viernes, 24 de junio de 2011

"Insulario", de Alonso Quesada-/Después de la guerra- Baile de turistas

El "Ardeola"

 El "Ardeola" (enlace en inglés) es un viejo barco amigo nuestro que antes de la guerra traía jabón y se llevaba plátanos. Ahora hace el tercer viaje de su nueva etapa y nos ofrece el espectáculo de nuevos turistas. Turistas de quince guineas, viajes de ida y vuelta: inglesas de pamela y lores de similor enfermos del hígado. Ayer eran doce, hoy son ochenta. Y no viene una inglesa guapa. Parecen todas las que llegan antiguas enfermeras sin uniforme. Pero el periódico isleño les llama turistas como si le diera a esta palabra el más alto prestigio social; y anima a los buenos insulares para que cultiven el turismo, fuente inagotable de economía y de modernidad. Un turista puede ser un objeto de moda. Se tienen turistas como pueden tenerse plumas para un sombrero. La ciudad se viste de turistas, como Egipto. Esto puede ser tan elegante y tan moderno como el antiguo Egipto. Somos la ruta de los dos mundos, el mesón de todos los caminos. Un turista, pues, no puede ser perfectamente turista si no ha estado tres horas en Canarias. La ciudad es fea y la gente por lo general estúpida. pero el turista no puede enterarse, o no lo halla así, pues para su importancia de turista que regresa necesita que la población sea estupenda. ¿Qué puedo importarle a nadie el que le refieran un viaje por una población sin interés? Aunque la población no tenga interés, el turista se lo da. Y así el turista puede decir: "Hay que visitar Canarias como la he visitado yo". Y otro pre-turista que oye esto se embarca y aunque lo halla todo feo y sucio, tendrá que decir, para no ser menos: "Es una ciudad divina". Y así el dulce engaño de todos los turistas. Las ciudades de turistas viven de la vanidad de los turistas mismos. Y aunque nada se haga por atraerlos, ellos vienen de su propio deseo porque el turismo es una cosa que no está ni lo tienen las ciudades, sino que el turista lo inventa después, ante otros que acaban también por ser turistas. El turismo es, pues, una cosa así como el obispado de Sión.
 Los isleños, sin embargo, tienen la presunción de este turismo. Cada vez que vienen estos escolares del turismo los isleños les dan un baile. Todo inglés es un bailarín consumado. No se pueden dudar de lo que sea. Además tiene que serlo por la fuerza del turismo. Y en el importe de las quince guineas entra también este baile de intermedio. Verdaderamente no vale la pena llegar a una ciudad y ponerse a vueltas de fox-trot en un club. Pero en realidad, ¿qué puede hacerse en una ciudad desconocida, que no tiene museo de pintura ni estatuas griegas? Un hombre de éstos salta y se pone a dar vueltas por la ciudad. No es lo mismo dar estas vueltas por las calles que darlas en pequeño, dentro del salón de un Club. El turista, si no fuera un hombre estupendo, como casi siempre lo es, debiera quedarse en su casa, ser lo más un turista casero o de cinematógrafo. Y un turista en estas ciudades sin color y sin espíritu y sin baedecker  (enlace en inglés) no tiene razón alguna. Un turista necesita una pirámide o cuadro atribuido a Leonardo, por lo menos. Esta ciudad no tiene nada histórico a no ser el tranvía. Y no podrá el turista hallar más que un baile que es el mismo baile de su ciudad con los mismos smokings y el mismo whisky.
 Pero el turista nace. Y si no puede se gran turista, de Roma, el notable turista de Suiza se contentará con ser mediocre turista de Canarias. El no podrá ver la Capilla Sixtina con sus gemelos reglamentarios, pero no puede morirse sin haber sido turista de algo. En el pequeño despacho de este turista tiene que existir un albúm que diga: "Recuerdo de..."
 Así llegan. Quince guineas. Por quince guineas se puede ser turista.Para ellos tienen estas ciudades atlánticas el encanto de ser unos toboganes económicos, unos tios-vivos, para deleitarse unas horas. A falta del Moisés del Bounarrotti se encuentran con el guanche del muelle que gobierna la grúa. Una especie de Coloso de Rodas, pero vivito y coleando y adjetivando.


 El baile que en honor de estos turistas han celebrado anoche los jóvenes mercaderes de la isla, tuvo el éxito colosal. Las inglesas tenían este trágico aire de solteras inconfundibles en las damas de Albión. Una soltera española o francesa puede pasar por casada en cualquier sitio. La seriedad de la soltería en Inglaterra es una cosa tan importante como los derechos del ciudadano.A una inglesa que es soltera nadie puede quitarle su soltería, porque está protegida por las leyes de la gran nación. Y así las vimos en el salón de baile tan fuertemente solteras, con tantos años de solteras que daba pánico verlas. Pero la ciudad las ha mirado agradecida porque dejan algún chelín extraviado, comprando chales o naranjas.
 Los trajes mustios sobre los cuerpos esqueléticos; los ojos claros de no mirar nada en la bruma del Norte, han dado unas vueltas monótonas, serias... Y se han sentado y han vuelto a bailar. Y después se han tomado lo que ellos llaman una sangría y se han partido al barco.
 Los ingleses, envueltos en unos smokings arrugados, se han nutrido de whisky en el bar del Club. Son los antiguos tenedores de libros que siembran el mundo colonial, los viejos cajeros de los sombreros de corcho forrados de dril, los vendedores de bananas en Covent Garden, los hombres de las seis semanas de asueto, siempre iguales, siempre afeitados, siempre con diez guineas de sobra para un viaje por los modestos mares atlánticos.
 Han llegado y se han vuelto. Cuando lleguen a Inglaterra les aguarda la honesta emoción de volver a ver la tarjeta postal que han enviado a sus señoras desde Canarias, saludándolas...

 Gran Canaria, junio de 1919[25-VII-1919]

 Nota del Preste Juan: Lamentablemente, me ha sido imposible colocar una cita concreta y correcta sobre el "Obispado de Sión", mencionado en el texto. Hay varías referencias distintas. Así pues, lamento no poder dar ningún dato. Pero quiero agradecer la ayuda recibida, sobre todo por mi amiga Teresa W.K. Espero que algún día podamos aclarar este pequeño misterio, tal vez con la ayuda de algún lector.

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