujía sobre la ciudad y la ciudad entera se echó a la calle y llenó las azoteas. ¿Qué era aquello? Todos tenían un poco de miedo. Una mujer del pueblo dijo la frase decisiva: "Un cristiano con los brazos abiertos, volando".
 El señor Lefranc tiene, además de su avión, una barba perfectamente francesa. Ha cruzado entre los ingleses de la colonia con cierto orgullo galo. Pero los ingleses se han molestado no dándole importancia al viaje de M. Lefranc. Indudablemente, un tenedor de libros británico es mejor aviador.
 La ciudad canaria que no tiene generalmente nada en qué ocuparse, después de muerto el señor León y Castillo, se ha visto agitada de curiosidad y de interés por este avión. Un avión no es un huacal, o en todo caso un huacal que vuela, y los insulares que no han tenido la estupenda suerte de ver en otros sitios otros aviones pueden ya considerarse modernamente emocionados.
 Un avión volando sobre una ciudad sencilla donde no han volado aviones, es el más grande motivo emocional. Dijimos emoción moderna. Emoción de espacio ¿Y cómo sentirían entonces esta emoción los hombres que no han salido jamás de sus reboticas? ¿Estos hombres cuyo horizonte es un estante lleno de frascos blancos con letreros negros en abreviatura?
 El avión ha sido para esta pequeña ciudad, como la aparición de un cometa. Se ha mirado al hombre del avión que cruza las calles, como si tuviera una cola ruidosa, como si quisieran sacarle del bolsillo aquel aparato diabólico de prestidigitador, que resonaba tanto en el cielo. Todo el mundo se ha renovado con el avión menos los ingleses de la colonia.
 Los ingleses de la colonia ne necesitan el avión. Cada uno tiene un avión visto ya. Un avión inglés. Un avión más sereno que no hace ruido, como si tuviera el motor de caucho. Un motor gris, que va despacio, en silencio, sin perder el tono discreto que convierte a estos aviones. Y si M. Lefranc tiene un avión y una barba nutrida. Mr. Wood tiene otro avión y está afeitado. La barba puede ser demasiado lastre en caso de peligro. Ir afeitado en un avión es arrojar el lastre de antemano.

Cañonero  "Recalde" (tanto un nombre propio, como genérico de un tipo de crucero español), citado por el autor.

 Los ingleses han visto aviones. Además, aunque no los hubieran visto, "The Graphic", los trae fotografiados todas las semanas y es como si vieran de verdad y sin rumor. Por eso cuando en una oficina, estos noveleros empleados españoles sueltan la pluma y el "Diario", precipitadamente, y acuden a la la calle para ver el avión, Mr. Reeve, no se mueve de su asiento y dice: "Yo he visto un avión".
 Es bastante, claro está, ver un avión solo. Todos los demás son lo mismo. Mr. Reeve no quiere ver las cosas más que una vez. Viendo una sola cada vez, le queda tiempo para ver más cosas. Y la cosa es no perder el tiempo que es dinero. "Time is money".
 Pero el avión que iba a salir a los dos días está en puerto aún. No se puede marchar; M. Lefranc ha intentado elevarse cuatro días pero no ha podido salir. Mr. Reeve que lo sabe se ha sonreído y ha dicho: "Es la barba".
 Verdaderamente, la barba del aviador es un obstáculo. Parece como que se enreda en el motor y el motor se llena de pelos de barba y no anda. Mr. Reeve no cree en los aviadores barbudos.
 Y hay sol, y el cielo está azul, como para que puedan cruzar bajo de él todos los aviones franceses. Pero el avión no sale. Llegó hace quince días. Mr. Lefranc está disgustado. La gente se ríe y los periódicos tan sosos siempre, han dicho unas cosas humorísticas sobre el avión de M. Lefranc.
 Y aunque M. Lefranc contesta que él no tiene amor propio, se incomoda más todavía. ¿Cuándo se podrá marchar? ¿Cuándo llegará a Cabo Blanco?
 Nunca mientras sonría Mr. Reeve. La sonrisa de este traidor británico está atravesada en el corazón del motor.

 Enero de 1920[3-I-1920]

2 comentarios:

MA dijo...

Buen post , no conocía esta historia , y desde este post que he leído ya me he documentado de la historia.

Gracias mil por tu huella amiga en mi blog ,tu blog.El blog de MA.

Un Cordial abrazo de MA para ti.

Preste Juan dijo...

MA:

Gracias a ti. El legado periodístico de Alonso Quesada es maravilloso.

Visitar tu blog es un gozo que no me puedo permitir, lamentablemente, tanto como quisiera.