lunes, 24 de noviembre de 2008

Caballos viejos y desperdigados.

 Están ahí: en la calle. Si tienen suerte y alguien aún los quieres y los mima un poco. Sino, anochecerán hasta desvanecerse en algún descampado, o algún desguace. Algunos pocos, pasado el tiempo, serán "Historia"(a lo grande). La gente los mirará con respeto, curiosidad y admiración. De los otros, de los que únicamente pasan por la historia, sólo se acordarán una o dos generaciones, por motivos personales.




 Nunca me volvieron locos los coches modernos, salvo esos que parecen sacados de una "peli" de James Bond. Las mujeres tienen razón. Nos gustan los artilugios con un montón de utilidades totalmente prescindibles. ¡Pero, oiga...!¡Es que somos así! O al menos yo.




 No obstante, los coches antiguos(los que ya lo eran cuando nací, o los que se han ido volviendo "mayores" con el paso de unas pocas décadas, a causa del veloz nacimiento de las nuevas camadas) me siguen hechizando. A no ser que uno sea demasiado joven, insensible, tonto o le importe un carajo los vehículos "de edad avanzada", es inevitable no pararse a contemplarlos durante unos momentos, cuando se cae en la cuenta de que están en nuestras aceras todavía.



 Suelen ser seres modestos, hasta tímidos y acobardados. Algunos se intentan renovar con nuevos colores, anuncios, etc. Otros siguen siendo quienes siempre fueron, "porque a estas alturas no voy a cambiar". Y sin ánimo de molestar, parecen fantasmas, y como tales salen en las fotos: firmes y, a la vez, extrañamente desvaídos.




 Pero no están muertos. Cuando su dueño o dueña les pone en marcha, retan al Tiempo dando cuanto pueden, sacando energías de la rabia. La rabia de saberse apaleados. La rabia de sentirse incomprendidos y despreciados por sus años. La rabia, en fin, de los que siguen teniendo sueños jóvenes dentro de carrocerías curtidas. ¡Y se lanzan al asfalto sacando faros por pecho, ronquidos por rugidos...pero sin rendirse hasta el último aliento de gasolina! Para levantarse la moral no necesitan adornos, ni "gps". Les basta con recordar que un día fueron la carroza nupcial de una pareja orgullosa e ilusionada; o que, de viaje por el extranjero, consiguieron llegar a la cima de aquella montaña de tortuosa y casi invencible carretera de tierra y piedras;o... ¡O de tantos logros! Guardan méritos que no nombran, secretos picantes, historias que no muchos podrían contar.







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